Recortes

Los primeros amores (y los últimos, y los que vendrán y los que viviste entre unos y otros), las salidas con los amigos, las borracheras, las noches en vela hablando de todo, las primeras vacaciones que recuerdas con tu familia, las tardes de cine en casa, las mezclas culinarias imposibles, las discusiones con amigos, las peleas con desconocidos, las series que no te cansas de ver, las películas que te hicieron llorar y reír y mantenerte despierta de puro terror; los libros que devoraste en dos días, los que te fueron infumables, los que te salvaron de los días grises; los fragmentos que memorizas y no compartes con nadie… todo eso es de lo que nos componemos porque, queridos niños, la vida es como la carpeta de un adolescente: está compuesta por recortes de todo lo que nos importa.

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Vik Muniz

Desde la situación más superficial hasta la más profunda, todo pasa por un filtro sentimental, si no nos emociona, no entra en el club. Es así de sencillo. Lo que tienen en común esa pérdida tan dolorosa con aquel maratón de series con tus colegas es el valor que nosotros le damos. No tiene nada que ver lo uno con lo otro, lo uno duele y lo otro nos dibuja una sonrisa y, sin embargo, forman parte del mismo collage.

Recortas, guardas y te emocionas por momentos que otro no entiende, porque ahí está la gracia, son tus recortes de la historia, es TU propio collage, nadie más ha de entenderlo, al fin y al cabo  es tu selección de imágenes.

Vik Muniz (detalle New Car, 2014)

¿Qué me ha llevado a hablar de todo esto? No sabría qué contestaros. Siempre me ha gustado recortar imágenes, mis revistas parecen un queso gruyere, no lo puedo remediar, miro demasiado al pasado aunque no sea el mío y a otra realidad que seguramente nunca viviré. Puede que, simplemente al sentarme frente al ordenador haya visto mi cuaderno con recortes de todo lo que me inspira y me haya dado cuenta de lo importante que es para mí trocear la historia (la propia o la ajena) y quedarme con un trocito solo para mí.

Sed buenos

Danae

 

 

Perdidos entre tanta etiqueta

Pues no os digo yo que ahora que me animo a remangarme los pantalones y enseñar mis tobillos sin pudor alguno, van y me dicen que el hipster ha muerto.

Al parecer hace tiempo que los hipsters pasaron a mejor vida, pero ni muchas publicaciones ni yo misma, hemos sido conscientes de ello. Total que el hispter ya no mola, que son unos cansinos con sus camisas de cuadros y su manía de ir sin calcetines. Que ahora hemos pasado al yuccie, al fitser y al metroespiritual ¿cómo os quedáis? Yo con la ceja derecha levantada.

Hay decenas de artículos que hablan sobre eso, yo he escogido uno en concreto -podéis leerlo aquí– simplemente porque acompañan la definición con nombres de famosos, así por ejemplificar, pero tenéis muchos que prácticamente dicen lo mismo.

Comenzamos con el yuccie, que no es más que  el Young Urban Creative –ya sabéis en inglés mejor qué mejor- y se caracteriza por un estilo minimalista y fresco, y me ponen a Ryan Gosling como ejemplo. Osease que el joven urbano y creativo es el yuccie, si vive en un pueblo, por muy creativo que sea pues lo sentimos pero no te dejamos jugar. Por otro lado, ¿Ryan Gosling?¿minimalista? ¿En serio?

¿Quién es el fitser? Dícese de aquel que cuida su  físico, habitual en el gimnasio y que se pasa tantas horas en Instagram como haciendo abdominales. Y dicen que Vin Diesel entra en este saco. Resumiendo, el musculitos de toda la vida o cualquier concursante de Gandía Shore.

Por último, pero no por ello menos importante, tenemos al metroespiritual, con un aspecto tirando a hippie pero en plan cuidado, que defienden una serie de causas, les gusta el yoga y la comida orgánica. Y para metroespiritual, se dice se comenta, está Johnny Depp. A ver a ver a ver, que mira que a mí Juanito me encanta pero, ermmmm, cuidado lo que se dice cuidado no es. Que está bien, que es parte de su encanto, pero yo no le veo muy metroespiritual de esos.

Yo os voy a decir una cosa: no veo mucha diferencia con respecto a las demás etiquetas. Si se supone que la diferencia entre las demás tribus es su creatividad urbana, su uso masivo del Instagram o su amor por lo espiritual…pues la cosa no me parece que esté muy clara ¿no? Porque ya me perdonaréis, pero el hipster es urbano, puede ser creativo y saludar al Sol todas las mañanas. Pero que no, porque resulta que también el Yuccie es que es emprendedor,  le encantan los food trucks y llaman al guacamole guac. O sea un modernillo de toda la vida, que perfectamente podría equivaler al Oye tía vente a la party que si no vas a estar out de los noventa. Vamos, las modernidades propias de cada época que habrá quien no lo entienda, como yo, y habrá quien crea que los que no entienden somos unos carcas que estamos en contra del progreso, por ejemplo.

Vamos, lo de siempre: etiquetas etiquetas y más etiquetas para referirnos a más de lo mismo pero con pequeños matices. Basta que ya no se lleven las camisas abrochadas hasta arriba para que nazca una nueva tribu, los descamisados, seres urbanitas que luchan contra la presión del cuello de la camisa sobre su gaznate ¡Arriba la libertad del cuello!

Sea como fuere, para que te pongan una etiqueta has de ser puramente urbanita, no vale si eres de un pueblo de Albacete, o de una ciudad pequeña, si no eres de una gran urbe, no entras dentro de los parámetros establecidos. Resumiendo: nos perdemos entre tanta etiqueta.

Sed buenos.

Danae

Fantasía como bálsamo

Queridos niños, seré directa: ha sido una semana de mierda. Malas noticias y malos momentos. No os voy a hablar de porqué lo ha sido, porque sinceramente ni creo que os interese ni me apetece contarlo. Pero tampoco soy de esa clase de personas que cambian el chip con facilidad y pasan página sin problemas. No, yo no soy así. Yo pienso y reflexiono lo que pienso y pienso en lo que ha pasado y en lo delicadas que se vuelven ciertas situaciones. Rumio posibles soluciones hasta quedarme dormida, me frustro por no entender, me canso cuando me encuentro con personas con las que no se puede razonar y vuelvo a pensar en cómo puedo conseguir abrir ojos que parecen pegados con pegamento.

Me encuentro en situaciones que provocan que me sienta como cuando era niña. De pequeña no entendía por qué había pobres, no entendía las guerras, no entendía cómo el ser humano podía dejar que las personas lo pasaran mal -sigo sin hacerlo-. Simple y llanamente no entraba en mi cabeza que las personas fuéramos responsables del sufrimiento de otras. Por eso, la sensación de injusticia e impotencia me recorría todo el cuerpo sin que yo pudiera hacer otra cosa que llorar y ver cómo mi madre se desvivía por reducir esa desolación que me invadía. Aún lo hace. Porque hoy, con mis treinta años, sigo sin entender ciertas situaciones “solucionables” si fuéramos capaces de escuchar. Hay muchísimos momentos que pueden solucionarse si uno se parara  a hablar y el otro a escuchar y viceversa; si no nos aferráramos a tener la razón por encima de todo y todos. RAZONAR, me decía mi madre. Desde niña he oído ese verbo y lo he intentado llevar a la práctica a pesar de mi impulsividad, porque no puedo hacer otra cosa, salvo eso. Pero queremos tener la razón,

y preferimos mentir a darla, preferimos dañar a dar nuestro brazo a torcer, preferimos seguir encerrados en nuestra propia realidad, creernos nuestras propias mentiras antes que dialogar con quien tenemos frente a nosotros.

Y todo eso me carcome por dentro porque veo cómo una simple situación podría solucionarse con un puñado de palabras  y no lo hacemos.  Pero eso no hace que desista en mi empeño. Masoquista que es una, qué le vamos a hacer.

Resumiendo: Malas noticias. Malos momentos. Mala semana. Sin embargo, siempre me fascinará los medios de escape que nuestro cerebro utiliza para anestesiar nuestro malestar. Todos tenemos un límite y al final nuestro cerebro necesita calma.

El mío optó por lo fácil. Se zambulló en la soledad buscada, en poner un cartel Cerebro descansando. Disculpen las molestias

Mi cerebro se cansó de pensar. Acerqué el sillón a la tele, más cerca de lo que cualquier padre/madre permitiría a sus hijos, me preparé algo para picar y me puse los cascos para aislarme de cualquier ruido que pudiera crispar mis nervios. Le di al play y me “tragué” todos los capítulos nuevos de Doctor Who, incluido el especial de Navidad. A eso dediqué mi tarde del sábado. Solo a eso. Me dediqué a mí, a ver una serie que, sin saber porqué tiene propiedades calmantes. Una serie de ciencia ficción, de viajes en el tiempo y en el espacio, de alienígenas, de fantasía… Puede que sea precisamente la fantasía lo que me relaje, las historias de Michael Ende también lo hacen, no sé la causa. Aunque también  lo tienen esas frases memorables que pronuncian los protagonistas y que voy apuntando en un cuaderno porque, qué queréis que os diga, me reconfortan, hacen que me sienta comprendida. Ya veis qué cosas, me siento bien escuchando frases que algún guionista lleno de esperanza escribe para una serie de televisión.

Obviamente es solo un bálsamo. La preocupación sigue ahí, pero está bien saber que cuando el adjetivo malo se convierte en animal de compañía por una temporada, una puede contar con un plan de escape que, como un sueño reparador, puede que ser breve pero repone fuerzas.

Sed buenos.

Danae

Tres años

Misma historia de siempre: vengo a escribir una cosa, y termino hablando de otra. Hoy el culpable ha sido WordPress, que me ha notificado que  hace tres años me convertí en Sintintaenelboli, todo seguido para ahorrar espacio.

Mi primera entrada la escribí el 27 de abril de 2014 con la intención de tener algo propio, algo que fuera mío y en lo que pudiera ejercer algo de control porque mi vida era un auténtico desastre, algo que, por fortuna, ha cambiado.

En el blog escribo sobre temas que soy incapaz de expresar de forma verbal y, además, aporto mi granito de arena en la lucha por romper con los juicios y valores que nos rodean (a todos, sin excepción) y que nos impide ver más allá.

Sintintaenelboli ha evolucionado porque yo lo he hecho. Si leyera algunos de mis textos no estaría del todo de acuerdo, lo cual está bien. Eso es que estoy haciendo un buen trabajo conmigo misma, que no me he quedado atrás. No pienso igual que hace tres años y eso es bueno, porque significa que todo lo que he vivido ha servido para algo. Los días de mierda,  las hostias como panes,  las caídas que te dejan el culo dolorido no han sido en balde, conocer a todo tipo de gente y vivir situaciones que antes no hubiera elegido vivir, me han hecho ver las cosas de otra forma, lo cual me da esperanza.

Don't fall in now.:
Winona Ryder by Ash Kingston

Obviamente, no todo es perfecto, hay cosas que han cambiado y otras que no, pero por lo menos no siguen igual, una situación que me aterra: ver pasar los días y darte cuenta que prácticamente el uno es un calco del anterior.

Tengo que ser franca, aunque nunca tuve la ambición de convertirme en uno de los blog más leídos,  a veces me ha desmotivado el hecho de la poca gente que lo lee. Sí, lo importante es que haya alguien que lo lea, pero si abres un blog no es precisamente para mantenerlo en secreto; por eso cuando las visitas son escasas, desmotiva. Si te topas con alguien que no le importa que le lean porque mientras exista una sola persona que lo haga es suficiente, asiente con la cabeza porque es muy bonito, pero que nadie te engañe:  jode y desmotiva.

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Fotograma: Inocencia Interrumpida

Realizas un “trabajo” con gusto, inviertes tiempo y al final te leen cinco personas, las cosas como son: es un jarro de agua fría. En mi caso, es posible que no ponga mucho de mi parte: no soy nada disciplinada, ni sigo una rutina de publicaciones, puede que el diseño de la página sea un poco pobre, y que los temas de los que hablo a veces sean repetitivos y nunca sigan un hilo conductor coherente. Hablo de todo, a veces a la vez, de forma caótica, con muchas comas -a veces sin ellas- porque no quiero dejarme nada en el tintero, porque todo es importante aunque sea lo más banal del mundo. Pero también porque así soy yo:

una loca que pone muchas comas y pocos puntos y finales, porque los temas pueden durar eternamente.

Soy más de palabra que de imagen, que no actualizo como debiera las redes sociales, que no me mantengo al día, que me limito a publicar y poco más, a veces ni eso. Me limito a contar y es bien cierto que, contar, contamos todos a nuestra manera, pero contamos, aunque sea hasta diez, por eso el cómo es tan importante y tal vez en eso cojee. Prometo trabajar en ello.

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Fotograma: Inocencia Interrumpida

No quiero que esto se convierta en una queja de los pocos seguidores que tengo o, más bien, de la poca gente que me lee -hace tiempo me di cuenta que son cosas diferentes-. Vine aquí para escribir, y es lo que llevo haciendo desde hace tres años, con mis altos y mis bajos, con mis gambazos ortográficos en los que caigo cuando tengo la cabeza en otra parte; con mis atascos mentales, mis emociones a flor de piel, con la sensación de querer escribir pero no sacar nada bueno, con falta de inspiración y con exceso de imaginación, con entradas que apenas fueron leídas, con otras que fueron aplaudidas, con me gusta y sin ellos, con palabras escritas con pena, con sudor por estar en agosto, con tropiezos debido a la manta que me envuelve durante los inviernos, con mis neuras, mis frustraciones, mis imperfecciones, mi caos habitual que ya nada tiene de caótico, con mis cervezas frías en las terrazas en busca de algo más que inspiración, con mis cuadernos y papelajos para escribir posibles ideas que no llegan a nada.

Resumiendo: vine a escribir  de todo y a pesar de todo. 

Vine aquí sin saber cuánto tiempo duraría y ya son tres años, durante los cuales las palabras han supuesto mi apoyo más valioso. No sé cuanto tiempo seguiré ni si mis textos continuarán pasando desapercibidos para la gran mayoría, pero son tres años en los que gracias al blog he podido ver mi evolución como persona, me he dado cuenta de muchas cosas que no veía y he visto cómo un solo comentario de un desconocido puede hacer merecer la pena el esfuerzo. Así de simple y complicado, todo a la vez.

Queridos niños que me leéis, gracias. Para qué deciros más.

Sed buenos.

Danae

*Sí, me ha vuelto a dar por Winona Ryder.

Lo que me queda por leer

No tenía pensado escribir nada para el Día del Libro, ya sabéis que yo amo a los libros por encima de todas las cosas así que no veía porqué hacerlo. Sin embargo, -siempre hay uno- y a pesar de que todos esos textos que tengo a medio terminar me miren con mala cara por no ponerles de una vez el maldito punto final -sé que me odian por tanta espera-, he decidido homenajear a ese preciado objeto, porque hoy es su día y creo que se lo merece.

No voy a recomendar ningún libro, porque si seguís mi Instagram sabrán que solo menciono aquellos que, desde mi punto de vista, merecen la pena leer como Croma, Jane Eyre  o cualquiera de los de mi amada Elvira Lindo -entre otros tantos-. Por eso he decidido compartir con vosotros  los que me gustaría leer, no me refiero a aquellos que he ido comprando por diferentes motivos y que se han convertido en los veteranos de lista de pendientes en donde los pobres van cogiendo polvo porque no encuentro el tiempo para leerlos. No, hablo de aquellos en los que realmente pienso y digo Tú serás el siguiente. Es por ellos por los que me animo a leer más de lo que hago y saco huecos en donde antes solo había un Voy a mirar el móvil.  Es por ellos por los que leo mientras espero al autobús, en las salas de espera, mientras espero que venga un amigo…esas esperas las convierto en palabras porque por la noche la (des)concentración y el cansancio me lo impide.

No me quiero liar más, así que allá voy:

M Train

Es Patti Smith, no me hace falta más. Amo a esta mujer, sus canciones, sus poemas, sus libros, la sencillez con la que expresa los sentimientos más profundos. Sí, soy subjetiva, pero es que ella es Patti Smith.

La historia interminable

Algunos os echaréis las manos a la cabeza al leer esto. ¿Cómo? ¿No has leído “La historia interminable”? ¡A la hoguera!  Tenéis toda la razón. Sin embargo tengo una historia que recuerdo con mucho cariño relacionada con este libro. Cuando era pequeña, solía ponerme enferma bastante a menudo y mi falta de sueño -ya apuntaba maneras con el insomnio-  provocaba que me picaran los ojos de forma habitual. Así que con este cóctel explosivo yo, que leía bastante, lo pasaba realmente mal. Vi un libro que tenía una parte escrita con las letras de color granate y la otra mitad del libro en verde y le dije a mi madre que quería leerlo. Ese libro era La historia interminable. Como andaba bastante jodida y no podía leer ni una sola página sin que mis ojos lloraran a mares, me tumbaba con mi madre en su cama y me leía el libro. Poco a poco. Hasta no hace mucho mi recuerdo me hizocreer que me lo leyó al completo, pero el sentido común me advirtió de que eso era bastante improbable. Si lo “leí” o no, lo ignoro solo sé que por las circunstancias, cogí bastante cariño a ese libro. La cuestión es que hace unos días comencé a leer La prisión de la libertad del gran Michael Ende, cuyos cuentos me han acompañado toda mi vida, y he recordado lo mucho que me gustaba el autor. Por todo esto, lo incluyo a la lista a incluirlo en esta lista.

Cómo ser Bill Murray

No está escrito por Bill Murray porque él no necesita escribir nada de eso, fascina tanto que ya lo escriben por él. Así que, al igual que Patti, él es Bill y todo lo que tenga que ver con él me parece bien.

Alicia en el País de las maravillas

Vas leyendo frases por Internet y te dices necesito meterlas en contexto porque dice cosas más que interesantes. Y ya está. Por eso, lo incluyo aquí.

Aquí tengo que añadir Algún día no es un día de la semana y  Tercero sin ascensorLibros pertenecientes a quienes fueron mis compañeras en Weloversize y que sin duda leeré porque, conociendo su estilo y su forma de ver la vida, merece ser leído.

Me dejo muchos libros y autores en el tintero -Virginia Wolf, Agatha Christie ¡No me olvido de vosotras!-, pero voy a dejarlo así, porque si no me agobio y leer no debe producir agobio. Pero tampoco os voy  a mentir, son muchos los libros que me quedan por leer, demasiados diría yo, sumando aquellos que nunca serán leídos por falta de tiempo, ganas o lo que se os ocurra. Ante esto, queridos libros que nunca leeré, quiero decirlos que, aunque no sepa de vuestra existencia, aunque nunca llegue a conoceros, estoy segura de que tendréis un lugar especial en la librería de una de esas millones de personas que tampoco conozco.

Hoy es, sin duda, un día idóneo para brindar por todos esas historias que nos quedan por leer y recordar a aquellos que nos dejaron huella.

Sed buenos.

Danae

 

Una sonrisa

Si sois personas decentes que os mantenéis actualizados de lo que ocurre en el mundo -y no esperáis a que llegue el fin de semana para meteros el atracón informativo- seguro que os suena esta foto.

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La foto ya lleva más o menos una semana pululando por las redes*, cosa lógica y normal teniendo en cuenta que no es habitual ver a una joven sonreír mientras solo hay gritos a su alrededor. Ella es Saffiyah Kahn, una chicuela de 24 años que, hasta donde yo sé, hasta hace nada era, como tú y como yo, una don nadie para los medios de comunicación. Al parecer se metió en el meollo de la manifestación del EDL (partido que viene siendo ultraconservador que te cagas  y racista que tira p’atrás) en Birmingham al ver a una mujer con velo rodeada por más de veinte hombres tras haberles llamado islamófobos.

Os seré sincera, suelo coger con pinzas estas imágenes porque no se sabe lo que hay detrás. Una instantánea dice muchas cosas pero a veces la historia que se refleja en ella no se corresponde con la real. Estas cosas pasan, nos quedamos con la imagen, es normal. Es un recurso potente, es un golpe en toda la cara y refleja una realidad, aunque no siempre sepamos cual es.

Sin embargo, os diré que quiero creer que esta fotografía refleja lo que fue. Admiro a esas personas que consiguen mantener la calma en situaciones como estas. Envuelta en gritos y con la tensión del momento, rodeada de tíos que están como cabras y va ella y sonríe con la misma parsimonia con la que yo espero a que hierva el agua para hacerme un té.

Una sonrisa, niños. Se enfrentó al racismo, a los gritos, a la falta de neuronas  que convierte a los necios en peligrosos con una sonrisa tranquila, de esas que solo me salen a mí cuando me embuto en el pijama y me paso la tarde viendo pelis. Sonriendo y, para mayor admiración, con las manos en los bolsillos.

Como ya digo, hay que tener cuidado con lo que vemos, pero yo me inclino por creer que realmente fue así, sin historias secundarias ni segundas lecturas. Me inclino a hacerlo porque quiero ¡qué narices! Porque vivimos en un mundo tan raro que no hay por donde cogerlo y por eso, cuando aparecen imágenes como estas, las agarramos con fuerza porque en realidad las necesitamos, nos da esperanza ver cómo hay un pedazo de humanidad que merece la pena salvar y vemos a este tipo de personas como héroes porque no todos tenemos las agallas para hacer lo mismo -porque aunque no os lo creáis no es cosa fácil-, ni la calma necesaria para no responder a la violencia con más violencia, porque las injusticias nos pone enfermos y nos sale la vena macarra.

Es admirable y punto. Y hay que creer que no hay nada más que pueda contaminar ese soplo de esperanza.

Hay que creer que una chica con las manos en los bolsillos  y una sonrisa ha hecho jaque mate a la violencia. Una persona normal, vestida normal, con ese moño deshecho, la camiseta de su grupo favorito que, a lo mejor también por eso me atrae tanto, porque esa chica puede ser cualquiera, cualquiera que se moleste en sonreírle a la violencia.

Sed buenos

Danae

 

*http://www.huffingtonpost.es/2017/04/10/la-foto-de-esta-joven-plantando-cara-a-la-extrema-derecha-esta-d_a_22033955/

http://verne.elpais.com/verne/2017/04/10/articulo/1491817023_803533.html

Así de sencillo

Será la primavera, el sol que entra por mi ventana, que ando carente de cariño o que, desde que escribiera la entrada sobre el día de la poesía, ronda por mi cabeza unos versos incompletos -porque siempre fui incapaz de aprenderme ningún poema al completo-.

Versos sencillos, de esos que me gustan a mí. Palabras que forman oraciones sin artificios. Palabras escritas por las que siento envidia porque no las he escrito yo y es que, lo malo que tiene esa sencillez, es que parece fácil de conseguir pero no, no lo es, a ti no se te ha ocurrido juntar las palabras de esa manera así, con tan aparente facilidad, una maravilla para nuestros sentidos pero una patada en el estómago para nuestro ego. No vamos a mentir: nos jode un poquito no haber sido los papás de ese texto (canción, pintura, escultura hecha con cerillas…lo que se os ocurra). Pero no pasa nada, porque nos guste o no,  somos humanos y eso es lo que nos pasa por humanos.

Los versos los recitaba por lo bajo y que mezclaba con otros y con canciones de Patti Smith, así todo muy caótico y sin sentido pero sencillo, muy sencillo. Un caos que envuelve la sensibilidad con cariño. Y en ese caos, recuperé a Benedetti y esa poesía de amor, tan sencilla que parece que la hubiera escrito en la servilleta de un bar y yo, que soy incapaz de escribir poesías y mucho menos de amor, quiero sacarla de mi cabeza para que se airee y podáis leer lo que, para mí, es una declaración de amor sin artificios ni zarandajas, una declaración de esas que alguien deja escrita en una mesa para que la persona a la que se dirige la lea.

Mi táctica es mirarte

aprender cómo sos

quererte como sos

Mi táctica es

hablarte y escucharte

construir con palabras un puente indestructible

Mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo ni sé con qué pretexto

pero quedarme en vos

Mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos

Mi estrategia es

en cambio

más profunda y más simple

Mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni con qué pretexto por fin      me necesites*

Y así de sencillo, Benedetti explica su táctica y estrategia, y nos hace creer que escribió algo complejo con la misma facilidad que tú escribes la lista de la compra y expresó algo tan caótico como es el amor en un sencillo poema, de esos que siempre tienes a mano y que te hace suspirar, porque de lo simple que es te llega a lo más profundo. Y al final sin saber cómo ni con qué pretexto, necesitas tenerlo cerca y leerlo más a menudo. Así de sencillo.

Sed buenos

Danae

*Obviamente los versos no están  colocados como deben, pero espero que no se pierda la esencia.