Cerebro…¡Qué bueno eres!

Mi mente me estresa. Se le ocurren demasiadas cosas. Muchas más de las que soy capaz de asimilar, y es que yo, por naturaleza, soy bastante lenta. Soy una nerviosa lenta o una lenta muy nerviosa, como prefiráis, y no me da tiempo a abarcarlo todo. Sí, es otra de esas rarezas sinsentido que engrosan la lista de rasgos absurdos que conforman mi forma de ser.

Hace un par de días después de ver varias charlas sobre el feminismo en Ted.com me propuse hablar sobre el tema. Luego, sin terminar el texto de lo anterior, me puse a escribir acerca de la película Buenas noches y Buena suerte-la cual os recomiendo-, pero como no sabía cómo enfocarlo, pasé a hablar sobre los placeres culpables a raíz de un post que leí en el blog “Manual de un vividor”-algo que yo llamo mala costumbre dada la asiduidad con la que caigo en esas pequeñas tentaciones, pero que al parecer ahora se denomina Guilty pleasures, porque ya sabéis que en inglés todo mola más-. Y hoy, después de escribir sobre cinco temas diferentes y no poner el punto final a ninguno, escribo acerca de este torbellino mental.

A veces creo que lo que me cansa y me bloquea es este caos mental. Un caos que me lleva a reír histéricamente frente al documento en blanco mientras el ayudante de Word (sí,  ese puñetero clip cabrón) me pregunta burlón si necesito ayuda. Sin embargo, hace unas semanas caí en la cuenta de que, más que cansancio, este ajetreo mental lo que me produce es frustración. Frustración porque cuando una es lenta y quiere recoger todas las ideas y palabras que el cerebro  va escupiendo como si fueran pepitas de sandía, y ve que la mitad de todos esos pensamientos se quedan por el camino, pues frustra y mucho. Pero, queridos míos, ¡Qué sería de nuestra vida sin estas pequeñas estupideces! Pues no tengo ni idea, ahorraríamos en disgustos tontos, eso sí, pero ya no tendríamos excusa para llamar a nuestros amigos para tomar una cerveza y nos apoyen en esas crisis absurdas.

Así que después de creer que mi cerebro me cansa, de pensar que no, que lo que hace es frustrarme; paso a defender la teoría de que el cerebro, que tonto no es, nos lanza problemillas sin importancia como excusa para quedar con nuestros amigos. En otras palabras: promueve nuestra vida social. Y es que, en esta vida, podemos descuidar muchas cosas, pero a los amigos…

Queridos niños y niñas, me tomo una cerveza a vuestra salud y a la de mi cerebro.

Sed buenos.

Danae.

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