Yipi kai yei, Navidad

Con la Navidad parece que todos nos hemos vuelto monotemáticos, yo la primera. Y como hoy no estaba especialmente habladora (“escritoramente” hablando y, así a lo tonto me he inventado un “palabro”), me he dicho que a lo mejor debería hacer un paréntesis a ver si se me “resetea” el cerebro y me vuelve la inspiración en todo su esplendor. Pero también me he dicho que las probabilidades de que eso suceda son tan altas como de que me “autohaga” oídos sordos y el jueves esté aquí escribiendo sola y viendo pasar plantas rodadoras virtuales porque como es lógico, todos estaréis en amor y compañía de vuestra santa familia. No penséis que no tengo familia, porque la tengo: pequeñita, entrañable, formando un grupo de lo más curioso. Lo que pasa es que yo no soy muy navideña (por si no os habíais dado cuenta) y  mi familia también va bastante a su aire, así que necesito de otras cosas además de las comidas familiares para pasar estos días tan felices, tristes y estresantes a partes iguales y dependiendo de cómo nos pille.

Así, mientras escribo estas líneas, se me ha ocurrido compartir con vosotros lo que hago en estas fechas de descanso mental y estrés estomacal (porque pobrecillo cómo le estamos poniendo ya y eso que aún no ha empezado lo bueno) para sobrellevar linda y felizmente todo este batiburrillo de sensaciones. Quiero compartirlo porque estoy convencida de que no podéis vivir con la pregunta de ¿A qué dedica Danae su tiempo libre navideño? resonando en vuestra cabeza. Pues os contestaría que a lo mismo que en mi tiempo libre primaveral o veraniego, pero mentiría.

Todos sabemos que estas son fechas para seguir las tradiciones y, aunque no lo creáis,  yo soy muy tradicional. Y precisamente porque estamos en época de compartir -el resto del año está terminantemente prohibido bajo pena de muerte- aquí os dejo mis salvavidas que ya se han convertido en toda una tradición navideña:

  • Ver las dos primeras películas de Jungla de cristal. ¿Por qué la primera? Transcurre en Navidad. Son tiros, más tiros y Bruce Willis con pelo. ¿Y la segunda? Transcurre en Navidad, hay tiros, más tiros, nieve y Bruce Willis con pelo y jersey noventero. Y no nos engañemos, Bruce mola mucho. Y decir “Yipi Kai yei, hijo de puta” en un alarde de intelectualidad máxima, más aún. ¿Por qué la tercera no la incluyo? Pues porque no transcurre en Navidad, seamos un poco coherentes, por favor.Y no, no hay más. Es una TRILOGÍA.
  • Ver algún capitulo de Doctor Who. Si es un especial navideño, mejor aún. Y si me queréis llamar friki pues también, pero ¡eh! Hay una cabina azul que es más grande por dentro que por fuera, y eso es supergenial.
  • Leer. Si es un libro de esos clásicos, de tapa desgastadas y hojas amarillentas, mejor. Siempre leo en estas fechas, me hace sentir bien, mejor que si lo hiciera en otro momento aunque no sé muy bien la causa. Simplemente me reconforta tener un libro entre mis manos – aquí tampoco sé la causa- . Ahora busco desesperada otro título que devorar en estos días, antes de que llegue enero y se me pase el turrón, así que admito sugerencias.
  • Ver el concierto de Año Nuevo. Si, queridos niños, paso de las resacas y de encontrarme mi cara tatuada en la almohada por no desmaquillarme. A mi lo que me mola es ver un concierto en Viena con toda esa gente engalanada mientras yo lo veo en pijama bebiendo mi café humeante.

Y así de sosa y tranquila soy yo, porque eso y hacer todas esas cosas que iba a hacer mañana, hace ya dos meses, es en lo que invierto mi tiempo en estas fechas. Esto acompañado, por supuesto, de las cervezas esporádicas con amigos, de ver algunas películas clásicas -que puede abarcar desde Arsénico por compasión hasta Dentro del laberinto, porque es mi tradición y yo decido lo que es clásico y lo que no- ; cocineos varios con copa de vino -pochar la cebolla sin una copa en la mano, como que no es lo mismo-… porque hay tradiciones que ya se han convertido en rutinas que a mí, por lo menos, me hacen sentir muy requetebien.

Aquí os he dejado mis tradiciones navideñas, son personales y si las queréis os las presto sin problemas, pero con vuelta por favor, que sólo tengo esas; pero cada persona debería tener la suya (o por lo menos debería ser así, no lo globalicemos todo). Hay quien está enganchado a escuchar a los niños de San Idelfonso, cuando yo bien les metería un calcetín en la boca por no escucharles gritar con esa voz de pito; hay quien sale a tomar “una copa” antes de la cena de Nochebuena y vuelve cogorza a la hora de cenar para no probar bocado porque “no le entra”; y hay quienes cantan villancicos porque les gusta y punto. Lo que tienen las tradiciones propias es que hacen que estas fechas sean más llevaderas, sobre todo si carecéis de espíritu navideño.

Y así sin más, espero que encontréis esa tradición que os reconforte y os haga decir: Yipi kai Yei, Navidad.

Sed buenos.

Danae

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