Relato y ya está.

Hoy, por cambiar un poco de registro, un relato. De esos que no tienen sustancia alguna, o  que sí, o ambas cosas según cómo se mire.

Y se fue. Cerró la puerta sin mirarme siquiera. Se pilló la chaqueta con ella. Llamó con el puño, toques cortos. Y ahí estaba yo, esperando a que los golpes cesaran, mirando la puerta y riéndome, pero con las lágrimas aún recorriéndome las mejillas. Mientras escuchaba esa llamada triste y humillada de quien sabe que su salida triunfal ha sido un fiasco: ¿Y si no la abro? ¿Dejaría su chaqueta moribunda? Así podría quedarme con ella, siempre me gustó y sería un bonito recuerdo: la chaqueta que no dio el suficiente calor a una relación fallida. Todo muy romántico y absurdo ¿verdad? Pero abrí, claro que abrí ¿cómo no lo iba a hacer? Pero no, no hubo romanticismo de película edulcorada y de sábado tarde. En esta historia no se quedó a mi lado al abrir la puerta. No. Aquí yo con la risa aún fresca, cogí el trozo de tela que estaba a mi lado de la puerta antes de girar el picaporte, y cuando volvimos a estar frente a frente, tiró de su preciada chaqueta y al ver que no soltaba se quedó mirándome con las cejas arqueadas.

 “No lo hagas más difícil, deja que me vaya”

“Te dejo”, fue lo único que le dije, sin soltar la tela.

De verdad que le dejaba irse. No me importaba que se fuera, pero mi mano se había congelado, se mantenía agarrotada como la de alguien que muere apretando su bien más  preciado.

“Suelta”

“No puedo”

“Por favor”

“Yo no tengo problema, es mi mano la que no responde”

-“No empecemos con tus gilipolleces”- dijo él tirando más fuerte.

Y mi mano derecha fue la que respondió por su hermana, propinándole tal bofetón que resonó en todo el portal.

“¡Pero qué coño te pasa!”

“Lo siento pero a mi mano derecha no le ha gustado lo que has dicho”

Rojo de ira, se volvió llevándose consigo su chaqueta…a excepción de un pequeño trozo, del tamaño de mi mano izquierda, que había arrancado sin quererlo al tirar él de la prenda.

“Sólo se compraba ropa de mala calidad, normal que se le rompa” -pensé.

Y así me quedé, aún inmóvil oyéndole refunfuñar, aún riéndome del percance, aún llorando por el final.

¿Me quiso alguna vez?¿Y yo? ¿Le quise a él? Ya no importa las respuestas. Él se fue. Yo no. De esta relación lo único que saqué  fue un trozo de tela de una chaqueta “imitación americana” que utilizo para que mi sillón no cojee.

Antes de despedirme quiero aclarar que en este relato ninguna chaqueta “imitación americana” sufrió daño alguno. Y así es como concluyo el jueves: con un relato que me recuerda que tengo que comprar una chaqueta tipo “americana de verdad” de calidad.

Sed buenos.

Danae

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2 comentarios en “Relato y ya está.

  1. Me he dado cuenta de lo bueno que es este relato porque mientras leía yo era la que tenía agarrado ese pedazo de americana low cost y sentía la angustia de su marcha.
    Felicidades!!!:)

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