A veces, sin más…

Escribo por escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar. Escribo en post- it, esos amarillos cuyo pegamento no pega y provoca que el pequeño papel inicie una caída libre inevitable hacia el suelo. Escribo en ellos y los leo y los veo repletos de recordatorios sólo para averiguar si soy capaz de lograr alcanzar hasta el último rincón.

Escribo pensamientos y sueños y sarcasmos que esconden miedos o no… o tan sólo se trata de comentarios ácidos que harían escandalizar a papá limón.

Escribo palabras huecas que no son más que silencios perdidos, silencios que intento cubrir con el sonido de las teclas de la máquina de escribir. Otras veces hablo y no digo nada que merezca la pena ser escrito, pero también callo y eso me lo apunto por si acaso, por si lo necesito para momentos en los que no tengo nada que aportar.

Escribir puede ser como esa fotografía en blanco y negro que nos vuelve nostálgicos y nos evoca un pasado diferente, que no mejor; o aquella que nos descubre una explosión de colores y nos incita a correr y reír y vivir como si realmente nos fuera la vida en ello.

Escribir como una liberación o como un regodeo en los propios pensamientos que se relatan, se inventan, se tergiversan, se sienten aunque sean mentira…o no. O son tan ciertos que parece que movamos el bolígrafo por inercia, deslizándolo rápido para no perder ritmo, dibujando letras ilegibles como el de un niño que aprende a formar las primeras palabras o un borracho que quiere escribir algo que no quiere olvidar. Pero sí, es cierto que libera y que nos encierra más en nosotros mismos y que hace que nos expresemos sin tapujos, sin miedo al qué dirán porque nadie lo leerá si nosotros no queremos.

Escribir engancha porque no hace falta tener un don sino ganas, un bolígrafo con mucha tinta y un cuaderno de esos que tenemos por ahí. Da igual que sólo uno mismo sea capaz de entenderlo, porque aunque los papeles se pierdan y los documentos vuelen o no, o se queden en el ordenador y no se vayan a ninguna parte y nunca se borren o sí, porque son dolorosos y no queremos tenerlos cerca o porque el ordenador nos ha jugado una mala pasada o porque nos hacen soñar en exceso, tanto que nos duele y nos lleva a posar los pies en el suelo como si fueran de plomo… nos hace sentir nosotros mismos y eso libera y asusta también, sentirnos sin máscaras ni disfraces, que Carnaval ya ha pasado.

Y muchos “y” estoy poniendo yo… y a una le da por preguntarse si las palabras, palabras son y ya está, pero prefiero pensar que no, que ilusa de mí, significan algo a no ser que se diga algo inconveniente y optemos por son sólo palabras, no significan nada, no lo tengas en cuenta ¿verdad?

Y entre claros y oscuros escribo estas líneas sólo porque quiero hacerlo, sin objetivos ni intenciones definidos. Escribo por liberarme un poquito y porque me gusta recordar los motivos que me llevan a teclear en mi portátil y a sacar mi libreta de rayas y mi bolígrafo en miniatura que siempre pierdo…y los motivos no son más que escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar, hasta en los post-it, esos amarillos cuyo pegamento no pega….

Sed buenos.

Danae

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