El poder de las citas

Ya sabéis lo que me gusta a mí escarbar en mis antiguos cuadernos y leer esos relatos y anotaciones que hace años suponían mi único desahogo real.  Pues escarbar es a lo que dediqué mi mañana dominguera. Entre garabatos, apuntes escondidos entre mis relatos (cosas del directo eso de no llevar siempre cuadernos para tomar apuntes en el bolso pero sí mi cuadernos de notas) me encontré con varias hojas cubiertas por citas de quienes sabían mucho de la vida o eso nos hicieron creer. Frases memorables de Séneca que se mezclaban con las de Oscar Wilde, cuya verdad e ironía  vieron su luz atenuarse por aquéllas que demostraban que era una niña muy feliz: las que hablaban sobre la muerte.

Recogí todos los papeles y los volví a guardar en su sitio, pero dejé a mano esas citas que tanto llamaron mi atención hace como diez años. Y hoy, con esos folios emborronados (porque si por algo se caracterizan mis escritos es que aunque sea una copia…el borrón está asegurado), me he puesto a pensar en la importancia que tienen ciertas frases en ciertos momentos de nuestra vida que tal vez, con el paso de los años, se queden en meras anécdotas pero que en ese preciso momento, porque algo pasó, porque algo sentimos…esa frase se convirtió en nuestra clavo ardiendo al que nos aferramos.

Ahora, cada vez más, nos acostumbramos a escribir en las redes sociales citas de personas célebres. Frases que, de tanto retuitear y publicar a bombo y platillo que nos gustan, pierden su significado real y, por lo poco que pensamos en lo que realmente quieren decir, acaban convirtiéndose en una frase más. Antes, las escribíamos en el interior de nuestras carpetas de quinceañeros, en nuestros libros de texto de tercera mano…ahora que todo es más democrático, las ponemos en las redes sociales en donde mayores de 17 años podemos escribir lo que gustemos porque queda menos ridículo que ir con una carpeta garabateada con frases de Mark Twain o Jardiel Poncela –porque espero que ningún adulto mayor de 16 años publique en su perfil frases de la Super Pop-. Y está bien, está pero que muy bien recurrir a alguien que, con sus frases, nos reconforten, nos hagan relativizar la vida o simplemente nos aporten otro punto de vista que éramos incapaces de ver. Y está bien compartirlo y que los demás lo lean y se sientan como te sientes tú, reconfortado o triste, porque a lo mejor lo que necesitabas era llorar y esa cita en cuestión te dio el impulso que necesitabas. Y está bien porque hay que poder aferrarse a ellas para ver luz donde antes no se veía ni una mano en la cara, para ver un camino que antes se veía difuso. Retuitear hasta la infinidad una frase que no se entiende, de la que sólo atrae su ritmo y su romanticismo aunque encubra una verdad tan cruda…me indigna. Me indigna a mí, a la super fan de copiar las frases que más me gustan de aquellos que, de un modo u otro, envidio porque no sé escribir como ellos. Me indigna porque veo compartir frases de Ghandi, de Platón, de Simone de Beauvoir o de Lamarck a personas que se ríen de los que no son como ellos, pero luego van a manifestaciones contra la guerra o se aferran al ojo por ojo porque en ese momento lo creen justo. Y eso me indigna, como me indigna ver que yo, a veces, también caigo en ese mismo error de no predicar con la frase que he colgado en las redes sociales y las que aún mantengo en mis carpetas de quinceañera ilusa. Ahí es donde reside el poder de las citas: hagamos lo que hagamos siempre hay alguna para ese momento en el que más lo necesitamos y nos sentimos mejor, aunque sabemos en el fondo que no nos lo merecemos. Y es que ellas siempre están ahí, aunque quememos las hojas en donde las escribimos y borremos los documentos en donde las guardamos; aunque no hagamos caso de lo que dicen porque nos parecen chorradas…ellas seguirán ahí, por si algún día las necesitáramos.

Para terminar el post y coger con fuerza esta semana que ha comenzado… un frase de Thomas Carlyle:

El ideal está en ti; el obstáculo para su cumplimiento, también. 

Así que a ser buenos y a no ponernos zancadillas.

Danae.

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