Con un puñado de clavos

En pocas ocasiones uno desea que el domingo pase y se convierta en lunes. Hay pocas, sí. Pero las hay. Hoy, domingo 19 de abril es uno de esos momentos en los que miro con recelo el reloj, y eso que aún son las 10 de la mañana. Escribo hoy, por si mañana me encontráis en un rincón de mi habitación con un muñeco sin cabeza, balanceándome al ritmo de una risa histérica.

Yo sólo quería poner una estantería en mi habitación, de verdad. Sólo pretendía desahogar un mueble sobresaturado de TODO, por otro vacío e inocente. Pero la vida nunca es como la planeamos ¿verdad? Y menos  cuando se trata de organizar la casa, pero niños, hay veces que la necesidad nos empuja a hacer cosas de las que, tarde o temprano, nos arrepentiremos.

Impulsada por la necesidad de organizar un poco todos los papeles que se devoraban entre sí, de los cuales, muchos morían aplastados por el peso de libros que dejaba encima para “releerlos”, decidí montar una estantería que tenía por ahí perdida para “aflojar” la presión. Algo en mi cabeza me decía que si se desmontó y se castigó con el destierro, fue por algo. Pero… haciendo caso omiso a mi presentimiento, ayer (sábado) fui toda decidida con las herramientas a por el mueble en cuestión- kit compuesto por un martillo, un destornillador y un montón de clavos y tornillos que acabarán perdiéndose y será mi pie descalzo cuando decida ir al baño de madrugada quien los encuentre-. Reconozco que mi kit no es muy completo, es el de los por si acaso: de por si me da por hacer….y necesito retocar…: un martillo manchado de pintura que lo mismo te clava clavos que te revienta un dedo contra la madera, sin distinción alguna. ¡Y qué decir de los clavos y tornillos y demás clavijas! Vintage auténtico, cajas de tornillos de hace tropecientos años; esos que si se quitan, bien y si no, Coca Cola. Los destornilladores tampoco se quedan atrás, algunos oxidados, esos que dices Sí, debería comprar otros, pero para un apaño…ya sirven. Pues claro, porque son para un apaño, como todo el paquete, porque yo no soy el tipo de la coleta de Bricomanía ¿vale? A mí no me da por hacer con mis propias manos una estantería con mil compartimentos, yo sólo quiero dos tablas que sostengan cuatro baldas para mis libros y YA. El objetivo de mis muebles es que se mantengan en pie, YA ESTÁ, no pido más.

Una tarde tardé en construir la maldita estantería. Luego ya vino lo bueno, pero eso ya el domingo, osea hoy, tampoco hay que forzar. Hoy temprano, sin desayunar, con el deseo de acabarlo cuanto antes, me he puesto a colocar la estantería en su lugar y “volcar” todo lo que contenía el mueble antiguo en esa estantería con más clavos que madera. Iba a ser sencillo. Sí….IBA. Porque por mucho que una haya invertido horas de su infancia a jugar al Tetris, en estos momentos nada encaja y lo que iba a caber perfectamente, apenas puede meterse; y lo único que voy a meter como siga así, es a la estantería de vuelta al trastero de un puntapié.

La mañana ha ido pasando con el estómago implorando algo de comida y los nervios desequilibrándose. Ha sido al salir de mi habitación a por la escoba cuando al regresar y ver que andaba como en un campo de minas de la cantidad de cosas por el suelo, me he preparado el café y unos cereales y me he puesto a teclear este testimonio tan desgarrador. Verme a mí misma andando despacio y con cautela por miedo a estampar mis hermosas posaderas contra el suelo, me ha llevado a hacer un paréntesis decorativo. Todo el suelo oculto bajo  papeles, cuadernos y figuritas, sí esas de es que me da pena tirar, y mis zapatos llenos de polvo, que ni me había molestado en sacar de la habitación porque ¡SÓLO  IBA A PONER UNA ESTANTERÍA! me llegó al alma.

Escribo este último párrafo ya en lunes, con el Sol iluminando a mi muñeco -con la cabeza sobre sus hombros- y a la estantería que aún se mantiene en pie. Una historia de decoración tormentosa, un relato crudo y sin aditivos que cuenta cómo una malvada estantería quiso destruir la (para nada) calmada vida de una mujercilla que no sabía en dónde se metía. Pero con un puñado de clavos y mucho esfuerzo, dos días después y con la habitación ya arreglada, concluyo esta entrada que, más que cualquier cosa, era necesaria para mantener la cordura.

Sed buenos.

Danae.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s