Vértigo, suspiro y emoción

Creo que he dicho alguna vez -¿tal vez unas mil?-  que soy bastante emocional y, si no lo he dicho,(y haya optado por decírselo 1000 veces a mis cuatro amigos…creo que ya sé porque me llaman tan poco), lo he dejado entrever en la mayoría de mis entradas. Pues bien, las emociones viajan conmigo siempre, porque como las llevo encima no las tengo que facturar, lo cual es bastante cómodo a la hora de viajar. Si bien, muchas veces, pesan más que una maleta de “por si acasos”, las emociones son las responsables de que nuestras vivencias se conviertan en recuerdos imborrables.

Hoy me he centrado en la sensación de vértigo que me ha provocado pisar ciertos lugares, pero lo mismo puede encontrarse  en las situaciones más cotidianas: ese café que tomé en aquella cafetería tranquilamente y con la sola compañía de un libro; ese regalo “barato” que hizo que me saltaran las lágrimas (de alegría)… pero de eso ya hablaré otro día.

Yo quiero compartir con vosotros algunos de esos momentos en los que la emoción me provocó suspiros de admiración y miradas con lágrimas contenidas, aunque los otros sólo lo vivieran como un destino más:

La biblioteca de Trinity College: ESA biblioteca, ese lugar lleno de libros que yo creía inmenso pero que no era más que una sala alta, alargada, flanqueada por estanterías llenas de libros cuyos títulos son ilegibles, por la distancia entre ellos y el visitante, por los años que han pasado por sus cubiertas… realmente tampoco importa mucho. 20Siguiendo el recorrido que mandaba las normas y guía al rebaño entre las salas, la biblioteca era lo penúltimo que se ve (lo último era la tienda de regalos, claro está) y, escalón a escalón, con una emoción causada  por mi amor a los libros y nada más, me topé, como ya os he dicho, con esa alargada sala. Y, como también he dicho, yo que me la imaginaba inmensa por las fotografías que había visto, me encontré con que era aún más majestuosa de lo que creía. Y quien sabe si fue por los libros, el ambiente que la madera daba al lugar o la historia que albergaba en ella, yo sólo pude suspirar un “Joder” y ya está. Todo un poema, lo sé, pero ya sabéis que a veces las palabras sobran y sólo se necesita una rotunda, por muy mal sonante que sea.

Piazza dei Miracoli: Aquí es donde se encuentra la Torre de Pisa y, curiosamente, fue el monumento que menos llamó mi atención. Lo que me supuso un gran impacto fue entrar en la Plaza en sí. Caminé por la pequeña ciudad, de la que apenas tengo  recuerdos, y a la vuelta de la esquina me tropecé con la entrada de ese recinto verde, lleno de monumentos -blancos y grises por el paso del tiempo- y lleno de turistas fotografiándose sujetando la torre de Pisa (todos muy originales). Fue entrar, esa sensación de viajar al pasado y ya está. Sólo fue un segundo. Suficiente

Pisa
Mala calidad producto de una cámara desechable; mala foto, fruto de una fotógrafa de 17 años con las manos entumecidas.

Islas Aran: y sus acantilados. Esos acantilados en los que me senté en el borde, dejé mis piernas colgando y me quedé en silencio. A pesar de la gente que había a mi alrededor, conseguí evadirme por completo y la tranquilidad fue tal -a pesar de la mirada atenta y de pánico de mi amigo que me observaba tenso- , que en momentos de tensión image (1)pienso en aquel acantilado…bueno qué narices,no pienso en ese momento. En momentos de tensión, me “tensiono”, grito y me encabrono….luego ya si tal, pienso en eso…hay que ir por partes y yo, amante de lo zen nunca he sido.

Y, por último, un viaje de unas horas a los Picos de Europa. Fue hace un par de años, creo. Montañas nevadas, carreteras retorcidas y heladas que me llevaron a la infancia, a sonreír como una niña, a jugar con la nieve y a olvidarme de todo aquello que, en aquel momento, estaban minando mi ánimo.IMG_7876

Y sí, con la ola de calor que a mucho achicharra el cerebro, la nieve no es algo muy coherente pero ¡qué queréis que os diga! siempre es buen momento para volver a la niñez y para reír como si de verdad nada nos preocupara, qué más da la estación del año.

Estos han sido los cuatro lugares que me han venido a la mente y, de nuevo, he vuelto a sentir vértigo, a suspirar y a emocionarme. Pocos sitios más han hecho tanta mella en mí, también es cierto que no he viajado mucho por multitud de razones que me suenan a excusas, así que mejor dejarlo aquí.

Con esa mirada ingenua, cual niño de una cifra, con ese vértigo que sufre quien siente por primera vez una auténtica liberación -de la forma en la que yo entiendo la palabra en sí: ese pause en el que todo lo que hay a tu alrededor se para, el mundo se calla y tú, simplemente, observas-, uno nota cómo en un solo segundo, la voz se entrecorta y mejor, porque realmente no hay mucho que decir.

Sed buenos.

Danae

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