Una pausa rápida

Este es el momento en el que debería estar buscando trabajo porque, sí, vuelvo a estar en paro. Y uno nunca se acostumbra a estarlo porque, por mucho que alguno quiera animarnos soltándonos un Tómalo como unas vacacionesno lo son. Era la crónica de un paro anunciado, seis meses y ya está. Y no pasa nada, he aprendido mucho, me he quedado con ganas de más y eso siempre es bueno, pero lo breve…se queda corto por mucho que digan que es dos veces bueno. Ahora toca buscar. Ahora, después del trabajo y del estudio, toca buscar, como toca siempre. Y la búsqueda se hace eterna, da igual el tiempo que invirtamos, buscar cansa pero es algo que debe hacerse, nos guste o no; todos sabemos que  cuando algo se convierte en obligatorio…cuesta más. No nos gustan las imposiciones, pero el descanso no está permitido, tras un trabajo debe venir otro, sin interrupción, no nos importa si eso no es factible, pensamos así, es el motor que nos levanta cada mañana de la cama. Vivimos con el miedo de que si nos paramos, perdemos; si relajamos el ritmo para tomar aliento, otro nos adelanta y nos roba esa oportunidad…y, al final, con tanto miedo y tanto andar, nos perdemos en un mar de información y frustración que nos abruma.

Este es el momento en el que debería entrar en todas esas páginas que he abierto y centrarme en encontrar ese empleo que tanto bien me haría, no sólo a mi bolsillo también a mi salud mental, porque ¡qué bonito es sentirse útil! ¿Verdad? Estar desempleado se asemeja a la situación de muchas personas ancianas, esas que tienen la sensación de ser un estorbo, de que nadie les necesita y que, si de vez en cuando no alzaran su voz, nadie se percataría de su presencia. A mí, a veces me pasa lo mismo. Lanzar una oleada tras otra de currículum no es más que el paso habitual para llegar a una empresa,  pero también el grito desesperado de hacernos visibles ¡Eh, estoy aquí!

Quién es el culpable de todo esto no lo sé, tampoco lo pienso. Pensarlo y regodearse en la búsqueda de un culpable no hace más que desviarnos del objetivo primordial: nosotros, nuestro (futuro) trabajo. Por eso, este es el momento en el que tengo que dejar de teclear y ponerme a buscar. Aquí no hay atajos -o no debería haberlos- no hay más camino que el que vemos, el que está lleno de piedrecitas puñeteras que se  meten en el zapato pero al final, cuando ya estamos sentados y tiramos al suelo todos esos obstáculos, nos ayuda a recordar porqué hicimos bien en no pararnos, en seguir a pesar de tener los pies llenos de rozaduras que ralentizara nuestro paso.

Esto sólo ha sido una pausa rápida, un desahogo momentáneo, ese que dicen que “si lo sueltas te sentirás mejor”. Al final, coger aire y seguir andando es la mejor elección.

Sed buenos.

Danae.

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