Última moda

¿Os habéis enterado que la última moda hipster? ¿No? Pues resulta que ahora lo más IN para un hipster es sacar la máquina de escribir a la calle y darle a la tecla. Y qué queréis que os diga, me parece un tanto incómodo, más que nada por el peso de la máquina en sí.

Analicemos la situación:

Uno está en su casa queriendo escribir pero la inspiración no siempre viene cuando uno desea, así que decide dar una vuelta para airearse y buscar con la mirada ese “click” que encienda la bombilla de la creatividad. Siendo sinceros con nosotros mismos deberíamos saber que lo más práctico no es  lo habitual: cargar con el portátil para dar una vuelta antes de entrar en un café, sino guardarse un cuadernillo -¿os acordáis? Esos con anillas, que venden en cualquier papelería por un euro…SI, AUN EXISTEN-, porque su peso es, prácticamente imperceptible.

Sin embargo, el hipster no quiere portátiles ni cuadernos.  Así, a pesar del peso de la máquina de escribir, el sujeto en cuestión decide sacar a relucir su creatividad en un lugar público que, por otro lado, no puede ser elegido al azar. La elección del sitio también es importante, porque si decide sentarse en un banco debe ser de madera, rodeado de arbustos y demás matojos – esto es por la barba, así se mimetiza con el ambiente y pasa desapercibido, cuestión de supervivencia-. En caso de escoger una cafetería, deberíais saber que el hipster no entra en una cafetería cualquiera, tiene que ser un Starbucks o una con decoración vintage y si está inspirado en la campiña inglesa, mejor que mejor. Efectivamente, como suponíais, donde os tomáis el cortado antes de ir a trabajar/estudiar en cuya barra los bocaditos de jamón serrano os miran  desde la vitrina con sus lonchas embadurnadas de aceite abrazadas por el pan del día anterior – embadurnado con aún más aceite para ver si así se ablanda-, NO sirve, ya lo siento.

Sinceramente lo de cargar por la calle con la máquina de escribir me parece… ¿raro? ¿perjudicial para la salud? ¿Excesivo?No sé… ¿Eso cómo sería exactamente? ¿Estás en casa sin inspiración, te vistes, te lavas los dientes, coges el móvil, las llaves, la cartera  y una carretilla para llevar el aparatejo? No suelen pesar menos de 5 kilos, así que a no ser que se transporte con un maletín-maleta con ruedines –nada baratos, debería añadir- o, en su defecto, con una mochila de ruedas de Dora Exploradora o Las tortuga Ninja,  no veo cómo evitar romperse la espalda. Pero bueno, supongamos que el hipster ha tenido un aporte de calcio tan abundante en la niñez que sus huesos lo aguantan todo o que, siendo hipster, vive en  barrios hipster y, por tanto, tendrá un Starbucks/café vintage en la esquina de su calle. Dando por supuesto todo esto, el sujeto entra en el local, pide el café, lo paga, se sienta en una bonita mesa, saca su máquina de escribir, coloca el folio y comienza a teclear. Hasta aquí, todo bien. Las teclas hacen ruido, lo que provoca que la gente tenga que elevar el tono de voz, lo que convierte un tranquilo café vintage de estética campera en un bonito gallinero, todo muy de granja de Playmobil. Todos sabemos que en este mundo debemos respetar a todas las personas- ¿verdad que sí?-  nadie dice nada a pesar de lo molesto del ruido y cada vez se habla más alto. ¿Qué sucede al final? Pues que el escritor no entiende a qué viene tal escandalera y, ante la imposibilidad de concentrarse, recoge sus bártulos y, mirando malhumorado a todos esos gritones, se vuelve a su casa con la intención de escribir acerca de la  mala educación. Una cosa está clara:, es cierto que salir con la máquina de escribir impulsa el funcionamiento del engranaje creativo.

Buscando una explicación razonable, es posible que su vecino esté haciendo obras en su casa y que, para mayor recochineo, las esté haciendo él mismo porque “para qué va a pagar a nadie si lo puede hacer él mismo”. Por ese motivo, el hipster que, en realidad no lo es,  se ha visto obligado a envolver su antigua máquina de escribir, salir con lo puesto y buscar refugio en la cafetería del final de su calle buscando un poco de paz ante la imposibilidad de concentrarse por el ruido. Porque, aunque es cierto que le duele los brazos por el peso, la única razón por la que escribe a máquina es para evitar distraerse, tomar consciencia de lo que escribe y experimentar una sensación reconfortante que no  provoca el ordenador ¡por eso toma esa decisión tan extrema!. Y yo que pienso como él, mis ojos se llenan de lágrimas ante semejante situación, me solidarizo con él, abro mis brazos y le grito, ¡VEN A MÍ, COMPAÑERO! ¡Vayamos a comprar tapones para los oídos! …Luego ya decidiremos si te los pones tu o los repartes entre la clientela de la cafetería.

Sed buenos.

Danae.

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