Un suspiro sin adiós

Solo un suspiro, eso duró.

Tan solo fue un segundo, dos como  mucho, como el soplo de aire fresco que se siente al salir de un sitio repleto de gente.

Solo un suspiro, como el que  yo expiré al ver marchar todo lo que tenía guardado en una caja de zapatos.

Abrí la caja de mis sueños y los dejé marchar. Sabía que nunca los iba a cumplir, ya era tarde para eso, o por lo menos yo lo sentía así. Era hora de dejarlos ir en libertad, no tenía sentido continuar con su encierro,  tal vez fueran de utilidad para otros, aquellos carentes de sueños, de esperanzas. A mí me sobran, porque sueño mucho y hago poco, no lo sé; solo sé  que los echaré de menos, eran mis sueños infantiles, los verdaderos, los que más daño me producían sabiendo que estaban ahí sufriendo mi indiferencia.

Abrí la caja de cartón y se fueron sin mirar atrás, sin rencores, sin tristeza. Solo tardaron un segundo en irse, normal. Está claro que no los quise demasiado para cumplirlos, pero sí lo suficiente como para dejarlos marchar.

Serán otros los que los cumplan por mí, más valientes y decididos que yo. Ellos, los valientes, alcanzarán mis objetivos y yo, como buen ser humano incoherente, les odiaré por lograr lo que yo no fui capaz.

Y al final todo quedó en un suspiro y ningún adiós. 

Sed buenos.

Danae

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