Sí, tú, forastero

En verano nos volvemos idiotas, no está bien generalizar, pero así me ahorro el engorro de escribir todas las excepciones, que pueden ocupar unas cuantas páginas. Para que nadie se ofenda por esta generalización, lo mejor es no se sienta identificado con lo que digo, si no es así….

Aunque, tal vez la sentencia sea incorrecta, puede que no sea el verano sino el paso de ciudadano a turista anónimo lo que hace que perdamos la decencia y la educación, y claro con el calor, todas esas cualidades parecen acentuarse ¿verdad? Sin embargo, tengo bastante claro que el que es idiota en verano, lo es también el resto del año, y el convertirse en un forastero que goza de anonimato, la “idiotización” se acentúa. Sé de lo que hablo porque a lo largo de los años he observado cómo un ciudadano normal puede llegar a convertirse en un ser chabacano y gritón.

Puede hablar como un idiota y tener aspecto de idiota, pero que eso no les engañe, es realmente un idiota

El norte de España siempre ha sido un destino atractivo para los que huyen de las altas temperaturas y buscan playa. Esto sólo pasa en verano, en invierno, sólo pasan plantas rodadoras y algún impermeable de plástico  amarillo fosforito pegado a un turista despistado.  Como yo tengo la suerte de vivir en la costa cántabra, soy experta en distinguir forasteros de los autóctonos. Y ojo, que esto mismo puede extrapolarse a otras ciudades turísticas que, por propia experiencia, la masificación de turistas es aún peor, pero claro, una habla de lo que sabe.

Al turista se le puede distinguir por:

  •  Su mala educación: da igual lo educado y respetuoso que sea en su entorno, una vez salga de casa todo lo que normalmente hace: hablar en un tono que no reviente tímpanos, saludar a sus vecinos con una sonrisa de “te saludo pero que conste que me caes mal” o aguantar la puerta del portal si ven a un convecino cargado con bolsas…en vacaciones NO lo hará. La educación se deja por el camino junto con la duda de “habré apagado el gas o no…”. No es su edificio, no debe rendir cuentas a nadie, es un ser anónimo, un forastero en una ciudad que no es la suya…hasta le resulta raro que alguien le salude en el portal; eso sí, lo de dejar a una persona haciendo malabarismos con las bolsas de la compra para poder abrir la puerta del portal…eso es normal. No, no me ha pasado a mí, me lo contó una amiga.
  • Chillar: da igual el lugar y el momento, si hay gente o no, si el ruido ambiente es ensordecedor o no, elevará su tono de voz, porque está de vacaciones y puede hacerlo. Todo esto en unas calles repletas de quinceañeros en bañador con la música de sus móviles bien alta no nos vayamos a perder detalle de la letra.
  • Le da igual todo. Absolutamente TODO. Y si le miras mal, lo más probable es que piense que estés amargado por que él está de vacaciones y tú no.
  • Si viaja con la familia, viajará también con todo el arsenal estival: colchonetas, sombrillas, tumbonas, nevera portátil, cubo y pala… Personalmente me resulta muy gracioso ver al turista viajar con la familia al completo: la irritación y el enfado están asegurados, lo que nos lleva a los dos puntos anteriores. Al estar cabreado será maleducado y gritará, sobre todo a los niños, que son los que siempre pagan el pato. El enfado es, en cierta manera, comprensible: es la costa, hay que pasarse el día entero en la playa. Están de vacaciones, así que se despiertan tarde y, entre pitos y flautas, salen de casa/apartamento/hotel a eso de las 13:00 horas, cuando más pega el sol y más gente decide hacer lo mismo que ellos. El padre carga con la neverita portátil (azul o roja, a gusto del consumidor), la sillita y/o tumbona, la sombrilla y una bolsa de playa; la madre en una mano agarra la otra bolsa de playa y en la otra al hijo menor (porque siempre hay un niño pequeño, yo creo que es siempre el mismo).Una vez en la playa buscan un sitio, da igual donde, lo más probable es que claven la sombrilla encima del bocadillo de alguien -con suerte-, aunque dos metros más allá haya un hueco para aparcar un camión, están cansados y quieren descansar y eso que sólo llevan 2 minutos (más la media hora de camino) . Los padres sólo quieren descansar pero claro hay niños y hay que embadurnarles en crema protección 50, no sin antes pinchar la sombrilla en la arena que, con el viento no deja de caerse. Resumo: una familia no autóctona se la reconoce por unos cabezas de familia sudados y brillantes por el esfuerzo, y unos hijos croquetas, porque después de la crema se han puesto a jugar en la arena. Lo más divertido es la vuelta al “hogar”, cansados por el día de playa, pegajosos y otra vez con los bártulos a cuestas.
  • Si el turista va con amigos…se pensará que esto es Ibiza, por lo cual TODO el grupo irá medio en bolas ya estén en la playa o en un supermercado. Por supuesto también gritan y ríen gritando y beben gritando y piden el menú del día gritando, es que en el norte somos duros de oído ¿No lo sabíais?

Como ellos, he sido turista alguna vez,  por eso intento no tomarme a pecho ciertas cosas pero claro, el calor nos afecta a todos y, si ellos (turistas) se ponen burros, nosotros (los de aquí) nos ponemos más. Y si no nos dejas pasar, pues nosotros te franqueamos el paso y si gritas pues nosotros también, si aquí hay idiotez para todos, no os preocupéis.

No me quiero extender más, el verano es largo y yo, muy observadora, así que seguro que se me ocurre alguna cosa más. Y sí, el verano es largo y soy MUY observadora, te lo digo a ti la que no me abre la puerta cuando voy cargada con las bolsas del supermercado; sé quien eres.

Sed buenos.

Danae

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