Angustiada me cuento

Siempre resuena un tic tac en nuestra cabeza ¿verdad? Grave, solemne, advirtiéndonos de que algo está por llegar o, por el contrario, avisándonos que, de seguir sin mover un dedo, nunca tendrá lugar. El tiempo es breve, aunque nos parezca largo, siempre se esfuma entre nuestros dedos, sobre todo cuando más lo necesitamos.

El detonante para escribir esta entrada ha sido un artículo de Luisgé Martin en El País Semanal titulado La contabilidad de la vida. En él habla de cómo la tecnología  puede determinar la velocidad de nuestro envejecimiento  físico o el volumen de las cosas que tendremos tiempo de hacer en el resto de nuestra existencia, y si nos ponemos tontos averigua los años que tardaremos en tener nuestra primera pata de gallo. Como intuiréis ha sido leer el artículo y una tremenda explosión ha tenido lugar en mi cerebro.

Contamos todo: las parejas que hemos tenido, las canas que nos salen, los amigos que tenemos, el tiempo que falta para llegar a nuestro destino y, si fuéramos norteamericanos, contaríamos los perritos calientes que somos capaces de engullir. Y al final, no nos damos cuenta que tanto contabilizar sólo provoca que los únicos engullidos seamos nosotros por el tiempo y  no los perritos por nuestras bocazas, lo cual nos provocaría una indigestión pero ninguna crisis existencial. Así que como no tenemos suficiente con nuestro propio contador, acudimos a las aplicaciones o demás herramientas para…¿añadir más presión a nuestra angustia? Pues yo te aviso “tic tac” que, como me sigas atosigando, te mataré de un balazo en la sien aun sabiendo que pronto te sustituirían.

Existen multitud de aplicaciones y herramientas que pretenden ¿hacernos la vida más fácil? Tal y como comenta Luisgé,  iTunes calcula, según la música que tenemos archivada, el intervalo de tiempo (que podría ser un año o más si tenemos el síndrome de Diógenes musical) que tardaremos en escuchar nuestras canciones sin que ninguna se repita. Esto da qué pensar ¿verdad? porque con lo angustias que somos todos, nos pondríamos a calcular el número de canciones que podemos escuchar a lo largo de nuestra vida, el número de grupos que nos gustan, además de las canciones sueltas que nos encantan, más los grupos y canciones nuevas que salen cada año y al final… al final nos estalla la cabeza. Con los e-reader debe ocurrir algo parecido. Los muy sabiondos sacan su calculadora y, sin que nadie les pregunte, nos informan de lo que tardaremos en leer el libro que hemos empezado o cuánto nos llevará leer uno de sus capítulos, y ya puedes cumplir los objetivos, si no…¿golpe de remo?

Qué presión más absurda produce todo esto ¿verdad? Para colmo, ya no solo tenemos que fingir ante los demás (si,si, que aquí nadie finge porque nos da igual lo que piensen de nosotros y blablablá. No cuela), también ante las aplicaciones porque ¿qué pensarán de nosotros si no cumplimos sus expectativas? ¿Qué dirá nuestro podómetro de nosotros? Se reirá o nos gritará y nos humillará hasta que alcancemos nuestro objetivo.

chaquetametálica
Aquí nuestro podómetro gritándonos “leeeeeeento, mueve ese culo gordo”.

Como decía al principio, el tiempo es breve, TODOS lo sabemos, y como todos somos conscientes de que el tiempo es breve ¿qué hacemos? ¿Vivirlo? Pues obviamente no. Lo que hacemos es agobiarnos porque queremos hacer muchas cosas y no tenemos tiempo, y si lo tenemos  nos faltan ganas y, para que eso no suceda, nos bajamos herramientas que suben el volumen de nuestro “tic tac” interno, porque parece que nos gusta  agobiarnos. Así que si antes cuando queríamos hacer algo que nos daba pereza, actuábamos así…

deberesfelipe

…ahora estamos siendo observados por la mirada juiciosa de nuestro móvil, tablet o e-reader. Todo esto era previsible, con la vida que llevamos necesitamos mecanismos de contabilidad. ¿Qué pasa si no se cumplen los tiempos? Pues imagino que nada pero, ¡Ay!,  sabes que NO estás haciendo lo que quieres hacer en el tiempo establecido y ¡cómo vas a salir a la calle con la cabeza alta sabiendo que tu e-reader yace encima de la mesilla de noche avergonzado porque no has alcanzado tu objetivo! ¡CÓMO!

Establecer tiempos y contabilizar lo que nos dé la real gana no del todo malo (en términos de comportamientos no obsesivos) pero se supone que uno anda, lee o baila por placer. Si en nuestros hobbies nos marcamos metas, períodos de tiempo…al final desearemos trabajar para que el estrés termine. Vivimos contando y, por estar tan ocupados para contar más de la cuenta o necesitar un empujoncito cuando la motivación flaquee, recurrimos a otros que establezcan los números por nosotros y al final ¿qué pasa? pues que como todo es susceptible de ser contado acabaremos dibujando palotes para no perder la cuenta y viviremos en un cuaderno de Rubio, como cualquier niño de preescolar. Yo, por el momento, evitaré ciertas aplicaciones y aparatos que me inciten a tirarme de los pelos, porque para angustiarme me basto yo sola.

Sed buenos.

Danae

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