Cabreos, sueños y una maleta

No sé si os ha pasado alguna vez que estáis (muy) cabreados sin razón aparente, y no hay razón aparente básicamente porque estáis enfadados por todo. Esto mismo es lo que me pasa a mí últimamente, pero desde hace unas semanas hay algo que me reconcome que provoca que ese enfado “por todo” vaya en aumento. “Siempre hay motivos para sonreír” o similares frases son las que rezan los optimistas instagrameros mientras cuelgan sus batidos verdes o sus paseos por la playa y no podía estar más de acuerdo, pero una frase no va a atenuar mi enfado. Siempre hay motivos para sonreír, pero también los hay para cabrearse y no hay que olvidar ni unos ni otros, y por eso mi cerebro está en la encrucijada de decidir qué motivos pesan más que otros y… y aquí lo tengo haciendo pucheros porque no sabe qué decisión tomar …

He regresado a los 5 años, a plantearme el porqué de todo lo que me rodea, a cuestionarme de qué narices va todo esto. Cada día este inconformismo mental se hace más fuerte y lo que sucede a mi alrededor, lejos de atenuarlo, lo anima aún más a crecer. No hablo de nada en particular sino de todo en general, ese gota a gota que acaba colmando el vaso. Y ese todo es lo que me desequilibra… y sé que no os estáis enterando de nada porque no hablo de nada en concreto. Tal vez más adelante escriba sobre algún “algo” en particular, cuando me “descabree” un poco –procuro evitar hablar “en caliente” que todos sabemos lo que pasa- y consiga ordenar mis pensamientos. Sólo sé que estoy enfadada, no sé más.

Hace un tiempo escribí un pequeño párrafo que no tenía mucho que ver con el texto que estaba escribiendo, pero lo incluí por miedo a que se me olvidara. Es el siguiente:

“De niños viajamos con una maleta imaginaria donde guardamos nuestros sueños, esos con los que fantaseamos casi a diario y que nuestras madres nos doblan con cariño metiendo alguno más, por si acaso.”

Me gustó esta frase y es posible que no pegue mucho en esta entrada, como tampoco pegaba en aquel texto que os comento, aunque tal vez sí que sea coherente incluirlo, no importa…en realidad me da igual, me parece una frase bonita. La incluyo porque, además de bonita, últimamente pienso mucho en esa maleta, sobre todo porque creo que algún desgraciado me la robó. En realidad la recuerdo para no olvidarme de esas preguntas “infantiles” que os comentaba antes, ese “por qué” cojonero tan ingenuo como molesto porque nadie sabe qué responder. Ese es precisamente el problema: me pregunto y no sé qué responderme. Pero ¿qué preguntas? Por el momento no comparto mis preguntas, no quiero respuestas obvias, verdades que son excusas, mentiras que nos hemos creído hasta convertirlas en verdad. Y sí…ya sé que no tenéis ni idea de lo que estoy hablando y sí, este texto es una excusa para pediros que, si encontráis mi maleta, me la devolváis, sólo tengo una.

Sed buenos.

Danae

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