Autoayuda

Como pudisteis leer en la anotación de la entrada Vuelta y vuelta mi regreso al mundo laboral ha sido más bien fugaz . Intentando tomármelo sin dramas (o por lo menos no más de los esperados), me he reservado un tiempo para mí para aclararme un poco las ideas. Lo que está claro es que, entre pitos y flautas, parece que siempre tengo la excusa perfecta para demorarme en publicar en el blog. En esta última semana no ha habido forma humana de proporcionar coherencia a mis textos porque, como ya me ha pasado en alguna que otra ocasión, no consigo centrarme en un solo tema, tal vez por la abundancia de ideas superficiales o por la incapacidad de ahondar en una sola (o porque no estoy a lo que estoy, que es lo más probable), al final me encuentro con varios documentos abiertos sin conseguir añadir el maldito punto y final.

Sin embargo, a pesar de esa incapacidad, no he querido desperdiciar otra semana sin hablar con vosotros y  vengo a compartir algunos pensamientos:

En estos últimos días, he estado dando vueltas al cómo nos enfrentamos  a las zancadillas que nos da la vida -claro está que cada uno entenderá este concepto de un modo diferente, dependiendo de sus circunstancias, lo que para unos es un mundo para otro es una nimiedad… ¿No es así Paris Hilton?-.  Cada uno nos enfrentamos a la adversidad de una u otra forma: algunos con una cerveza y un par de amigos para desahogarse tienen suficiente,  otros con un buen cubo de cerveza y un par de copas ya se les olvida la causa de su tristeza, básicamente  porque la resaca no les deja pensar; otros prefieren estar solos y otros muchos se lanzan a los brazos de los libros de autoayuda o “inspiradores” que parece que suena mejor.

Aunque ahora soy más de soledad o una cerveza con los amigos más cercanos, he de confesar que no hace mucho tiempo fui lectora de Paulo Coelho, porque buscaba esa inspiración que iluminara un poco mi camino -Oooooh-, luego me dí cuenta que leer sus libros equivalía a esas frases obvias que dicen los que no saben cómo consolar:

-¿Te pasa algo?-

-No lo sé, ando un poco de bajón-

-Ayss, pues no ¿eh?Venga , a animarse-

Cara de gilipollas y…

FIN

Y, precisamente por haber sido lectora de “Coelhadas”, sé de lo que hablo. Por supuesto, esta es mi opinión, y si hay quien esto le funciona…  todo aquello que sea positivo, a por ello. Pero a mi juicio, este tipo de libros muestran una motivación light, insulsa con un lenguaje embelesador y bien suavecito, como una madre que habla a su niño de dos años. Con el paso del tiempo, descubrí que, para recorrer ese camino interior  y espiritual que tanto venden escritores de este tipo, me tengo a mí misma y  a mis amigos que, con menos finura y más tacos me animan con su “que les den por el culo, si sigues así encontrarás algo fijo”, dejando de lado esas florituras y melosidades que antes tanto me gustaba y que ahora me ponen de los nervios.

Con las películas tenemos otro tanto de lo mismo, esas que consiguen que nos replanteemos la vida y veamos el mundo de otro modo…hasta que se pasa el efecto “mágico” y volvemos a las mismas de siempre. Porque éstas parecen transmitirnos una energía de “venga, que yo puedo hacerlo”y, a lo Rocky Balboa, nos motivamos de lo lindo, nos llenamos de energía y…YA, que mañana hay que madrugar. La vida no es una peli y nadie te dice cómo seguir, ni hacia donde ir…porque en esas películas todos parecen tener muy claro las metas  y, por supuesto, esa claridad de pensamiento también se contagia y, desde casa, lo vemos todo muy fácil ¿verdad? Todo de boquilla…el acojone gana y nuestra vida sigue tal y como la dejamos, porque todos sabemos que nada es como nos hacen creer, nos gusta verlo pero hacerlo… eso ya es otro tema. Ojo, que sé de lo que hablo, porque ¡Oh, sorpresa! yo he sido una de esas personas que, desde la comodidad de mi sillón y con un bol de palomitas he dicho eso de “yo puedo hacer eso” y…y he continuado con el culo apoyado en el sillón fomentando la aparición de mi amiga la celulitis.

Por todo ello, hay que tener cuidado en donde buscar la ayuda/ consuelo, porque lo malo de los libros de autoayuda es que, al igual que sucede con los de cocina, nos dan las pautas a seguir pero al final el plato no se parece en nada al de la foto y eso acaba desmotivando, dejándonos aún peor de lo que ya estábamos. Y lo malo de las películas es que al final nos comparamos con los protagonistas y…salimos perdiendo y estamos en las mismas que con los libros. Así que, sabiendo todo esto y como lectora de libros inspiradores que fui…si algo he aprendido es que las motivaciones/energía/X (poned aquí lo que os dé la gana) sólo funcionan si sale de uno mismo por iniciativa propia, vamos que por mucho que se nos diga, si no lo vemos nosotros…MALO .

Finalmente, me gustaría añadir que,  tal vez sea el momento de asumir que si uno está triste o desmotivado, lo está y ya está. Sin dramas, sin zarandajas ni frases motivadoras que no sirven para nada por mucho que se acompañen de fotos de amaneceres. Lo confieso, he pasado una semana de mierda y ¿sabéis qué? He sobrevivido…

Sed buenos

Danae

 

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