Echo de menos

Cierras los ojos y ahí está ella…

[Ese “ella” equivale a cualquier  persona (ex, amigos, familia…a vuestra elección), pero también a mascotas o cosas de gran valor sentimental cuya pérdida hizo que lloraras dos días con sus noches… será por echar de menos].

…Y aquí estás tú, ya con los ojos bien abiertos, sintiendo cómo la melancolía te envuelve igual que si fueras un sándwich para llevar. Es en ese momento cuando te preguntas cosas que antes te pasaron desapercibidas. Pero tampoco importa, porque tienes ese vacío que sólo parece llenarse de melancolía y nostalgia, entes invisibles y puñeteros que consiguen que todo lo que te rodea carezca de importancia, porque sencilla y llanamente ECHAS de MENOS.

Es nostalgia porque lo que fue, ya no es. Es el recuerdo de un sentimiento que si aún es fuerte, te quema. Si, por el contrario, se ha atenuado con el tiempo, te entristece pensar que tal vez pasaste página demasiado pronto y te sientes culpable… lo mires por donde lo mires no sales ganando por ningún lado –Aquí, como diría Benedetti, estás jodido (porque echas de menos) y radiante (porque lo has superado), más lo primero que lo segundo…, esto lo pongo por si alguno echa de menos algo de poesía, aquí lo dejo-.

Es curioso eso de echar de menos porque, al principio no te planteas tirar “pa`lante”, no lo haces porque es demasiado pronto y lo sabes. Sabes que por mucho que corras, por mucho que quieras cubrir la tristeza con una manta bien gruesa, la misma con la que te cubrías de pequeño cuando tenías miedo, ella, la tristeza, sigue ahí; es una carga pequeña, soportable, apenas interfiere en tu vida pero duele, porque echas de menos. Pero el tiempo pasa y es hora de pasar página, porque no hay que ser pasado sino presente, no te vaya a pillar el toro del futuro y te des cuenta que lo único que has hecho es poner en bucle canciones de Bryan Adams y Celine Dion…

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Precisamente porque no quieres pasarte la vida en un bucle de melancolía y helado de chocolate, caminas hacia delante, dando la espalda a lo que ya no es. Llegará el día en el que todo esto pase, será pronto porque tampoco fue para tanto o tal vez sí, pero no queda otra ¿verdad? Al final sabes que la tristeza dará paso a una nostalgia ocasional, esa que te invade cuando ves de nuevo el libro que te regaló y que quisiste guardar  por “los buenos tiempos” o ese anillo que creíste esconder a buen recaudo… la típica nostalgia que invade a uno en los días grises y lluviosos, tú me entiendes.

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Sin embargo, no eres consciente de que estás rodeado de objetos que no son más que recuerdos acumulados con el paso del tiempo, esos que ya tienes tan asumidos que ni notas su presencia, y es en esos días grises cuando tu mente rememora todos esos momentos, momentos que, en realidad, nunca llegaste a olvidar, tan sólo los mantenías dormidos. Aún no sabes porqué, pero nunca los desterraste de tu memoria, tal vez porque a veces, solo a veces, cuando estás a solas, es bonito recordar y echar de menos a ese alguien del que apenas te acuerdas ya.

Y yo te cuento esto a ti porque es un día gris y lluvioso y camino por mi habitación y mis ojos no ven objetos sino recuerdos. Y te cuento esto a ti porque he puesto en bucle todas esas canciones que, en mi sano juicio no escucharía, y todo esto solo porque sencilla y llanamente echo de menos.

Sed buenos.

Danae.

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