Los sueños ¿sueños son?

Ya os hablé  hace unas semanas por qué la cama podía llevarnos al mundo que nosotros quisiéramos y por ahí va el tema del post de hoy, y es que queridos niños, os voy a confesar una cosa: puedo pasarme horas pensando qué pasaría si yo no fuera quien soy. Qué pasaría si me atreviera a hacer todo lo que realmente quiero, a decir todas esas cosas que por timidez, educación o cualquier otro motivo me callo.

Todos hemos fantaseado con ser una versión mejorada de nosotros mismos, jugueteado con la idea de ser una ejecutiva que no se amedrenta ante nada ni nadie, en ganar una medalla de oro en lo que sea, protagonizar una película de Scorsese y recibir un Oscar a mejor actriz…lo que prefiráis.

La imaginación es un arma poderosa, a veces de doble filo. Es capaz de crear historias que nos gustaría vivir pero que muy posiblemente nunca lleguemos a experimentar. Bien por miedo, porque las circunstancias nos lo impide o bien porque total son ilusiones, sueños que no llevan a ninguna parte y que nunca terminan por cumplirse ¿verdad? Al final cuando uno baja de las nubes y se enfrenta a la realidad pueden surgir grandes preguntas:

¿Estoy viviendo realmente como quiero?

 ¿No puedo/quiero aspirar a más?

¿No llevo a cabo mis fantasías porque no puedo o porque me aterra hacerlo?

Y con preguntas como estas es lógico que a uno se le quiten las ganas de soñar porque, para que nos entendamos: es como pasar de vestir un Oscar de la Renta a una prenda de Bershka.

Fuente:woman.es

Desde niña tengo el sueño de “mujer triunfadora e independiente”. Me fascinaba  ver en las películas a esas ejecutivas embutidas en trajes de falda tubo y taconazos transmitiendo seguridad a cada paso que daban.  Y, para ser sincera, es una figura de mujer  que me sigue fascinando. A pesar de no ser mi estilo, de no llevar tacones desde hace un año, de no tener madera para mandar…la imagen de ejecutiva es algo que me deja absorta a pesar de saber lo mucho que tengo idealizada a este tipo de persona.  ¿Qué ocurre con esa ilusión? Que lo sigue siendo. Han pasado los años y ni de lejos parezco esa mujer sofisticada segura de sí misma. La seguridad la he ido adquiriendo con los años, eso es verdad, pero lo de mujer sofisticada e independiente…NO.

Pero la verdad, todo sea dicho, es que soñar es una de las cosas que más me gustan y también que mejor se me dan. La culpable es mi inmensa capacidad imaginativa. Siempre he tenido mucha imaginación y por eso he viajado tanto sin moverme del sitio, al igual que he hablado muchos idiomas y defendido a los más vulnerables con un bate de béisbol que, en condiciones normales (y reales), no podría ni levantar por encima de mi cabeza.

Claro que hay sueños que son imposibles, pero también los tenemos más asequibles. Pensemos en esas historias que nuestra imaginación dibuja con mimo y esmero. ¿Por qué no viajar a Londres, Copenhague o la India? ¿Qué lo impide? El dinero. Bien. Pero realmente quieres hacerlo? ¿no puedes ahorrar? ¿No será que tienes miedo de viajar SOLO o de quedarte sin dinero para otros asuntos? Hay demasiadas preguntas que contestar cuando le damos la espalda a una fantasía.

Cuando uno sueña despierto más de lo debido, puede ser muy frustrante, porque se sitúa en medio de una lucha encarnizada entre Los sueños son solo sueños y Realmente no hay nada que te impida hacer esoApatía versus ilusión. ¿Realidad vs. ficción? Es complicado porque ¿es ficción conseguir llegar a ser un triunfador en tu trabajo, hablar tres idiomas o viajar por el mundo? ¿Es nuestra cabeza que nos dice que las ideas, al tomar forma de sueño, realmente lo son y nunca podremos llegar a cumplirlos? ¿O tal vez es la edad la que convierte un plan futuro en un sueño imposible?

A pesar de alguna que otra frustración, soy bastante aficionada a crear mis propias historias: es un catalizador de mis emociones, es una forma de ser quien no soy, es como disfrazarse pero sin el engorro de tener que ir a una tienda de disfraces y descubrir que el único que queda es el de enfermera sexy.

Con estas cosas uno se da cuenta que todo en esta vida (real o imaginaria) es agridulce: sabes que en tus “creaciones” eres el triunfador, que nada malo puede pasarte si tu cerebro decide torcer las cosas y que al final te encontrarás seguro, en el mismo lugar donde te quedaste…pero no lo estás viviendo. No es una experiencia. ESA es la parte mala: nunca llega a ocurrir, aunque lo vivas como real, aunque sudes porque has corrido para alcanzar el récord mundial en 400 metros valla, aunque te enfrentes a un reto en el trabajo…

…No eres ni más sabio ni más fuerte ni más nada. Sigues siendo tú, para lo bueno y para lo malo.

Lo interesante de todo esto sería averiguar si podemos aprender  de nuestros sueños, si existe la posibilidad de desarrollar ciertas capacidades que tenemos dormidas en la vida real, si nuestras historias ficticias pudieran convertirse en el empujón que necesitamos para sacar más garra, o tener más temple o ser más constantes a la hora de perseguir un objetivo.

Si los sueños manifiestan una parte de nuestro yo oculto, es porque está ahí, entonces ¿podríamos sacarlo a la luz?

Solo son preguntas que lanzo al aire, al igual que son solo fantasías con las que me entretengo despierta…pero quien sabe, al igual que las preguntas suelen plantearse para encontrar respuestas, los sueños podrían crearse para ser cumplidos.

Sed buenos.

Danae

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