No culpes a los Pokémon de lo que haces por gilipollas

Hoy vengo a hablar de Pokémon Go. Tanto Pokémon, tanta pokeparada y tanta pokechorrada, era inevitable que yo hiciera lo propio.

Las calles se llenan de cazadores de Pokémon- a estas alturas permitidme no explicaros de qué va el juego-. No sabría decir cual es el público objetivo del juego, porque la realidad es que lo mismo ves a un niño de 10 años gritando a su padre que hay que ir corriendo al parque porque hay un bicho de esos, que a un grupo de treinteañeros cabizbajos, no porque estén tristes o enfadados entre ellos, sino porque están buscando a Pikachu. Lo que importa es que el juego, como la cerveza, donde va triunfa.

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El jueguecito de marras ha dividido a la población: por un lado, los “frikis” que se distraen hasta en el  concierto de su cantante favorita –según he leído en Jotdown, una no era tan fan de Beyoncé como pensaba, porque prefirió cazar pokémon que disfrutar de la diva-. De otro lado, los que piensan que esos “frikis” son unos tontacos con mucho tiempo libre.

Yo reconozco que al principio pertenecía al segundo grupo, mi vena extremista me sale con mucha facilidad, con el paso de los días se me suaviza hasta situarme en un punto más intermedio. En este caso, porque tardé muy poco en averiguar que la culpa no es de los Pokémon, ni sus creadores  -ni de esta ni de cualquier otra aplicación/juego-. Son otros los que crean, somos nosotros los que realmente damos vida a sus creaciones.

Somos nosotros los que convertimos un producto, sea cual sea, en moda, los que decidimos si triunfan o fracasan.

Pokémon Go está arrasando. Quien se lo descarga anda kilómetros, conduce mientras juega, entra en fincas privadas, en comisarías, parques…se mete donde haga falta, todo por conseguir nuevas adquisiciones, por muy ilegal que sea o por muy peligrosa que sea su conducta. Yo no entiendo toda esta fiebre Pokémon, pero lo de culpar a los pobres bichos me resulta bastante triste, porque entonces habría que culpar al WhatsApp o cualquier otra aplicación que, de repente, se vuelve imprescindible. ¿Es peligroso porque la gente conduce mientras juega o cruza la calle sin mirar porque está absorta en sus móviles? NO. Los peligrosos somos nosotros, aquí LA CULPA ES ENTERAMENTE NUESTRA. Los que agachamos la cabeza somos nosotros, nuestro móvil no nos agarra con sus manos imaginarias para que no apartemos la vista de la pantalla. Así que no, eso de culpar a un juego está muy feo, porque ni es suya, ni de los que crean los productos, ni del publicitario, ni del famoso que lo pueda promocionar ni del chachachá, la culpa es nuestra, lo miréis por donde lo miréis.

 No culpemos a Pokémon Go por la falta de civismo y sentido común de quienes juegan, culpemos a nuestra estupidez.

Por otra parte, Pokémon Go se creó, entre otras cosas, para fomentar el ejercicio físico e incluso el interés por la cultura, ya que las pokeparadas (lugares en donde recoger recompensas o algo así) están ubicadas en edificios históricos, monumentos e incluso iglesias -pues vaya gracia le va a hacer al párroco cuando se entere de que esos chicuelos que están en los últimos bancos, no han entrado porque han escuchado la llamada de Dios sino la de Pikachu-. No dudo de nada de esto, no dudo que las personas anden más gracias al juego o que se hayan vuelto unos expertos en la cultura de su ciudad, bueno qué narices, sí que lo hago. La gente andará más, pero dudo mucho que se fije en el monumento en donde se encuentra dicha pokeparada, porque amigos,no nos interesa el significado de éste, sino si nuestro yo virtual ha conseguido las recompensas esperadas.

La masificación de calles por parte de viandantes zombies hambrientos de bichos virtuales es molesto, sobre todo cuando te sientes como una bola de pinball porque ni Dios se aparta, incapaces de separar la vista del móvil. Pero eso no es nuevo, esta situación lleva sucediendo desde hace algún tiempo- ¿Tengo que recordar la cantidad de aplicaciones que tenemos en el móvil?-, al igual que no es nuevo ver a un grupo de treinteañeros sentados en un bar pegados a su pantalla del móvil, cambiad Instagram -o la que prefiráis- por Pokémon y es lo mismo.

El fenómeno Pokémon no es sino otro más de la lista. En un mundo en donde lo que cuenta es renovarse o morir, en donde el móvil es una prolongación de nuestra mano, lo nuevo es siempre un reclamo asegurado, no importa cuan absurdo pueda ser…

…si queremos estar con los ojos fijos en la pequeña pantalla, lo estaremos y la decisión será únicamente nuestra.

Sí, el Pokémon Go se nos ha ido de las manos, pero a estas alturas deberíamos saber que todo lo que viene se va, y si no que se lo digan al Tamagotchi. ¿Qué los que no jugamos estamos hasta las narices de los que van corriendo a la caza de pokemon o que se hagan quedadas para ello y te dejen a ti de lado o que simplemente solo se hable sobre ello? SI, MUCHO. Pero igual que sucede con otras aplicaciones, siempre va haber alguien del grupo que no se lo descargue y se quede aparte. Así que niños, no culpemos a los Pokémon  de lo que hacemos por gilipollas.

Sed buenos.

Danae.

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