De vuelta

Como ya os comenté hace un par de semanas, necesitaba un respiro. Y ahora, bien ventilada, vuelvo a la carga. No sé si con más energía pero sí con más ganas.

Después de encontrarme con mis compañeras de la página weloversize, me embarqué en un viaje en solitario por tierras manchegas. Si alguno me sigue por Instagram, ya sabrá que mis destinos elegidos fueron Toledo y Cuenca, ciudades que tenía muchas ganas de visitar y que, por una cosa o por otra, al final dejaba al final de la lista.

Ha sido la primera que hacía un viaje en solitario, entendedlo como un viaje sin compañeros de viaje, ni nadie que me esperara al otro lado del andén. Cinco días solita conmigo misma.

A alguno le ha sorprendido la elección de mis destinos. Parece que ahora hay que viajar por Europa, lo de casa como que se ve para un puente de dos días y porque no hay tiempo para más. Pero eso es algo en lo que no quiero ahondar ahora.

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He de decir que, sin duda, repetiré esto de viajar sola porque, para empezar, he conseguido desconectar, lo cual es todo un logro en mí, yo que no desconecto ni durmiendo.

Coger la maleta solo tiene su encanto. Un encanto que se pierde cuando se va acompañado. No porque sea mejor o peor, simplemente es diferente. Me encanta ir por ahí con amigos, pero cuando uno se va solo tiene la compañía de su maleta, viaja de otro modo. Yo, por lo menos, viajo de otro modo. Observo más, camino más despacio, miro por donde piso, no pierdo la mirada de quien lo ve todo por primera vez, aunque sea la cuarta vez que paso por la misma calle. En realidad siempre es  nuevo, no puedes cansarte de ello porque no lo conoces. Paras cuando quieres, comes donde y a la hora que tú decidas –o que las cocinas te permitan-. En definitiva, vas a tu aire y eso no es algo que ocurra cuando tus pasos dependen también de quienes tienes al lado.

Cuando viajas solo, hay algo en ti que transmite esa soledad -entendedla como algo no negativo-.Me he encontrado con otros que viajaban solos y nos hemos sonreído, porque viajar solo hace que formes parte de ese grupo de quienes no necesitan a otros para coger la maleta.  Nos hacemos un gesto discreto de  Ey, yo también viajo solo. Aunque como todo, hay  a quien diriges ese saludo secreto y te mira con cara de Ey, si viajo solo es por algo. No me mires y entonces es cuando continúo mi camino desilusionada porque un “Colega” me ha negado el saludo especial de quienes viajan solos.1

Si tuviera que resumir el viaje en una palabra sería PAZ. También es cierto que mis destinos no han sido ciudades grandes. Sí turísticas -en especial Toledo- pero siempe había una callejuela por la que escapar del gentío. Por tanto ignoro si mi sensación hubiera sido la misma de haber viajado a  Madrid o Tokio,por poner ciudades dispares.

Nunca he creído que viajar solo fuera aburrido o terminara haciéndome sentir sola. Ahora he podido confirmar dicha creencia. Todo lo contrario. Al estar solo te abres más. Si te pierdes (unas quince mil veces como me pasó a mí) no te quedará otra que preguntar (unas veinte mil veces) a los pocos paisanos que te encuentras. Incluso me atrevería a decir que viajar solo te vuelve más amable y abierto e incluso algo más pasota con las gilipolleces ajenas, porque es tu momento y no quieres que nadie te lo estropee. Claro está que esto ya es una opinión personal y que dependerá más del carácter de cada uno más que del modo de viajar.

Viajar solo debe ser una elección propia, nada de hacerlo porque todo el mundo que lo ha hecho lo recomienda. No, esto debe salir de uno mismo, aquí modas las justas. Así que no te va eso de estar solo, no lo hagas.

Yo, por mi parte creo que viene bien desintoxicarte de la rutina, de la gente que ves cada día e incluso de tus más allegados, te da otro enfoque. Te da la oportunidad de pulsar el pause antes de que el disco te acaba saturando.

He vuelto cansada, pero con ganas de demostrar(me) muchas cosas. He encontrado un banco en mitad del camino que me estaba resultando tan largo y duro. Un banco en donde respirar y desconectar del cansancio que me aprisionaba. Así que niños, ya estoy en pie, volvamos a caminar de nuevo.

Sed buenos.

Danae

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