Noche estrellada

Ya han pasado dos semanas desde que volviera de mis vacaciones, sin embargo, aún con la resaca de quien quiere saborear hasta el último resquicio de libertad ya pasada, os dejo con un texto que escribí mi última noche en Toledo,en la terraza del hotel:

Ya no recordaba lo que era observar las estrellas. He subido a la terraza del hotel para ver la catedral iluminada y, de pronto, me he dado cuenta. Allí arriba, contrastando con la oscuridad del cielo, están ellas: las estrellas. 

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Noche estrellada sobre el Ródano-  Vincent Van Gogh

Puede parecer absurda esta reflexión, dado que no vivo  ni en una gran ciudad ni en un entorno demasiado contaminado. Pero sí en el Norte, donde los cielos grises y nubosos están a la orden del día (y de la noche).  Tampoco puedo echar la culpa al cielo, porque en las noches claras ya no miro hacia arriba. Tengo cosas mejores que hacer. Eso me digo. Pero no es verdad. Ver series no se considera actividad productiva.

También es cierto que ya no miro tanto al cielo por el dolor de cuello. Resulta que me pierdo cosas por ser un auténtico fiasco, como cuerpo digo. Mi cuerpo es, en sí mismo, un defecto de fabricación, por eso me pierdo tantos detalles. No porque pase de ellos, no. La culpa es de mi cuerpo…y de las nubes que no me dejan ver las estrellas.

Las estrellas están ahí. Siempre lo han estado, solo que ya no les hago tanto caso como antes. Pobrecillas. Me he hecho mayor y he olvidado lo mucho que me gustaba observarlas. He vuelto a hacerlo como cuando era niña. Ellas ahí arriba como una guirnalda de luces que ilumina y decora el cielo. Yo, aquí abajo, sin iluminar nada, salvo este cuaderno con la luz de mi móvil.

Me pasaría la noche observándolas pero la terraza cierra a medianoche y yo me hago pis. Como es costumbre, vuelvo a  fastidiar EL momento. “Dejó de mirar las estrellas porque se hacía pis”. Ese bien podía ser el título de este texto.

Es por esto, por lo que ellas están en lo más alto, relucientes y yo, aquí abajo, tan opaca. Al final cada uno tiene su lugar. Y el mío, ahora mismo, es el baño de la habitación de un hotel.

Sed buenos.

Danae

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