Un 2016 lleno de pequeñas cosas

Pues parece que ya está todo el pescado vendido, hoy se acaba el año y, aunque probablemente este post solo lo lea mi madre, he querido despedirme del 2016 de la mejor manera que sé: escribiendo.

Después de quince días prácticamente alejada del ordenador, el sentido común ha ganado e intuyendo un  montón de correos sin leer e información que nunca llegaré a procesar, he encendido el portátil y una vez acabado todo lo que tenía pendiente, he abierto un documento en blanco con la intención de escribir lo que he visto que todo el mundo hace a estas alturas: un repaso del 2016.

Os diré que no voy a hacerlo como todos, porque sinceramente si hago un repaso de los últimos doce meses no ha estado la cosa para tirar cohetes. Entendedme, he disfrutado de cosas buenas,  conocido gente interesante, he vivido muy buenos momentos y hasta me he ido de vacaciones; en resumen que tengo motivos para estar agradecida. Pero qué queréis que os diga, he repasado mi calendario mental y he visto que he pasado por el 2016 sin pena ni gloria, un poco apática y con una crisis existencial de campeonato ¿Ha sido un año de mierda? Pues no, pero ya sabéis, podría haber estado mejor.

Sin embargo, como no me da la gana pensar en lo negativo, porque para eso tengo el resto del año, quiero recordar todas esas pequeñas cosas que han conseguido hacerme un 2016 más llevadero:

Esas palabras que me han inspirado, libros que se han convertido en compañeros de cama, cuadernos cubiertos de garabatos y frases sin sentido que me han hecho más amenas las noches de insomnio.

Escuchar en bucle Jackson Song de Patti Smith hasta quedarme dormida, berrear a Jefferson Airplane, llenar carpetas de recortes de revistas y fotografías en blanco y negro, bailar de forma arrítmica, volver a ver series de los noventa, película de dibujos animados solo para sentirme de nuevo una niña.

Me quedo con las risas que rompen la seriedad del momento, los sábados en pijama, la vista fija en ninguna parte, los abrazos de mi madre siempre reconfortantes, las lágrimas que consiguieron sacar fuera toda la tristeza, cocinar durante horas para luego comerlo en cinco minutos, las recetas que fueron un fiasco pero que de sabor estaba bueno,  volver a jugar a maquillarme solo por ver el resultado, ignorar las críticas, aferrarme a frases de consuelo cuando me sentía pequeña y sin fuerzas.

Descubrir la canción que calma las penas, el libro que consiguió evadirme de la realidad… DESCUBRIR. este sería el verbo que podría definir el 2016. Descubrir a gente nueva y maravillosa -otra no tanto, pero aquí solo sirven las cosas bonitas-, descubrirme  a mí misma y conocerme mejor, descubrir nuevos mundos sin salir de casa….

En fin niños, espero que 2017 sea otro año de descubrimientos, de conseguir  ver con otros ojos lo mismo de siempre porque uno puede encontrar cosas maravillosas teniendo un poco de curiosidad.

Sed buenos.

Danae

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