Domingo

Domingo, letras, café, tostadas y más letras, con cuidado de que no se me caiga ninguna dentro del café. Palabras que forman frases que llenan folios que esconden un “a ver si escribiendo mucho consigo sacar algo bueno”. Aún en pijama, porque en pijama se vive mejor, que nadie te diga lo contrario. No es dejadez es confort. Es una manera de mantener ese aire de recién levantado, con la mente en otra parte y parte de nosotros aún en la cama, calentitos, remolones, a salvo, aún ajenos de que la semana toca a su fin.

Y todo esto lo estoy escribiendo un sábado, porque he visto esta foto y me han entrado ganas de que sea domingo y de tener excusa para hacer lo que realmente me apetezca. Porque parece que todo vale en domingo, que el tiempo se para y no es necesario hacer cosas que vayan a alguna parte.

winona ryder
Winona Ryder by Joe McNally. 1994

Lo realmente gracioso es que no me gustan los domingos. Nunca me ha gustado. Reina un ambiente que me cuesta describir y como todo está cerrado la gente sale a pasear porque es domingo y los domingos se pasea. No lo sé, solo sé que no me agradan. Pero los domingos también son para leer y desayunar tranquilamente, aunque te prepares lo de siempre sabe distinto porque, por primera vez en toda la semana no lo engulles, no tienes prisa, no has quedado con nadie, no tienes que hacer recados, ni ir a trabajar o a la cola del paro. No, los domingos se desayuna de verdad. Cuando ya no puedes remolonear más entre las sábanas, te levantas te preparas el desayuno con las legañas puestas, los pelos alborotados y la cara sin lavar. Y te sientas y comes y coges el libro que apenas has abierto entre semana o lees todos esos artículos que se tienes acumulados en la lista de pendientes…

Pero el domingo también llega a su fin y toca preparar la semana, a veces en la cama, con el pijama que solo te has quitado para meterte en la ducha. Y repasas tu agenda o esos papeles que tenías que mirar pero que has dejado para el último momento. Y ahí estás tú, como lo estaré yo en unas horas, con el pelo mojado, en pijama y rodeado de palabras, intentando organizar todas esas ideas inconexas para que la semana que está a punto de comenzar tenga algo de sentido.

Y todo ese embrollo viene por una foto de Winona Ryder a la que no sé si darle los buenos días o las buenas noches, pero tampoco importa, porque es domingo y el tiempo no es importante. Y por esa foto me sorprendo rindiendo un extraño homenaje a ese día de la semana que tan poco me gusta y qué narices también a la señorita Ryder  solo por verla en pijama, en una cama llena de papeles y con el pelo mojado.

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