La gente es un problema

A veces me preguntan si creo en vida extraterrestre. La respuesta siempre es un rotundo SÍ. Me niego a creer que somos lo más inteligente que ha parido el Universo.  Ya sabéis que mi opinión acerca de la humanidad no es muy buena, aún hay esperanza, claro, pero porque la esperanza es lo último que se pierde.

El caso es que yo, que tengo una imaginación portentosa, me he preguntado qué pensarían los que andan por ahí arriba al ver cómo estamos matando al mundo poco a poco y de paso, a todo lo que vive en él. Porque yo no creo en bichos verdes, ni con tentáculos ni en platillos volantes, de hecho, como en los sueños, no suelo ponerles cara. No lo sé, tampoco es algo que me preocupe, la verdad.

El caso es que me importa muy poco la apariencia de esas criaturas, porque mirad que somos superficiales que hasta nos fijamos en el físico de seres que no conocemos. Lo que realmente deberíamos hacer es dejar de ponernos en evidencia, que se van a creer que somos tontos si es que no lo piensan ya. Que vale que no nos importe las opiniones ajenas, pero es que esto ya es mala imagen. Que ellos, los extranjeros, observan cómo investigadores estudian el Universo porque dicen que la Tierra se terminará yendo al carajo dentro de no sé cuantos cientos de miles de años y tenemos que ir buscando otro hogar; cuando todos sabemos que se están dando prisa porque tenemos el don de joderlo todo lo más rápido posible y el tiempo se acaba. Resumiendo, que como nuestra casa está hecha un asco, antes que limpiarla y organizarla, preferimos comprarnos otra que es más fácil.

No tengo ni idea de qué tengo yo en la cabeza para ponerme a pensar en extraterrestres, puede que con todo lo que pasa en el mundo a una se le vaya la pinza y empiece a pensar en la reputación de la humanidad que, a estas alturas, ya debe de estar a la altura del betún. Aunque supongo que el detonante de todo este pensamiento haya sido toparme con un fragmento que tenía por ahí apuntado del libro El restaurante del fin del mundo-la segunda parte de La guía del autoestopista galáctico- y me haya quedado atontada al ver cómo un solo fragmento resume de una forma sencilla lo que lleva pasando desde hace siglos.

Es un hecho bien conocido que las personas que más deseos tienen de gobernar a la gente son, ipso facto, las menos adecuadas para ello. Abreviemos el resumen: a cualquiera que sea capaz de nombrarse presidente a sí mismo, no debería permitírsele en modo alguno realizar dicha tarea.

Abreviemos el resumen del resumen: la gente es un problema

La gente, o sea nosotros, es un problema y tampoco veo que la cosa vaya a mejorar pero, como ya he dicho, la esperanza es lo último que se pierde y yo de eso tengo mucho.

Sed buenos.

Danae

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