Poesía eres tú

El 21 de marzo fue el Día Internacional de la Poesía -sí, otra vez llego tarde-, así que dediqué un rato libre a echar un vistazo  rápido a las alusiones que se hicieron sobre ello en redes sociales y, a pesar de que, por norma general, me muestro bastante indiferente hacia los “días de…”, en esta ocasión me ha servido para replantearme mi relación más que intermitente con la poesía.

A mí me pasa una cosa bastante curiosa con ella: me atrae bastante (según cuál, claro está, que no toda es igual), pero apenas la leo. En la estantería puedo ver a Pablo Neruda y Benedetti, o a esa generación del 29 que nos hicieron leer en el colegio con la amenaza de si no lo leéis, no aprobaréis –ya sabéis lo que opino sobre esto-, al igual que observo con ojitos a ese ejemplar antiguo con todas las obras de Bécquer pero, exceptuando algunos poemas que han caído en mis manos a lo largo de los últimos años, mi repertorio no ha variado mucho. Esto ha hecho que piense en el mal merecido segundo plano en el que suele situarse este género, entre otros motivos, por culpa de gente como yo, que se ciñe a lo que sabe y le cuesta investigar nuevos horizontes. Sea el motivo que sea, solo puedo decir ¡Danae Mala!

A pesar de no haber sido mi acompañante habitual, la tengo en alta estima. Es como ese amigo que ves muy poco pero con el que conectas cada vez que le ves. Te cae bien, le caes bien y habláis de nada y todo. No se necesita más.

La poesía es especial y ese detalle lo descubrí siendo bien cría y no,  no me refiero a esos versos simplones que escribía de niña y que gozaban de la misma intensidad que una patata cocida o de aquellas rimas fáciles sacadas del “muro” de la Super Pop -sabéis de lo que hablo ¿verdad?- que te llenaban el alma de pura melodía con sus Naranjas, naranjas, limones, limones, yo tengo un amigo que vale millones; o esas palabras llenas de cariño que te escribían tus compañeras en tu carpeta forrada con fotos de los BackStreet Boys Con cariño y pitorreo esta esquina te estropeo. No,no me refiero a eso.

No me costó averiguar la importancia de la poesía porque está en todas partes. Todo inspira, está ahí, solo tienes que verlo. Y es que la poesía, como decía Bécquer, eres tú (y todo lo que te rodea).

Poesía son esas líneas de expresión que se forman cuando sonríes, ese entrecejo marcado, esas canas que se vuelven aún más claras con la luz del sol, esos andares desacompasados, esa seriedad permanente en el rostro, ese coraje del que no se rinde, esa sonrisa tímida, ese pelo alborotado, esas marcas de la almohada que hacen intuir que te has despertado hace poco, esa lágrima que quiere salir pero que es demasiado tímida para dar el paso…todo eso es poesía y toda esa poesía, ERES TÚ.

Cada cosa que nos rodea son poemas sin letras que vagan por el aire esperando a que alguien les dé forma, poemas que no todo el mundo ve por estar absortos en su móvil o porque tienen prisa y no tienen tiempo de fijarse en nada o simplemente, porque resulta tan normal, tan cotidiano que no lo considera importante.

Tal vez porque estoy obsesionada con que lo realmente importante se encuentra en lo más sencillo, -¡anda que nuestro café de la mañana no merece un soneto!- es por lo que creo que la poesía merece siempre estar presentes en nuestras vidas, porque siempre hay una que convierte lo normal en extraordinario y eso no podemos perderlo.

No hay que esperar amores que tal vez nunca lleguen, ni entonar sonetos imposibles que no entendemos, ni siquiera hemos de leer a esos clásicos solo porque hay que leerlos, si no lo sentimos, no veremos la poesía por ninguna parte.  Y es que en cualquier arte siempre hay un libro (canción, película, poema, cuadro…lo que se os ocurra) que nos estará esperando -mis disculpas si parezco un poco Paulo Coelho-, que lleve nuestro nombre, solo hay que buscar un poco. No sirve de nada leer poesía sin comprender, es como ver una película en coreano solo porque nos han dicho que es la leche, eso es perder el tiempo.

Solo un libro, solo un puñado de versos, no hace falta más, pero agárralos con fuerza para que no se te escapen.

Es muy posible que si no hubiera sido porque de niña leí una y otra vez ese pequeño tomo con las obras de Bécquer, yo no estaría escribiendo estas palabras cariñosas a la poesía. Y, del mismo modo,tampoco estaría escribiendo esta entrada si hubiera leído todos esos poemas que no entendía y que seguramente hubieran conseguido que la detestara.

Yo leo poca poesía, demasiado poca y eso no me enorgullece, pero también os digo que la poca que cae en mis manos no se me escapa: me emociona cada vez que la leo, me erizan los pelos de los brazos y me hacen suspirar. No perdáis la oportunidad de experimentar todo eso.

Sed buenos

Danae

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