Fantasía como bálsamo

Queridos niños, seré directa: ha sido una semana de mierda. Malas noticias y malos momentos. No os voy a hablar de porqué lo ha sido, porque sinceramente ni creo que os interese ni me apetece contarlo. Pero tampoco soy de esa clase de personas que cambian el chip con facilidad y pasan página sin problemas. No, yo no soy así. Yo pienso y reflexiono lo que pienso y pienso en lo que ha pasado y en lo delicadas que se vuelven ciertas situaciones. Rumio posibles soluciones hasta quedarme dormida, me frustro por no entender, me canso cuando me encuentro con personas con las que no se puede razonar y vuelvo a pensar en cómo puedo conseguir abrir ojos que parecen pegados con pegamento.

Me encuentro en situaciones que provocan que me sienta como cuando era niña. De pequeña no entendía por qué había pobres, no entendía las guerras, no entendía cómo el ser humano podía dejar que las personas lo pasaran mal -sigo sin hacerlo-. Simple y llanamente no entraba en mi cabeza que las personas fuéramos responsables del sufrimiento de otras. Por eso, la sensación de injusticia e impotencia me recorría todo el cuerpo sin que yo pudiera hacer otra cosa que llorar y ver cómo mi madre se desvivía por reducir esa desolación que me invadía. Aún lo hace. Porque hoy, con mis treinta años, sigo sin entender ciertas situaciones “solucionables” si fuéramos capaces de escuchar. Hay muchísimos momentos que pueden solucionarse si uno se parara  a hablar y el otro a escuchar y viceversa; si no nos aferráramos a tener la razón por encima de todo y todos. RAZONAR, me decía mi madre. Desde niña he oído ese verbo y lo he intentado llevar a la práctica a pesar de mi impulsividad, porque no puedo hacer otra cosa, salvo eso. Pero queremos tener la razón,

y preferimos mentir a darla, preferimos dañar a dar nuestro brazo a torcer, preferimos seguir encerrados en nuestra propia realidad, creernos nuestras propias mentiras antes que dialogar con quien tenemos frente a nosotros.

Y todo eso me carcome por dentro porque veo cómo una simple situación podría solucionarse con un puñado de palabras  y no lo hacemos.  Pero eso no hace que desista en mi empeño. Masoquista que es una, qué le vamos a hacer.

Resumiendo: Malas noticias. Malos momentos. Mala semana. Sin embargo, siempre me fascinará los medios de escape que nuestro cerebro utiliza para anestesiar nuestro malestar. Todos tenemos un límite y al final nuestro cerebro necesita calma.

El mío optó por lo fácil. Se zambulló en la soledad buscada, en poner un cartel Cerebro descansando. Disculpen las molestias

Mi cerebro se cansó de pensar. Acerqué el sillón a la tele, más cerca de lo que cualquier padre/madre permitiría a sus hijos, me preparé algo para picar y me puse los cascos para aislarme de cualquier ruido que pudiera crispar mis nervios. Le di al play y me “tragué” todos los capítulos nuevos de Doctor Who, incluido el especial de Navidad. A eso dediqué mi tarde del sábado. Solo a eso. Me dediqué a mí, a ver una serie que, sin saber porqué tiene propiedades calmantes. Una serie de ciencia ficción, de viajes en el tiempo y en el espacio, de alienígenas, de fantasía… Puede que sea precisamente la fantasía lo que me relaje, las historias de Michael Ende también lo hacen, no sé la causa. Aunque también  lo tienen esas frases memorables que pronuncian los protagonistas y que voy apuntando en un cuaderno porque, qué queréis que os diga, me reconfortan, hacen que me sienta comprendida. Ya veis qué cosas, me siento bien escuchando frases que algún guionista lleno de esperanza escribe para una serie de televisión.

Obviamente es solo un bálsamo. La preocupación sigue ahí, pero está bien saber que cuando el adjetivo malo se convierte en animal de compañía por una temporada, una puede contar con un plan de escape que, como un sueño reparador, puede que ser breve pero repone fuerzas.

Sed buenos.

Danae

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Un comentario en “Fantasía como bálsamo

  1. Te mando un beso. Esta frase tiene que ver con lo que acabo de leer. Hablaremos de muchas cosas y nos leeremos mutuamente. Soy muy pesado. Cuando descubran el sistema nervioso de la lombarda sonreirás acordándote de mi. No lo digo por tu elección sino por todo lo que desconocemos creyendo que sabemos casi todo. Cuídate Danae.

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