Sologamia

Este palabro no me lo he inventado yo, lo leí en su momento no me acuerdo dónde, y quise escribir sobre ello. Y eso estoy haciendo no sé cuantas semanas después.

Sologamia, dícese de la tendencia a estar soltero y disfrutarlo. Osease que es ser un solterón pero sin connotaciones negativas, por lo que pasa a llamarse soloísta, que mola más. Vamos el no, no tengo pareja y no pasa nada porque yo me quiero mucho a mí mismo de toda la vida. Pero claro “lo normal” de toda la vida ha sido emparejarse y al soltero siempre se le ha visto como un ser que si no quiere tener pareja es un raro y si no la encuentra “es por algo”, de ahí el surgimiento de los soloístas.

Se supone que la sologamia es disfrutar la soledad, amarte mucho, y no amargarse por la situación. Vamos, que si aparece alguien, perfecto y si no, también. Pues sí, claro que es perfecto. Lo que puede suceder es que la invención del concepto en sí pueda ser tomado por muchos como un gesto desesperado por normalizar algo que no lo es. No me miréis así, todos sabemos que muchísimas personas creen que, a cierta edad, “uno” debería haberse convertido en “nosotros”.

Sin embargo, la situación parece que ya va cambiando- que conste que solo digo parece-, pero al mismo tiempo dudo que esté tan normalizada como alguno pretende hacernos creer -sobre todo, dependiendo del lugar en el que vivas-. Es obvio que se ha avanzado mucho, pero también es obvio que la sola idea de pasar la vida con uno mismo y nadie más es algo que, no solo resulta chocante para muchos sino que también provoca pavor en muchos otros.

Hay dos cosas que deberían quedar claras:

  1. Que la soltería ni es buena ni mala, que es una situación más y que solo depende de cómo se tome dicha situación la persona implicada.
  2.  los solteros somos como los emparejados,  tenemos sentimientos y esas cosas, lo que ocurre es que ante determinada gente somos unos bichos raros.

¿Y qué ocurre cuando eres considerado un bicho raro por algo que tú ves como una situación como cualquier otra? Pues que o te es indiferente y sigues con tu vida y le enseñas la mano al susodicho para que le cuente esas opiniones que tan poco te importan, o te reafirmas en tu decisión. Y entre estos últimos, algunos hasta deciden ir un paso más allá y casarse consigo mismo, así con vestido y todo. Sí, señoritos, la situación ha llegado hasta tal punto que algunos deciden “pasar por el altar”.

Casarse con uno mismo. Vaya gilipollez, diréis algunos. Pues puede ser. Personalmente no lo haría,  llevo tantos años conviviendo conmigo misma que ya es como si me conociera de toda la vida y, precisamente por eso, sé que no me gustaría una celebración de este tipo. Pero oye, ¿los demás? ¿Por qué no? Es una excusa como otra cualquiera para montar una fiesta y oye si es para compartir tu amor eterno con quienes te rodean, a pesar de que tu abuela no entienda ni un poco lo que te traes entre manos, pues perfecto. Al fin y al cabo, cada uno puede gastarse su dinero en lo que quiera ¿no? Y siempre que haya barra libre, todos estarán contentos, así que ¿qué mas da?

A mí lo que me inquieta es qué pasará el día en que se encuentre a alguien ¿Formarán un trío? ¿Se divorciará de sí mismo? ¿Se trata de un contrato inviolable y, por tanto, la poligamia estará permitida?  Demasiados vacíos legales que rellenar.

Sed buenos

Danae

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