Quédate hoy conmigo

Hace unas semanas os hablé, de una forma un tanto peculiar, de un libro que me había comprado (podéis leer la entrada aquí). Era de poesía y en su interior “colaron” textos de otros autores. De todo el libro, autores “colados” y del propio autor incluido, el que más me emocionó fue uno de Walt Whitman:

whitman

En realidad, el poema sigue pero en el libro decidieron dejarlo así. Pensaron que con el comienzo era suficiente. Lo es. Da la sensación de que a Whitman se le ocurrió el poema mientras tomaba el café mirando a esa persona, fuera quien fuera, como quien piensa en la lista de la compra.  Y os seré franca, eso es algo que me jode, porque a quienes nos gusta escribir, leemos eso y pensamos coño qué sencillo, qué “fácil” ¿Por qué puñetas no se me ha ocurrido a mí?.

Empieza con un Quédate hoy conmigo y joder qué bonitas son estas palabras cuando salen de la boca de quien uno quiere. Ya sé que alguno me va a decir que si realmente hay amor no es necesario decir eso, sí…ya me conozco eso, de la misma forma que los “te quiero” mejor demostrarlos en hechos que en palabras pero ¡ay como no nos lo digan! ¿Verdad? Pues eso. Así que si alguien te pide que te quedes -doy por hecho que a ti también te gusta la otra parte- quédate. Punto. No importa que te lo digan en la cama o mientras hacéis la cena o viendo un partido de fútbol. Te está pidiendo que no te vayas. No lo hagas. Es tan sencillo que creemos que hay gato encerrado y nos entra el miedo, pero es que en realidad no necesitamos más que eso, que nos miren a los ojos y que nos digan que nos quedemos.

Cuando me encuentro con textos como estos, tan sencillos que los podría haber escrito “un cualquiera” como tú o como yo, siempre me acuerdo de las veces que hemos visto un cuadro o leído un texto y exclamar un Bah, eso podía haberlo hecho yo. Sí. Pero no lo has hecho. Es inevitable creer eso cuando nos encontramos ante algo tan aparentemente fácil y exento de complejidad. Así que leo algo como lo que escribe Whitman tan sumamente sencillo, tan sutil que nos pasa desapercibidos, como un susurro en medio del ruido y pienso, qué básico, pero qué necesario y, aún así, no he conseguido escribir algo así.

Este tipo de textos es a lo que yo aspiro a escribir, lo dice todo sin apenas profundizar en nada. Como ya he dicho el poema continúa, pero en esos tres versos se concentra todo de un modo personal, natural, libre de aditivos. Solo un quédate, para qué más. Solo un día y una noche. Así sin más. Y así sin más estoy aquí pensando en ese puñado de “quédate” que nunca llegué a pronunciar y en aquellos que siempre quise escuchar. Preguntándome  ¿Por qué no se ocurre algo así a mí? Tan sencillo, tan claro, tan de estar por casa, con lo que me gusta a mí lo sencillo, lo claro y lo de estar por casa. Pienso en todo esto, porque estos versos llegan al alma y cómo me jode no haberlos escrito yo.

Sed buenos.

Danae

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