Cosas de familia

Ya sí que sí, estamos en Navidad  y el goteo de publicaciones que hablan de cómo sobrellevar estas fiestas no cesa. Reconozco que tengo un poco de vicio con este tipo de consejos. Primero, porque son un copia y pega de los del año pasado -algo normal teniendo en cuenta que lo único que cambia es la fecha de publicación- y me gusta ver si han añadido algo nuevo -la respuesta es no- y segundo, porque lo leo y me siento como un alienígena.

Le toca el turno a la Nochebuena y la Navidad, y desde hace semanas se ofrecen todo tipo de consejos para aguantar al cuñado graciosillo, a la suegra tocapelotas, a la abuela impertinente o a ese miembro de la familia que siempre saca a relucir el tema de la política. Me parece perfecto, pero es que yo ni tengo cuñados, ni suegras, ni abuelas ni miembros de la familia que se dediquen a politiquear durante la comida/cena. Así que claro, lo leo y me pregunto ¿tan mal lo pasa la gente en Navidad? Porque yo los interrogatorios exhaustivos que parece sufrir la gente por parte de su familia para saber todos los detalles íntimos de la vida de uno, yo no los he pasado. No por parte de mi familia, sí por el resto del mundo, pero eso es otro tema. Tal vez sea porque mi familia la formamos cuatro gatos o porque  “utilizamos” las reuniones familiares para ponernos al día y para contar alguna que otra “batallita” del pasado, de esas con las que, si te descuidas, se te sale el champán por la nariz.

Por supuesto que, en estas reuniones siempre está de fondo los programas típicos en donde Raphael sale dando el cante. que bello es vivirNo importa lo que estés viendo, aunque sea una serie tipo CSI, Raphael aparecerá en cualquier momento porque ¿qué sería la Navidad sin Raphael? En mi casa nunca se han visto estos especiales, pero siempre se ha dejado la tele encendida y la hemos oído en la lejanía, como un murmullo callado por la conversación familiar. También recuerdo que una de las cosas que más me gustaba era ver Qué bello es vivir. Era la película estrella, la ponían todos los años a la misma hora y, por muy ñoña que fuera, nunca me cansaba de verla. Con los años, Qué bello es vivir fue sustituida por Jungla de Cristal, Love Actually o El diario de Bridget Jones. Cada época tiene su película y yo ahora prefiero verlas todas aún a riesgo de que mi cerebro sufra un colapso.

Así que cuando la gente habla de esos familiares tocapelotas, no lo consigo comprender del todo. Para mí, lo único que me supone un esfuerzo mental es ayudar a decidir el menú, algo que cada vez me resulta más complicado, sobre todo porque si por mí fuera estaría compuesto de patatas fritas, cerveza y helado de chocolate, pero es algo que nunca consigue el beneplácito de mi santa madre.

La Navidad es, por encima de todo, una fiesta familiar. Nos guste o no. Y si eres de los que tienes que aguantar a familiares de cuya compañía no disfrutas demasiado, solo puedo decirte que le des al vino, que subas el volumen del especial navideño de Raphael y que, a pesar de todo, disfrutes. Siempre. Eso que no se nos olvide.

Sed buenos
Danae

 

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