¿En qué coño estás pensando?

Si me lo permitís , me  voy a poner seria, mucho más seria de lo que os tengo acostumbrados, voy a guardar mis sarcasmos en el cajón de mi mesilla de noche porque quiero preguntar una cosa ¿En qué coño estabas pensando? Mejor dicho

¿En qué coño estás pensando? Sí tú el del móvil en la mano ¿en qué coño piensas?

Voy a dejar de lado mis sentimientos acerca el atentado de Barcelona, porque dudo que se diferencien en algo del resto de la humanidad. No voy a entrar en porqué unas vidas valen más que otras y apenas se haya hablado del atentado en Nigeria, no voy a hablar de los gilipollas de turno que han soltado sus perlas de “pocos catalanes han sido” tampoco en los comentarios xenófobos sin fundamento alguno y mucho menos en las ganas que tengo de callar la boca a alguno por bocazas y por absurdo. No, no voy a entrar en eso. Pero sí quiero entrar en una cosa que se lleva repitiendo en cada atentado, accidente y cualquier situación con víctimas de por medio: las grabaciones y las fotos de las víctimas.

Repito ¿En qué coño estás pensando? Me parece el colmo de los colmos que la policía haya tenido que pedir por las redes que no se difundan imágenes de las víctimas ni de los dispositivos. EL COLMO. En serio, explícamelo porque no lo entiendo ¿En qué piensas? Porque pensarás en algo ¿no? Pensarás que a lo mejor si grabas toda esa mierda podrás cederla a los medios de comunicación siempre y cuando pongan tu nombre, porque es lo que importa ¿no? O a lo mejor es que quieres ser el primero en Twitter en compartir todo ese dolor, porque siempre quisiste ser periodista y te crees que así lo consigues ¿Verdad? Pues no, amigo, no.

Dime qué sientes. Dímelo tú que has grabado y fotografiado dolor, sangre, miedo, muerte y confusión. Dime qué se siente al grabar a esa gente a la que has abandonado, sí LA HAS ABANDONADO, porque tú con tu móvil en mano has demostrado que esa gente (y en realidad cualquiera), te importa una mierda. Sí. Enhorabuena, eres un maldito cabrón. Es lo que querías ¿no? Digo yo que eso es lo que pretendías, porque si no hubieras guardado el móvil en el bolsillo y hubieras intentado tranquilizar a toda esa gente tirada en el suelo cubierta de sangre y cagada de miedo.¿ Qué no eres médico? No, pero solo tenías que coger la mano de alguien y decir No te preocupes, todo saldrá bien, aunque no lo supieras, aunque fuera mentira. Porque tienes manos para hacer eso ¿verdad? Son las mismas que utilizas para dar a grabar en ese maldito móvil.

Contéstame a una cosa ¿Te hubiera gustado ver a tu madre, padre, hermanos o amigos grabados en el suelo muertos o gravemente heridos? ¿Te gustaría ver a tu pareja en las redes sociales asustada por lo que acaba de presenciar?

¿Te gustaría  estar herido y asustado, más asustado de lo que vas a estar en toda tu vida y que alguien te grabe en vez de echarte una mano?

Contéstame, porque necesito entenderlo.

Y qué decir de los medios de comunicación. Los profesionales que  muestran el dolor en su forma más pura porque el morbo es lo que vende. Nadie quiere ver sonrisas, quiere tiros y sangre y muertos, como en las películas de acción que son las que más molan. Queremos carnaza, imágenes y cuanto más explícitas mejor.  Y nosotros que lo vemos. Y a lo mejor tú, cabrón con móvil te has fijado en ellos para hacer lo que has hecho.

Pero tampoco seamos hipócritas, porque esto, queridos niños, es cosa de dos, si uno no demanda el otro no lo ofrece. Misma mierda de siempre. Lo mismo de siempre. El dolor en directo, sin importar nada ni nadie, porque es información ¿verdad? Todo sea por mantener a los ciudadanos informados. Claro, que lo hacéis por nosotros. Y ahora son muchos los que han reaccionado, porque este atentado nos ha tocado a nosotros, porque todos tenemos a alguien en Barcelona y nos hemos asustado, pero se lleva años haciendo, lo que pasa que si ocurre en Siria, Sierra Leona, Nigeria o Pakistán no importa tanto, total allí están siempre igual y ya están acostumbrados ¿no? Pero ahora sí. Y yo me pregunto de quien es la culpa. Y no sé qué contestar. Porque uno no da si el otro no quiere.

Y solo puedo pensar qué coño hemos hecho para que prefiramos grabar dolor que intentar reducirlo, de la forma que sea, desesperadamente pero reducirlo, solo para evitar más sufrimiento innecesario. Y yo me pregunto ¿En qué coño estamos pensando? Y no sé qué contestar.

Danae.

 

Sonríe

Como gran ojeadora de revistas y blogs de diversa índole y repito, ojeadora que no lectora, siempre me he preguntado ¿Por qué se sonríe tan poco? Iba a decir que en los tiempos que corren no habría que dejar de sonreír, pero todas las épocas son malas y buenas son las sonrisas que las suavizan.

Sonreír, reír y vuelta a empezar. No es necesario reír histéricamente por la calle, porque no queremos terminar en un manicomio, pero sonriamos por favor. Sonriamos mientras podamos. Y, por favor, sonreíd bien. Nada de risas fingidas, nada de sonrisas que no llegan  ni a mueca, nada de falsedades ni gestos forzados. Si sonríes, hazlo bien.

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No hay que ser experto para saber que cuando uno sonríe, se siente mejor. Porque es un pequeño bálsamo que nos reconforta y nos protege de tanta seriedad.

Sonreír. Reír. No importa. A veces van de la mano. A veces cada una va por su lado. A quién le importa eso.

Sonrisas que muestran una dentadura blanca… o no, que enseñan mucha encía y poco diente, sonrisas tímidas, sonrisas que derivan en risa contagiosa, carcajadas instantáneas que se convierten en sonrisas duraderas. Recuerdos que te dibujan una sonrisa nostálgica, sonrisas que enamoran, sonrisas de enamorados, sonrisas meláncolicas… sonrisas del tipo que sean, pero siempre auténticas.

A veces andamos escasos de buenos momentos y una simple sonrisa puede solucionarnos un día de mierda  Así que por favor, sonreíd. Sonreíd siempre que podáis, porque ya tendremos tiempo para estar tristes y serios o todo a la vez.  aunque parezca que se os haya metido una percha en la boca. No importa. Sonreíd.  Pon una sonrisa en tu vida y no la abandones, ella nunca lo haría.

Sed buenos

Danae

 

Paraíso casero

Estoy escuchando música en mis cascos para aislarme del resto del mundo. Últimamente los cascos parecen formar una parte de mi cuerpo. Siempre puestos, siempre para aislarme, aunque no tenga nadie a mi alrededor ni ruido que pueda molestarme. Solo aislarme y escuchar mejor mis pensamientos, a veces ocurre algo mejor y ni siquiera pienso en nada, pero eso ocurre pocas veces.

Escucho atenta cada acorde, cada instrumento aunque no sepa identificarlos, solo escucho, porque eso se me da muy bien. Callarme la boca y escuchar música, sin ruidos de fondo, sin palabras que rompan la sintonía ni personas que resquebrajen la fina capa que me separa de todo lo demás. Sin nada que se entrometa entre mi música y yo.

 

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Fotograma Person to person

 

 

Escucho y lo noto. Noto como todo parece estar tranquilo, en un silencio tan perfecto que parece irreal. Lo parece porque  lo es, porque en realidad no lo hay. Sin embargo, todo se  ha vuelto lejano, como si una burbuja me rodeara y me protegiera de todo lo demás. Pero no hay nada más, porque solo estamos mi portátil, la música y yo. Solos en el salón, sin ninguna pretensión, sin ninguna meta que cumplir en este domingo que parece haberse detenido por unos minutos,  los justos y necesarios para que me dé tiempo a escribir estas líneas. Una pequeña ventaja que solo dura lo que dura la canción, un tiempo que yo intento estirar poniendo la canción en bucle para que esta tregua sea lo más larga posible.

Pero al final ocurre lo que tiene que ocurrir: que la canción termina, la burbuja explota y el minutero corre más deprisa para recuperar el tiempo perdido. Un tiempo que se ha perdido en este pequeño paraíso casero que me he montado yo sola en casa. Solo con una canción, solo con unos cascos, solo yo.

Sed buenos

Danae

 

 

De mayor quiero ser

Yo de mayor quiero ser niña de nuevo. Siempre curiosa, siempre sonriente, siempre cayéndome, siempre levantándome.

De mayor quiero ponerme lo primero que pille y salir a la calle, sin importarme los pelos de loca o si la ropa no combina. Quiero ser niña y ser ingenua e inocente y no tener que justificarme por ello.

Quiero convertirme en una niña que defienda a capa y espada la idea de que un mundo mejor es posible, simplemente porque seré yo quien lo consiga.

 

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Matilda

 

Yo de mayor quiero ser niña de nuevo. Siempre expectante, siempre preguntona, siempre enérgica e invencible, con tener la certeza de que absolutamente nada podrá pararme.  Encontrar la felicidad en un bocadillo de chocolate y viajar a mundos imposibles desde mi habitación, porque con mi imaginación podré ir adonde yo quiera. Y jugar. Siempre jugar. Jugar a todo aunque no tenga sentido para nadie salvo para mí.

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De mayor quiero ver películas de magia y fantasía y creerme que todo eso existe de verdad. Quiero soñar de día y de noche. Un poco como ahora pero sin remordimientos. Quiero protegerme de mis miedos cubriéndome con las sábanas y hacerlos desaparecer simplemente encendiendo la luz.

Quiero descubrirlo todo por primera vez una y otra vez. Y ver la rutina con ojos de explorador y encontrar aventuras en donde otros ven más de lo mismo y sentirme heroína de mi propia historia.

De mayor quiero ser niña y poder pensar que todo saldrá bien y creérmelo.

Sed buenos

Danae

Querida gente guapa

Sé que no tenéis tiempo para gente como yo, pero quería dedicaros unas palabras:

Mis amigos guapos, yo tengo mi celulitis, mis estrías y mi recién estrenado acné juvenil a la tierna edad de 31 años. Me trabo al hablar y la mitad de las veces digo lo que no quiero por mi manía de no pensar demasiado lo que sale por mi boca, No soy cool ni perfecta, puede que por eso mismo no me meta con nadie, ni humille a quienes son diferentes a mí. Vosotros lo hacéis porque no sufrís los “problemas” mundanos, vuestra piel perfecta y vuestro cuerpo atlético os impide ser empáticos. Os comprendo. Tiene que ser difícil ser vosotros y aguantar tanta fealdad y necedad.

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Vosotros, los que estáis detrás de esos avatares que no os definen, los que os ocultáis bajo la sombra del anonimato, sé que no lo hacéis por cobardía sino no queréis hacernos sentir pequeños. Vosotros, los guapos, criticáis hasta abrir una herida lo suficientemente grande cuya cicatriz que nos recuerde que no somos perfectos, y que espabilemos y no nos durmamos en los laureles.  Lo hacéis por nuestro bien, lo sé, pero no estamos preparados para tanta sinceridad.

Soy plenamente consciente de que sois los que manejáis el cotarro de muchas revistas y programas de televisión. Que os contratan a vosotras, gente guapa, las que gozáis de culos sin celulitis, de cuerpos estupendos, de abdominales marcados y barbas bien recortadas, porque sois las únicas con derecho a señalar las imperfecciones ajenas.

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Vosotros, tan perfectos, a los que el universo quiere tanto que cuando llueve un campo de fuerza invisible os cubre para que vuestro precioso pelo no sufra encrespamiento, sois los encargados de señalar con el dedo a los imperfectos, a los famosos que van de guay y, sin embargo, tienen pieles flácidas y pelos desastrosos. Pero ¿de qué va esta gente? ¿Cómo osan ir de cool cuando apestan? Si yo lo entiendo. Porque en el fondo, ellos son como nosotros, gente normal con sus defectos.

Lo entiendo. La imperfección es una forma de debilidad y vosotros, tan inteligentes y guapos y bien formados no podéis soportarlo. Soy consciente de que vuestra grandeza nos hace pequeños, que nuestras canas en nuestros encrespados pelos os ponen de los nervios pero ¡oh señores de la perfección absoluta! lo que quiero deciros con tanta palabrería es que tengáis compasión de nosotros, los mortales imperfectos, porque las palabras duelen, porque las jodidas no sabéis lo profundo que se llegan a clavar.

Gracias.

Sed buenos.

Danae

 

Qué bonito sería si…

Me he puesto a pensar sobre el amor. Así de repente. No es que me haya dado por recordar mis grandes amores, porque yo de eso no he tenido. Tampoco me ha entrado la prisa por encontrar un novio que me lleve a la bahía y me diga que guapa soy y que tipo tengo. No, simplemente me he puesto a pensar en el amor, así sin más. Y, obviamente, no he llegado a nada porque el amor, como bien sabemos todos (o deberíamos saber) no se piensa, sino que se siente.

Y a veces uno echa de menos eso de querer a alguien ¿verdad? Más allá de la familia y los amigos, uno piensa Jo, qué bonito sería si… Pero ya hemos aprendido que desear a lo loco no sirve de nada y que, además hay que tener cuidado con eso, no vaya a ser que se cumpla y se fastidie la cosa.

Pero Jopeeee yo quiero querer un poco y vivir una historia de amor digna de ser contada, dice una vocecilla infantil en mi interior. Yo también, piensa mi yo adulto,  sin final trágico a ser posible, que no todas queremos ser Julieta. Y es que resulta que aunque tengamos una familia maravillosa y unos amigos a los cuales queramos, no es suficiente ¿verdad? Porque nunca lo es, porque somos unos malditos inconformistas y lo queremos, y aunque uno se sienta a gusto consigo mismo y con lo que le rodea, a veces después de escuchar una canción o ver o una película o leer un libro, uno suspira y suelta un Jo que bonito sería si…

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Y en esta tesitura uno comienza a querer tener a alguien a su lado, pero claro no sirve con sentarse en un banco junto a una persona que te parece mona y mucho menos ir a una cafetería y sentarse en una mesa en donde ya está ocupada por un desconocido. No nos engañemos quedaría raro. La opción de ir chillando a grito pelado que regalas amor tampoco es recomendable, así que solo te queda esperar. Porque dicen que el amor es algo que surge cuando menos te lo esperas y por eso te pones a buscar todos esos objetos que perdiste y nunca encontraste, porque también dicen que si buscas otra cosa aparece lo que realmente quieres encontrar. Y quién sabe, a lo mejor surge el amor debajo de la cama , envuelto para regalo y cubierto de polvo y pelusas. Pero no, eso tampoco va así, aunque no pasa nada por probar.

Claro y una reflexiona acerca del amor y no sabe qué pensar, porque ya hemos dicho que el amor no se piensa. Y en este momento uno se da cuenta que ha entrado en un bucle del que difícilmente va a poder salir.

Pero qué narices, a una pues le gustaría decirle a alguien eso que cantaban The Kinks:

So I Will follow you wherever you go if you offered hand is still open to me.

Stanger on this road we are on ,

we are not two we are one

Porque es bonito y ya está, aunque solo se trate de una canción. Porque hay melodías bonitas y hay historias que uno quiere vivir aunque duren poco más de tres minutos. Por que el amor no se piensa, pero sí que se canta y se lee y se siente igual que si uno lo viviera en sus carnes. Que aquí el que no se consuela es porque no quiere, al fin y al cabo, todas esas historias de amor son la última esperanza de quienes no tenemos a nadie a nuestro lado a quien poder decir que no somos dos, somos uno solo.

Sed buenos

Danae

Páginas de cortesía

Así se llaman esas páginas en blanco  que separan el bloque de texto de las hojas de guarda (esas que sirven para ocultar las partes menos estéticas de la encuadernación)*.

Qué detalle, joder. Hojas de cortesía o de respeto, así son los libros de generosos que, además de ofrecernos sus historias, nos dejan un hueco para nosotros, para que contemos lo que nos dé la gana y terminemos formando parte de la historia.

Hay amantes de los libros que guardan sus libros impolutos, igual que el primer día, como si estuvieran en una urna de cristal. Libros cuyas hojas de cortesía continúan tan blancas como el primer día. Yo, como ya he dejado claro en otras ocasiones, no pertenezco a ese grupo. Tengo que interactuar con el libro, hablarle, preguntarle y señalar lo que me llama la atención; y he utilizado en numerosas ocasiones,  esos espacios vacíos del principio o final para escribir alguna idea o reflexión que me ha surgido al leer el texto. Sé que mi forma de tratar a los libros pondría de los nervios a más de uno, pero siempre he pensado que los libros hay que vivirlos, y yo los vivo de esta manera.

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Si me dejo llevar por la cursilería que me invade hoy, diría que estas páginas nos ofrecen una oportunidad: Una oportunidad de conocer el pasado del libro si lo hemos comprado en una tienda de segunda mano; de escribir nuestro nombre y la fecha en la que lo compramos y convertirlo, desde ese momento, en algo nuestro. Esas páginas en blanco pueden ser nuestra única oportunidad de dedicarle el libro a ese alguien que tanto nos importa. Ese espacio es una oportunidad de escribir unas palabras en ese libro que nos hubiera gustado escribir a nosotros, de anotar nuestras impresiones sobre él, de garabatearlo porque no sabemos expresar lo que queremos de otra manera… nuestra oportunidad de comunicarnos con el libro y decirle: Joder macho, me he enamorado de ti.

En fin, estas hojas nos dan la oportunidad de convertir un libro corriente, uno más entre un millón, en único. Una vez escrito, ya no habrá ninguno como él.

Sed buenos

Danae

*Podéis leer el artículo aquí