Tirarse por un puente

Hoy quiero compartir con vosotros un breve fragmento del libro Matar a un ruiseñor:

-Atticus, es posible que te equivoques…

-¿Cómo es eso?

-Mira, parece que muchos creen que tienen razón ellos y que tú te equivocas…

-Tienen derecho a creerlo ciertamente, y tienen derecho a que se respeten en absoluto sus opiniones- contestó Atticus- pero antes de poder vivir con otras personas tengo que vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno.

Se trata de una explicación sencilla de un padre a su hija pequeña. Un argumento que ha conseguido que una servidora reflexione profundamente acerca de esa dura lucha que a veces mantiene nuestro yo individual frente a un grupo.

matar a un ruiseñor
Fotograma Matar a un ruiseñor

En ocasiones olvidamos que el si todo lo el mundo lo hace será por algo no es un argumento válido. El hecho de que un gran número de personas se decante por una acción/idea y no por otra, no lo hace mejor ni más válido; por la misma razón, que uno se encuentre solo ante cierta decisión no implica que esté equivocado.  En realidad, todo podría resumirse en la pregunta que nos soltaba nuestra madre cuando le decíamos que habíamos hecho algo que no estaba del todo bien porque todos mis amigos lo hacen y no pasa nada: Qué pasa, si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también te tiras?. Siempre decíamos que no, pero sabíamos que no era cierto, porque ir con el grupo, aunque fuera contra el suelo, se hacía menos duro que quedarse atrás.

No nos engañemos, muchas de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida consiste en eso: en elegir si tirarnos por un puente como los demás o seguir nuestro propio camino.

Sed buenos.

Danae

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Vivir en Instagram

Con vuestro permiso voy a empezar quejándome porque quejarse es bueno para la mente y para el cutis, que guardarnos las cosas dentro seguro que produce arrugas. Bien, hace calor y tengo calor. Así de simple e infantil.

Dicho esto, cómo molaría vivir en una cuenta de Instagram ¿Eh? Ahí a tope de perfección. Veréis, de adolescente quería vivir en un anuncio de compresas: sin dolor ni molestias, todo lleno de colores y felicidad, vamos como la vida misma; pero ahora con todo esto de Internet pues he decidido dar un paso más allá y prefiero vivir en una cuenta de Instagram, me vale solo con una publicación, ahí sin sudores, ni pelos encrespados – sin pelos en general- , ni preocupaciones, ni prisas, sin brillos ni calores; quiero vivir en un momento, en una piscina libre de hongos y “pises”, aunque yo no sea muy de piscinas. Es lo que tiene el calor, que hace que desees cosas que ni siquiera quieres hacer.

Mónica ramos
Ilustración Monica Ramos

Otra cosa que tiene el calor es que a una le da por procrastinar, lo cual agrava la situación, ya que si a uno le da pereza todo, inevitablemente acaba en las redes sociales. Así que tenemos vagancia y una fijación absurda por ver qué es lo que están haciendo los demás y TÚ NO, y claro esto puede producir envidia. Envidia de la mala quiero decir. A estas alturas no nos vamos a engañar con un eso a mí no me gusta, pues yo estoy feliz de hacer X (poned aquí lo que queráis) en vez de estar en una terraza tomándome una cerveza/ir a la playa/bailar desnudo al ritmo de mi canción favorita, si…ya… no cuela. Que  sí, que ya sabemos que la mayor parte de lo que nos presentan es puro postureo, una mentira cochina vamos, pero NOS DA IGUAL, porque nos gusta sufrir y punto. Y además tenemos calor.

Así que mientras tú andas currando, estudiando o intentando buscarte la vida con tus pelos encrespados y tu moreno código de barras -porque tus brazos están bronceados pero tus piernas están blancas…muy blancas… excesivamente blancas-, esos desagradecidos de moreno uniforme, dientes perfectos y pelos libres de encrespamiento  y con mucho tiempo libre están ahí gozándolo y encima lo comparten.  Todo muy indecente. Y nosotros entramos a verlo, a ver lo indecentes que son y a corroborar nuestra teoría sobre la indecencia.

Y de esta forma tan indecente solo puedo esperar a que baje un poco la temperatura aunque en realidad no hace tanto calor, pero es por quejarme porque yo quiero vivir en una publicación de Instagram pero en vez de piscinas y bikinis, prefiero quedarme en una biblioteca fresquita llena de libros y bebiendo una cerveza, siempre fría, que nunca se acabe….de la resaca ya hablaría en la siguiente publicación.

Sed buenos

Danae

Como una dama

La mujer ideal es la que sonríe como una niña, seduce como una mujer

y se hace respetar como una dama.

Bonito ¿verdad? Una obra maestra. Quien escribió esto debió de sentirse muy a gusto consigo mismo.

Si sentís estupefacción, asombro o habéis soltado un “qué mierda es esta”, es algo parecido a lo que sentí al ver esto en Pinterest. Supongo que debería sentirme ofendida o algo por el estilo, pero no. No sé ni en qué época se escribió esto, ni quién ni nada. Si alguien me informa que esta frase pertenece a los tiempos de Maricastaña pues vale, no hacemos caso y ya está. El problema reside en que, si se escribió hace tiempo y se vuelve a compartir, algo estamos haciendo mal.

El caso es que  si no me ofendo es porque opino que este tipo de comentarios no tiene sentido alguno, es una de estas frases que no tengo claro si pretende ser machista o si buscaba todo lo contrario y el que (o la que) lo escribió se acabó liando entre tanta palabra.

Vayamos por partes:

  • Sonríe como una niña, pero bueno ¿la gente se piensa que se puede elegir la forma de sonreír? A lo sumo que se puede llegar es que alguna mantenga algún diente de leche por ahí escondido. A lo mejor con eso les sirve.
  • Seduce como una mujer: qué manía con esto. La gente debe creerse que a las mujeres, cuando cumplimos los 18, nos regalan el manual de la perfecta seducción, pues no. Mucha gente no sabe seducir y no por ello es menos, si acaso se ligará menos pero todos tenemos nuestro público así que no lo convirtamos en un drama.  Además, volvemos a lo mismo ¿Qué es seducir como una mujer? ¿Mirada profunda, boca entreabierta y cruce de piernas? Alguien ha visto mucho Instinto básico.
  • Se hace respetar como una dama. A mí esto me suena a un “nada de ir de flor en flor que eso es de pilinguis”. Un poco anticuado -por decir un adjetivo suave- ¿no?

En cierto modo, me ha hecho un poco de gracia leer esta última parte porque me he acordado de mi abuela paterna cuando me censuraba ciertos comportamientos: siéntate como una señorita, así no hablan las señoritas y, en definitiva, que debía comportarme como una señorita. Nunca lo consiguió y si me viera lo más probable es que se tirara de los pelos al ver a su única nieta tirada en el sofá comiendo patatas y bebiendo cerveza. Qué le vamos a hacer, nunca fui de beber té con el meñique levantado.

niña lamiendo plato

Si poco me importaba ser una señorita a los 7 años (y a los 10, y a los 12 y a los….), imaginaos lo que me preocupa ahora ser una dama. Nada. Cero patatero. Para empezar, me parece un concepto obsoleto; para seguir, las personas deberían ser quienes les diera la gana ser; y para terminar, estas frases deberían desaparecer, aunque no tengo mucha confianza en ello. Yo por mi parte prefiero reírme de estos comentarios y compartirlos para que se vea cuán ridículos son. No nos ofendamos por estas cosas, al fin y al cabo solo demuestran la ignorancia de quien lo escribe.

Sed buenos

Danae

*No sé de quien es la foto, así que si alguno lo sabe que me lo diga. Le estaré eternamente agradecida.

 

Así de todo

Os voy a decir una cosa: no tengo ni puñetera idea de qué escribir. Ahora mismo estoy en blanco. Me encuentro rodeada de por lo menos siete libretas de donde podría sacar material de sobra para esta entrada pero no, lo único en lo que piensa mi cabeza es si salir a dar una vuelta o seguir con mi maratón de películas con Chris Pine como protagonista. Así de simple. Así de… ¿superficial? A veces lo somos, no pasa nada por ello.

Hoy no tengo ganas de alzar la voz por nada, tal vez porque el aire acondicionado me ha dejado la garganta como un papel de lija. No es que me incomode tener una voz profunda y varonil digna del propio Barry White, pero el escozor es bastante puñetero. No os voy a mentir: la idea de quedarme a solas con Míster Pine me resulta casi tan atractiva como él, y puede que estas palabras llamen la atención a quienes están acostumbrados a leerme. No, no es típico de mí hablar sobre estas cosas, tampoco es raro. Soy de las que piensan que un poco de superficialidad rebaja la tensión diaria. No pensar es un respiro para la mente, sobre todo para quienes, como yo, siempre tienen algo rondando por la cabeza. Pero esto, claro está, es sano en pequeñas dosis, si no corres el riesgo de convertirte en un auténtico gilipollas.

dont think

Tengo la mente en blanco y he decidido dejarla como está. Después de varios intentos fallidos de escribir algo, he decidido que lo mejor es no forzar la maquinaria. A lo mejor es una señal, un “anda maja, tírate en el sofá y vaguea un poco que falta te hace, ya harás algo de provecho mañana”. Así que me he decantado por ignorar a esa vocecilla puñetera que me intenta persuadir para hacer algo de provecho, dejar de lado las palabras, los compromisos sociales, la vida familiar, las obligaciones, y permitir que el tiempo corra sin más. Sin agobios, sin prisa, sin lista de cosas pendientes.

Hoy es el día en el que dejo de lado mis libros, mis libretas y mis pensamientos. Solo por unas horas, lo que dure la película que voy a ver simple y llanamente porque el protagonista está bueno. Así de fácil. Así de simple. Así de superficial. Así de todo.

Sed buenos

Danae

Duérmete niño, duérmete ya

Vengo aquí a reivindicar que las nanas no son cosa de niños. Asociamos estas canciones a melodías de rima fácil que provocan, si hay suerte, que el niño deje de berrear y duerma a pierna suelta. Pero no, hay nanas que no lo parecen y que pueden ayudar a adultos como tú y como yo a no retrasar la hora de meternos en la cama. Me refiero a esas canciones que con solo oírlas nos calma y nos incitan a un sueño tranquilo y necesario.

Esa voz suave, dulce, que te canta bajito, como un susurro y te acompaña de la mano hacia el mundo de los sueños… no, no es cosa de niños. No debería serlo. La música es el bálsamo para los insomnes, esa píldora mágica que, aunque no te llegue a adormecer, si te sume en una tranquilidad necesaria. Las nanas son melodías escritas para olvidar, para convertir un momento en EL momento, para no temer al sueño que tantas veces nos es arrebatado.

Little blue dreamer go to sleep
Let’s close our eyes and call the deep
slumbering land that just begins
When day is done and little dreamers spin

Tampoco me voy a poner exquisita, hay canciones que nos transmiten esa sensación de protección maternal y que nos incitan a la somnolencia y la tranquilidad sin ser nanas. También me vale. Este tipo de música es un abrazo en mitad de la noche, una caricia que nos reconforta, es un “tranquilo que todo irá bien”. No es solo una canción, es nuestra cura contra el estrés, contra el miedo a los monstruos nocturnos, contra las preocupaciones, contra el embrollo que se ha formado en nuestra mente y somos incapaces de deshacer.

Nuestro descanso, la construcción de nuestro mundo nocturno a veces depende de una “simple” melodía. Escoged con cuidado, porque os acompañará siempre.

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Sed buenos

Danae

Escuchar y todo lo demás

Nos gusta aislarnos. Habrá quien diga que no, pero las pruebas son claras. Vamos de un lado para otro con la vista puesta en el móvil o en las nubes, no importa, nos gusta ir a nuestro aire aunque en realidad nos cueste estar solos. La cuestión es que vamos a nuestra bola y luego pasa lo que pasa, que nos chocamos con una farola y pedimos perdón pensando que es una persona -le pasó a una amiga, no a mí-.

Vayas donde vayas los ves, gente con los auriculares bien puestos, muchos pasean con sus cascos de diadema consiguiendo que la calle parezca un desfile de princesas Leia modernas.

No. No, no vengo a despotricar contra el uso de cascos, me han ahorrado el tirarme de los pelos en más de una ocasión, pero también os advierto a vosotros, los que vivís con las orejas tapadas de forma continua, que no sabéis lo que os estáis perdiendo.

Lo bueno de ir con los oídos libres es que escuchas y lo bueno de escuchar es que puedes encontrarte perlas que pueden alegrarte el día, como aquella tarde en la qué pasé cerca de una madre y su hija de unos siete años, no sé de qué discutían pero consiguieron dibujarme una sonrisa. La madre le suelta a la niña no te voy a escuchar más y ella, ese retaquillo que solo buscaba un poco de consideración por parte de su progenitora le contesta con un Pues si tú no me escuchas a mí, yo no te escucho a ti. JAQUE MATE señora. Esa niña se ganó todos mis respetos.

Pasear sin cascos te ayuda a fijarte en pequeños detalles, en sonidos que te pasarían desapercibidos si estuvieras escuchando música y, por supuesto, dispones de un gran repertorio de conversaciones de desconocidos que, si bien te importan muy poco, no puedes evitar poner la oreja y, si no te gusta, siempre puedes cambiar de canal y escuchar otra conversación. Esto,además, es un gran ejercicio mental, ya que uno puede aunar las dos actividades que resultan más placenteras: cotillear e imaginar historias. Con lo poco que sabemos podemos montarnos nuestra propia película. Claro que, en ocasiones, lo poco que conoces ya es demasiado y prefieres no saber más. No hace mucho pasé cerca de dos amigos (un chico y una chica) que no llegarían a 18 años- digo yo-, y ella le contaba a su confidente que lo que tiene de grande aquí, señalando su “paquete”, lo tiene de corto aquí, señalando su cabeza. Más claro el agua. Pobrecilla, la chiquilla estuvo con uno que la tenía grande pero que debía de ser tonto, no se puede tener todo en esta vida.

No siempre le gusta a uno enterarse de la vida ajena, sobre todo cuando lo único que busca que le dejen tranquilo, algo muy complicado de conseguir teniendo en cuenta que todo el mundo comparte su vida privada a viva voz por audios de whatsapp. El ámbito de lo público y lo privado se está difuminando un poco, porque ¿hasta qué punto puede considerarse que tu vida es privada si se lo estás berreando a tu interlocutor en un autobús lleno de gente? Pero eso es otro tema, pero ahí lo dejo.

De todas maneras, como digo, uno puede encontrarse maravillas que te alegren el paseo y es que escuchar a un hombre decirle a su pareja Si no pesa nada, ¿no ves que pesa muy poco? Realmente no tiene precio.

olivia colman by andy gotts
Olivia Colman by Andy Gotts

Escuchemos lo que nos rodea, a lo mejor consigue dibujarnos una sonrisa que no esperábamos esbozar.

Sed buenos

Danae

 

Contar

Hoy vengo para contar, no tengo muy claro el qué ni hasta qué número. Como soy de letras optaría por haceros un resumen de todo en general y aún me sobraría espacio para hablar acerca de historias que pudiera tomar prestadas. Podría compartir con vosotros detalles que, a lo mejor os importa bastante poco como que me he levantado con resaca y, lo más triste, no por exceso de cerveza sino por falta de sueño. Es curioso cómo dormir poco tiene las mismas consecuencias de beber mucho. Todo se mueve en extremos y yo aún no he sido capaz de encontrar el punto medio entre tantos excesos y faltas.

jean seberg

Resumiendo el resumen: estoy hecha un asco  por dormir unas pocas horas. Me duele la cabeza por las malditas cervicales, el estómago aún no sabe cómo sentirse y mi cuerpo en general no entiende porqué he preferido el cacao a la cafeína con lo de café por la mañana que soy yo. Estoy que no estoy, mi cuerpo está porque no se puede ir a ninguna parte y la mente… bueno a la mente mejor dejémosla tranquila.

Esto es lo que ocurre cuando te despiertas a la misma hora de siempre a pesar de acostarte a las 5:30 de la mañana: los ojos se abren sin tu consentimiento y, tras remolonear en la cama, el cuerpo decide levantarse contigo o sin ti. Así que con la mente embotada, después de trabajar un poco e intentar averiguar cómo de mal sigue el mundo, aquí estoy escribiendo estas líneas porque no podía hacer otra cosa, porque quería contar algo aunque parezca nada, y todo ello a pesar de mi mente somnolienta.

Sed buenos

Danae