Prohibido despatarrarse

Ha vuelto a pasar, ya tengo otro palabro de los que tanto me gustan y no puedo decir más que ME EN-CAN-TA. Así de clarito.

La palabra en cuestión es Manspreading, en inglés, como no podía ser de otra manera, que no significa otra cosa que esa tendencia (sobre todo en los hombres) que sentarse despatarrado -muy molesto cuando vas en transporte público- y que les lleva a ocupar dos sitios en vez de uno.

Pero, empecemos por el principio. Me encontré un artículo de la revista ICON que hablaba acerca de la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid de publicar una serie de normas para viajar en transporte público. No poner los pies en los asientos, no fumar, ceder el asiento cuando proceda y esas cosas taaaaaan de sentido común y educación que nos tienen que recordar solo por si acaso porque todo el mundo las cumple ¿verdad? Bien, pues entre esas reglas está la de NO al despatarre masculino y, como era de esperar, muchos se han tirado de los pelos.

Sí, es cierto que los hombres tienden más a abrir las piernas y ocupar más espacio que las mujeres. Ignoro si es porque no quieren dar calor a sus huevecillos, si es que les molestan o si simplemente es porque están más cómodos. No tengo ni idea, ya ha salido alguno desmintiendo eso de que “es para no apretarlos”, sea como fuere la polémica ya está montada. Y yo, que no tengo nada que hacer en estos momento, quiero opinar sobre ello.

Como siempre, tengo que decir que, además de humillante, me parece muy triste que nos tengan que decir lo básico. Pero como ya está demostrado que somos un poco tontos, lo voy a pasar por alto. Entiendo que si uno está en la soledad del par de asientos del autobús, nadie le moleste un tío con las piernas más abiertas de lo normal, ni un tío y ni una tía, porque por si alguien no lo sabe, las mujeres, de vez en cuando, también somos muy de despatarrarnos. ¿Qué ocurre con todo esto? Pues lo de siempre que sale el que se defiende atacando y suelta un Pues las mujeres también ocupan dos asientos dejando el bolso en el que está libre. Totalmente de acuerdo. Yo misma, cuando llevo un bolso grande lo hago si no hay gente y, como creo que cualquiera mujer, lo quito cuando viene alguien para que se siente, como creo- o me gustaría creer- que cualquier despatarrado cierre las piernas – y las mantenga bien cerraditas- si ve que alguien se va a sentar.

Pero bueno, el caso es que además de mala educación, hay quienes tachan el gesto de machismo. Yo no sabría que deciros. Yo he visto una fila de tíos con las piernas abiertas sentados en un banco y, oye, si a ellos no les molesta…pero si en vez de hombres, fuera solo uno y el resto mujeres y él tuviera las piernas abiertas, dudo que lo haga porque se crea más que la mujer, sino simplemente porque está acostumbrado a ello. Claro, entraríamos en el debate de a las mujeres siempre se nos ha dicho que hay que cerrar las piernas y a los chicos no, porque nosotras teníamos que sentarnos como señoritas. Yo, sinceramente, no voy a entrar en esta guerra porque para mí esto es MALA EDUCACIÓN, con mayúsculas y en negrita.

Es mala educación estar sentado con las piernas abiertas, es mala educación ocupar dos asientos con el bolso, las bolsas de la compra o lo que se os ocurra y no dejar sentarse y lo es no ceder el asiento  a una persona con muletas o a una persona mayor que sabes que al primer frenazo del señor autobusero va a terminar en el suelo. Simple y llanamente mala educación.

Podríamos decir que debido a siglos y siglos de machismo, el hombre lo tiene arraigado en su cabecita y ve su gesto de despatarre como algo normal. Pero como ya he dicho,  he visto a hombres despatarrados ocupando el espacio de otro hombre sin despatarrar, he visto muchos despatarrados juntos y también mujeres despatarradas. Por eso mismo, me parece un poco simple recurrir al “eso lo hace porque es machista”, cuando en realidad es mala educación o incluso, si es de forma puntual, un simple despiste ¿Qué alguno se despatarrará porque se crea mejor que la mujer? Pues seguro. Ya sabemos que gilipollas hay en todas partes.

Como digo, no sé si el gesto es machista o no, yo solo veo la tristeza en que nos tengan que decir que los asientos del trasporte público no es el sofá de tu casa y que hay ciertas normas cívicas que hay que cumplir. Y es triste, porque la mayoría somos mayorcitos y aún así, nos tienen que dibujar monigotes que escenifiquen lo que NO debemos hacer como si fuéramos de párvulo.

Lo de siempre niños, que nos falta sentido común y todo parece indicar que la cosa va a peor.

Sed buenos.

Danae

 

Perdidos entre tanta etiqueta

Pues no os digo yo que ahora que me animo a remangarme los pantalones y enseñar mis tobillos sin pudor alguno, van y me dicen que el hipster ha muerto.

Al parecer hace tiempo que los hipsters pasaron a mejor vida, pero ni muchas publicaciones ni yo misma, hemos sido conscientes de ello. Total que el hispter ya no mola, que son unos cansinos con sus camisas de cuadros y su manía de ir sin calcetines. Que ahora hemos pasado al yuccie, al fitser y al metroespiritual ¿cómo os quedáis? Yo con la ceja derecha levantada.

Hay decenas de artículos que hablan sobre eso, yo he escogido uno en concreto -podéis leerlo aquí– simplemente porque acompañan la definición con nombres de famosos, así por ejemplificar, pero tenéis muchos que prácticamente dicen lo mismo.

Comenzamos con el yuccie, que no es más que  el Young Urban Creative –ya sabéis en inglés mejor qué mejor- y se caracteriza por un estilo minimalista y fresco, y me ponen a Ryan Gosling como ejemplo. Osease que el joven urbano y creativo es el yuccie, si vive en un pueblo, por muy creativo que sea pues lo sentimos pero no te dejamos jugar. Por otro lado, ¿Ryan Gosling?¿minimalista? ¿En serio?

¿Quién es el fitser? Dícese de aquel que cuida su  físico, habitual en el gimnasio y que se pasa tantas horas en Instagram como haciendo abdominales. Y dicen que Vin Diesel entra en este saco. Resumiendo, el musculitos de toda la vida o cualquier concursante de Gandía Shore.

Por último, pero no por ello menos importante, tenemos al metroespiritual, con un aspecto tirando a hippie pero en plan cuidado, que defienden una serie de causas, les gusta el yoga y la comida orgánica. Y para metroespiritual, se dice se comenta, está Johnny Depp. A ver a ver a ver, que mira que a mí Juanito me encanta pero, ermmmm, cuidado lo que se dice cuidado no es. Que está bien, que es parte de su encanto, pero yo no le veo muy metroespiritual de esos.

Yo os voy a decir una cosa: no veo mucha diferencia con respecto a las demás etiquetas. Si se supone que la diferencia entre las demás tribus es su creatividad urbana, su uso masivo del Instagram o su amor por lo espiritual…pues la cosa no me parece que esté muy clara ¿no? Porque ya me perdonaréis, pero el hipster es urbano, puede ser creativo y saludar al Sol todas las mañanas. Pero que no, porque resulta que también el Yuccie es que es emprendedor,  le encantan los food trucks y llaman al guacamole guac. O sea un modernillo de toda la vida, que perfectamente podría equivaler al Oye tía vente a la party que si no vas a estar out de los noventa. Vamos, las modernidades propias de cada época que habrá quien no lo entienda, como yo, y habrá quien crea que los que no entienden somos unos carcas que estamos en contra del progreso, por ejemplo.

Vamos, lo de siempre: etiquetas etiquetas y más etiquetas para referirnos a más de lo mismo pero con pequeños matices. Basta que ya no se lleven las camisas abrochadas hasta arriba para que nazca una nueva tribu, los descamisados, seres urbanitas que luchan contra la presión del cuello de la camisa sobre su gaznate ¡Arriba la libertad del cuello!

Sea como fuere, para que te pongan una etiqueta has de ser puramente urbanita, no vale si eres de un pueblo de Albacete, o de una ciudad pequeña, si no eres de una gran urbe, no entras dentro de los parámetros establecidos. Resumiendo: nos perdemos entre tanta etiqueta.

Sed buenos.

Danae

No show, no gain

Venga va, no lo puedo retrasar más. Que ya sabéis que intento no hablar demasiado de política, pero  lo siento, tengo que hacerlo: tengo que hablar de Trump.

Ya lleva casi un mes en el poder y os tengo que decir que estoy totalmente enganchada a cualquier noticia en el que él sea el protagonista. Es como una película de miedo, de esas malas, en las que quieres parar pero no puedes dejar de mirar. Ese a ver qué pasa  es más fuerte que tu sentido común, así que sigues con la vista fija en la televisión a la espera de averiguar cual es el siguiente paso de un naranjito con “pelo color pollito”.

Estoy enganchada tanto por lo que hace él como por todo lo que se genera cada vez que hace una de las suyas. Es innegable que la expectación que causa el pelanas septuagenario es digno de un auténtico showman, la faena es que se trate del presidente de uno de los países más poderosos del mundo- yo me sigo cuestionando quien puñetas le otorgó tanto poder, pero eso ya es otro tema-. Y digo faena ya no porque sea el presidente sino porque si está ahí es porque le han votado. LA GENTE LE HA VOTADO, eso es lo triste. Que le han votado a ÉL: al misógino, al racista, al homófobo, al morritos de piel anaranjada y pelo estropajo. Y oye, ya que el señor está ahí arriba, nos ofrece lo que  mejor sabe hacer: un buen espectáculo.

Y a eso voy niños, él lanza sus burradas y como consecuencia le damos lo que quiere: le convertimos en el centro de atención. TODO el mundo habla de él. De él, de su equipo de gobierno y de toda su santa familia.  ¿Qué pasaría si los medios de comunicación cubrieran solo lo necesario? ¿Qué ocurriría si todos le trataran como un niño y le dejaran desahogarse hasta que se cansara de gritar cual niño mimado? ¿Qué pasaría si todo el mundo pasara de él y ser el showman que le encanta ser no sirviera de nada?

Pues ni idea de lo que pasaría, pero estaría bien probarlo ¿verdad? Porque está claro que si no formas parte del espectáculo, si no lo creas, no ganas.Y por eso me gusta pensar que si los medios de comunicación y la gente en general ignoráramos las veces que a Trump le da una rabieta porque hablan mal de él, porque “manipulan” la información o porque en la tele se le ve más naranja de lo que realmente es, él dejaría de hacer tanto el Trump.

Todo lo que le rodea es para dar de comer aparte. Sí, es peligroso. Sí, está como una auténtica cabra y sí, entiendo que la gente quiera mudarse a Canadá. Y precisamente porque está como un cencerro es por lo que los medios se centran en a ver qué hace ahora,  porque es un tirón para cualquier amante de la comunicación, yo la primera, que espera a ver que burrada va a soltar. Y todo es muy “divertido” hasta que uno se da cuenta de que ese tío tiene en sus manos la vida de millones de personas y estás viendo que la va a liar, porque lo lleva en sus genes. La va a liar porque no puede no hacerlo, es el Bart Simpson de los presidentes: él hace lo que le da la gana y al que no le guste que se multiplique por cero.

En ocasiones pienso seriamente si esto no es como cuando nosotros mandamos a Chiquilicuatre a Eurovisión  y demostramos que cualquier friki podía llegar a triunfar. De hecho, hubiera sido todo un giro argumental que nuestro amigo  Trump, tras conocer su victoria, hubiera dicho ante millones de personas y como veis cualquiera puede ser presidente. Y dicho esto, ya no quiero ser presidente de los Estados Unidos de América.  Yo me hubiera comprado un sombrero solo para descubrirme ante él.  

De todas maneras, a estas alturas ya sabemos que si sales en los medios ya lo tienes todo ganado, porque ya sabemos que cuanto más hablan de ti, más existes, no importa cuánto la cagues, la gente hablará de ti. Por el contrario, tampoco importa el bien que hagas que si nadie habla de ti, tus méritos solo lo conocerán tu madre y pocos más. Porque niños, aquí lo que vale es el espectáculo. Pase lo que pase, el show debe continuar.

Lo que nos mantiene pegados a la televisión, lo que nos lleva a abrir el periódico y oír las noticias es el ESPECTÁCULO.

El a ver qué dicen, el enterarnos  de cómo va la pelea entre Iglesias vs. Errejón, de conocer a fondo las gilipolleces que se dicen los políticos. Por eso hay tanto reality shows, porque no vemos personas, vemos payasos de la tele que nos entretienen y no importa cuánto poder tengan, ni hasta qué punto puede llegar a afectarnos, el espectáculo debe continuar y quien está en la cúspide bien lo sabe: NO SHOW, NO GAIN.

Sed buenos.

Danae

Eres inteligente y no lo sabes

Resulta que soy inteligente. No es que antes me creyera idiota o algo por estilo, es que ahora me lo han confirmado: soy un desastre como persona y eso me hace inteligente. Y no sabéis lo feliz que me hace eso.

El otro día leí un artículo titulado Cosas de ti que dicen que eres inteligente, según los científicos. Y llevándolo a mi terreno no puedo estar más contenta, porque va a ser que mis defectos son, en realidad, mis puntos fuertes. Está bien saberlo por si preguntan por mis virtudes en futuras entrevistas de trabajo.

Algunos de los puntos son los siguientes:

Tener el escritorio desordenado

Parece ser que es  un signo de inteligencia y creatividad. Basándome en esto puedo decir con toda seguridad que me sale la creatividad por las orejas porque mesa en la que trabajo, mesa que desaparece bajo montañas de papeles. No importa si es grande o pequeña, el único momento en el que está ordenada es antes de sentarme frente a ella por primera vez.

Tener pocos amigos 

Resulta que a los inteligentes no les mola nada eso de relacionarse porque no se sienten a gusto y por eso lo evitan. Qué queréis que os diga, no me considero una persona muy sociable, y soy de las que tiene pocos amigos, pero salvo casos muy extremo dudo que eso pueda ser cierto.. ¿No será que prefieren la calidad a la cantidad y que solo solo quedan con quienes realmente les cae bien?  Yo lo dejo ahí.

Consumir drogas 

Al parecer aquellos individuos que de niños sacaron en el test de inteligencia un Cociente Intelectual mayor a 125, tienen más probabilidades de consumir alcohol y drogas en la edad adulta. Pues no sé, habrá casos que coincida pero si eso fuera cierto el 100% de los rusos serían unos lumbreras, que otra cosa no, pero beber lo controlan a la perfección.

Decir palabrotas

Aquellos que ofrecieron un listado más amplio de respuestas fueron también los que demostraban un vocabulario más inteligente en otras áreas generales. Y yo que tenía a mi madre preocupada porque de niña siempre tenía alguna palabrota en la boca aunque fuera inventada. Toda la vida recibiendo amenazas de que me iban a lavar la boca con jabón y lo que ocurría realmente es que estaban cohibiendo mi capacidad de ampliar mi vocabulario.

Acostarse tarde

Nada, que resulta que los que se acuestan tarde y, por consiguiente se levanta ídem, tienen una actividad cerebral mayor que los que llevan un horario de sueño más normal, al parecer mantienen un nivel de alerta mucho más elevado. Ya sabéis, padres del mundo, dejad que vuestro se vuelva anárquico con su horario de sueño y crearéis a un ser superior. Lo que no sé es en qué posición estamos los que nos acostamos tarde, dormimos mal y nos levantamos a una hora más que razonable.

Sin embargo, por encima de todo, el ser más inteligente, el que se lleva la palma, el que está por encima de todo y todos es….

Que seas de izquierdas, gay, sin hijos y vegetariano

¡Tachán! Esto no te lo esperabas ¿verdad? ¿Tampoco encajas aquí? No te preocupes porque si no te sientes identificado con ninguno de estos puntos, no pasa nada porque el artículo también se hace eco de la afirmación de un autor que busca consolar a los más tontos y es que…

Los inteligentes hacen las cosas mejor en casi todos los aspectos de la vida moderna, excepto en los verdaderamente importantes como son encontrar pareja, educar a un hijo y hacer amigos.

Conclusión: si eres muy inteligente morirás SOLO, pero si entras dentro de la media serás más tonto pero disfrutarás de una maravillosa vida social.

Sed buenos.

Danae

Cuidadito con los adjetivos

Últimamente mis paseos por Internet son bastante cortos -aún no sé si por falta de tiempo o por exceso de información-, lo que me ha llevado a estar más desconectada del mundo y, por tanto, más ajena a todas esas perlas que uno puede encontrarse por la Red. Pues bien, a lo tonto y retomando mi afición por los vídeos y artículos de moda, me he encontrado con un concepto que no conocía: anorexia chic. Para empezar,  utilizar un término uniendo la anorexia con lo chic me chirría. Por ese motivo he ido corriendo a Google a informarme un poco.

Un repaso rápido y me zambullo de lleno en un artículo del Daily Mail -sí, ya sé que mis fuentes no son muy fiables- que me deja un tanto sorprendida. El concepto lo utiliza para aludir la delgadez de las modelos de pasarelas. Bueno, en realidad para insinuar  que los grandes diseñadores que “vuelven” a contratar a modelos muy delgadas como maniquíes para sus ropas.

El titular del artículo viene a decir  que como los pobres tienden a estar gordos, los diseñadores piensan que la extrema delgadez es sinónimo de riqueza. Añaden que dicho “regreso” se trata de una respuesta al movimiento curvy que llevamos viviendo desde hace algún tiempo, lo aderezan con una pizca de: las modelos se hinchan a comer bastoncillos de algodón para los oídos y pañuelos de papel para mantener su delgada línea recta y… ¡listo! Ya tenemos un plato lleno de lindezas de dudoso rigor periodístico. Sinceramente, creo que si buscaba crear alarmismo dentro del mundo de la moda, yo hubiera optado por algo más directo y escueto, algo así como El regreso de las anoréxicas. La venganza.

Soy consciente de que este término se usa para denunciar la extrema delgadez de ciertas modelos. Sé que es una manera de decir ¡Eh mirad, los diseñadores creen que la delgadez mola y eso no se puede tolerar! Sí, lo he pillado perfectamente pero…

Dudo mucho que haya habido un regreso de la mujer (híper)delgada.

Me parece absurdo que a estas alturas de la película, haya alguien que se escandalice porque las modelos que elige tal diseñador para su desfile sean palillos, cuando siempre han estado ahí. La única diferencia es que ahora sabemos que existen otro tipo de cuerpos-sí, antes debíamos ser todos iguales, cual tornillos en una fábrica de montaje- están ahí, en las redes sociales, en las revistas, en las pasarelas; pero eso no significa que lo otro hubiera desaparecido.

Ojito con cómo utilizamos los adjetivos.

 Chic, Cool o superguayquetecagas  no son adecuados para acompañar ciertos términos, la anorexia entre ellos. Este tipo de calificativos no deberían estar ligados a la gordura o la delgadez,  porque ser delgado, gordo o tremendamente normal, no es ni chic, ni cool ni pepinillos en vinagre, aquí cada cual tiene su cuerpo y no debe ir asociado automáticamente a un adjetivo. Es como decir que por tener curvas, eres sexy. Pues no amigos, no todas las chicas con curvas son Sofía Vergara ya lo siento.

No caigamos en la generalización.

No se puede asumir que TODAS las modelos delgadas tienen anorexia ni que se hinchan a celulosa, porque dudo que sea así.  Las habrá que sí y las habrá que no. Señores, estamos hablando de una enfermedad, deberíamos tener más cuidado a la hora de etiquetar tan al tuntún porque, por si no lo sabéis, las modelos son personas, con sentimientos y esas tonterías.

Ya sabemos el sensacionalismo que se gasta el Daily Mail y por eso hay que coger toda esta información con pinzas, pero me preocupa que se ponga de moda el término anorexia chic. Ignoro quien lo ha inventado, pero desde luego que se ha lucido, porque  repito, ANOREXIA y CHIC, no casa. Pero ni como sarcasmo ni como crítica al mundo de la moda. Me preocupa porque ser chic es ser la hostia en términos fashion, y son muchas niñas a las que les chifla ese mundo y van a interpretarlo como si fuera la crème de la crème sin saber realmente lo que significa. Así que por favor, que no se vuelva a repetir. Gracias.

Sed buenos.

Danae

No culpes a los Pokémon de lo que haces por gilipollas

Hoy vengo a hablar de Pokémon Go. Tanto Pokémon, tanta pokeparada y tanta pokechorrada, era inevitable que yo hiciera lo propio.

Las calles se llenan de cazadores de Pokémon- a estas alturas permitidme no explicaros de qué va el juego-. No sabría decir cual es el público objetivo del juego, porque la realidad es que lo mismo ves a un niño de 10 años gritando a su padre que hay que ir corriendo al parque porque hay un bicho de esos, que a un grupo de treinteañeros cabizbajos, no porque estén tristes o enfadados entre ellos, sino porque están buscando a Pikachu. Lo que importa es que el juego, como la cerveza, donde va triunfa.

budweiser  party summer america beer

El jueguecito de marras ha dividido a la población: por un lado, los “frikis” que se distraen hasta en el  concierto de su cantante favorita –según he leído en Jotdown, una no era tan fan de Beyoncé como pensaba, porque prefirió cazar pokémon que disfrutar de la diva-. De otro lado, los que piensan que esos “frikis” son unos tontacos con mucho tiempo libre.

Yo reconozco que al principio pertenecía al segundo grupo, mi vena extremista me sale con mucha facilidad, con el paso de los días se me suaviza hasta situarme en un punto más intermedio. En este caso, porque tardé muy poco en averiguar que la culpa no es de los Pokémon, ni sus creadores  -ni de esta ni de cualquier otra aplicación/juego-. Son otros los que crean, somos nosotros los que realmente damos vida a sus creaciones.

Somos nosotros los que convertimos un producto, sea cual sea, en moda, los que decidimos si triunfan o fracasan.

Pokémon Go está arrasando. Quien se lo descarga anda kilómetros, conduce mientras juega, entra en fincas privadas, en comisarías, parques…se mete donde haga falta, todo por conseguir nuevas adquisiciones, por muy ilegal que sea o por muy peligrosa que sea su conducta. Yo no entiendo toda esta fiebre Pokémon, pero lo de culpar a los pobres bichos me resulta bastante triste, porque entonces habría que culpar al WhatsApp o cualquier otra aplicación que, de repente, se vuelve imprescindible. ¿Es peligroso porque la gente conduce mientras juega o cruza la calle sin mirar porque está absorta en sus móviles? NO. Los peligrosos somos nosotros, aquí LA CULPA ES ENTERAMENTE NUESTRA. Los que agachamos la cabeza somos nosotros, nuestro móvil no nos agarra con sus manos imaginarias para que no apartemos la vista de la pantalla. Así que no, eso de culpar a un juego está muy feo, porque ni es suya, ni de los que crean los productos, ni del publicitario, ni del famoso que lo pueda promocionar ni del chachachá, la culpa es nuestra, lo miréis por donde lo miréis.

 No culpemos a Pokémon Go por la falta de civismo y sentido común de quienes juegan, culpemos a nuestra estupidez.

Por otra parte, Pokémon Go se creó, entre otras cosas, para fomentar el ejercicio físico e incluso el interés por la cultura, ya que las pokeparadas (lugares en donde recoger recompensas o algo así) están ubicadas en edificios históricos, monumentos e incluso iglesias -pues vaya gracia le va a hacer al párroco cuando se entere de que esos chicuelos que están en los últimos bancos, no han entrado porque han escuchado la llamada de Dios sino la de Pikachu-. No dudo de nada de esto, no dudo que las personas anden más gracias al juego o que se hayan vuelto unos expertos en la cultura de su ciudad, bueno qué narices, sí que lo hago. La gente andará más, pero dudo mucho que se fije en el monumento en donde se encuentra dicha pokeparada, porque amigos,no nos interesa el significado de éste, sino si nuestro yo virtual ha conseguido las recompensas esperadas.

La masificación de calles por parte de viandantes zombies hambrientos de bichos virtuales es molesto, sobre todo cuando te sientes como una bola de pinball porque ni Dios se aparta, incapaces de separar la vista del móvil. Pero eso no es nuevo, esta situación lleva sucediendo desde hace algún tiempo- ¿Tengo que recordar la cantidad de aplicaciones que tenemos en el móvil?-, al igual que no es nuevo ver a un grupo de treinteañeros sentados en un bar pegados a su pantalla del móvil, cambiad Instagram -o la que prefiráis- por Pokémon y es lo mismo.

El fenómeno Pokémon no es sino otro más de la lista. En un mundo en donde lo que cuenta es renovarse o morir, en donde el móvil es una prolongación de nuestra mano, lo nuevo es siempre un reclamo asegurado, no importa cuan absurdo pueda ser…

…si queremos estar con los ojos fijos en la pequeña pantalla, lo estaremos y la decisión será únicamente nuestra.

Sí, el Pokémon Go se nos ha ido de las manos, pero a estas alturas deberíamos saber que todo lo que viene se va, y si no que se lo digan al Tamagotchi. ¿Qué los que no jugamos estamos hasta las narices de los que van corriendo a la caza de pokemon o que se hagan quedadas para ello y te dejen a ti de lado o que simplemente solo se hable sobre ello? SI, MUCHO. Pero igual que sucede con otras aplicaciones, siempre va haber alguien del grupo que no se lo descargue y se quede aparte. Así que niños, no culpemos a los Pokémon  de lo que hacemos por gilipollas.

Sed buenos.

Danae.

A vueltas con lo mismo

Hoy vuelvo con un tema del que ya he hablado otras veces pero que me toca realmente las narices. Así que hoy, sintiéndolo por aquellos a quienes no les gusten los post tipo “Querido Diario”, vengo a desahogarme como Dios manda sobre algo que me ha pasado.

Si alguno me sigue en algunas de mis redes sociales, sabrá que desde hace varios días arrastro un gripazo de campeonato. El lunes, me dio un bajón de tensión tal que me llevó al médico de urgencia, cuya primera pregunta nada más verme fue  Tú comes ¿no? De normal, mi primera reacción hubiera sido soltar uno de mis sarcasmos, pero mi debilidad no me dejó, así que esbozando una sonrisa le contesté Sí, si como.

Ese simple comentario me ha mantenido tensa durante varios días por dos motivos:

  1. Qué manía tenemos de asociar delgadez con enfermedad (igual que la gordura). Es la eterna justificación, es el “esto te ha pasado por delgada”. Eso es, estar enferma, más  el calor del despacho, más que la alimentación ha sido a base de purés porque es lo único que mi garganta soportaba tragar, NO ha tenido nada que ver.
  2. Si hubiera sido un tío ¿me hubiera preguntado lo mismo? Porque hasta donde yo he visto los tíos muy delgados son tirillas y las muy delgadas somos anoréxicas, y no hay más que discutir.

Todo esto por un lado, porque por otro también tuve que escuchar los comentarios bienintencionados (y esto lo sé a ciencia cierta) de quienes se preocupan por mí: eso te pasa por no comer carne, si es que eso del veganismo no puede ser bueno. No importa que desde que me convirtiera en vegana mejorara en salud no, eso no importa; ni tampoco las circunstancias en las que me he encontrado en la última semana NO, no importa nada de eso, eso me pasa porque estoy asquerosamente delgada y necesito un filete. Porque obviamente no hay otra explicación.

Vamos a lo fácil, escrutamos a la persona, vamos a la característica que más destaca y como somos todos muy listos decimos con contundencia “eso es porque eres…” y ahí te las apañes.

Me estoy hartando ya de toda esta tontería de la delgadez, del veganismo y de la madre que les parió a todos. No lo digo por esos amigos que se preocupan por mí, lo digo por el resto de personas que no me conocen, que solo se fijan en lo que ven y oyen, esos ignorantes que suman factores para después inventarse el resultado.

Cuando decimos algo a alguien, no somos conscientes de que es muy posible que esa frase que nosotros pronunciamos la otra persona la haya escuchado cientos de veces a lo largo de la semana y no por ello tiene que ser verdad, que parece que es algo que no nos entra en la cabeza.

CANSA y mucho oír una y otra vez lo mismo, sobre todo cuando son razonamientos que no se sostienen por ninguna parte.

Es como esas personas que tienen un nombre o un apellido graciosos y tienen que soportar la misma broma desde parvulitos, todo el mundo piensa que es original, pero NO, amigos, no sois ni pizca de originales, ya en primero de primaria se perdió toda la originalidad que pudo existir. Esto es lo mismo.

Todo esto podría resumirse en una frase: solo pido RESPETO. Sí, respeto. Porque aunque no haya insultos de por medio, aunque muchos de los comentarios sean bienintencionados –también os diré que muchos más son para meter cizaña-, cada persona es como es y ese atosigamiento, ese Eso te pasa porque estás muy delgada/gorda o lo que se os ocurra no es más que una falta de respeto, ya sea por ignorancia o por joder, no hay respeto por ninguna parte. Más que nada porque si se les respondiera con la misma moneda, no les gustaría ni un pelo.

Si tú no entiendes mi complexión física, ni mi estilo de vida no es mi problema. Si no te entra en la cabeza que yo soy así y que me acepto como soy, sigue siendo TU problema, por tanto quien debería hacérselo mirar eres TÚ, no YO.

Si  el médico me ha dicho que los resultados han salido perfectos y que solo necesito descansar será por algo, pero no importa porque lo que necesito es un buen filete que tanta hierba no es buena -como todos sabéis es el alimento base de la dieta vegana- ¿verdad? Pues eso amigos, no es respeto. Porque tratarme a mis 30 años como si tuviera 10 NO es respeto.

Aunque no nos demos cuenta, todo pasa por el RESPETO a los demás. Actuar como nos gustaría que actuaran con nosotros, son cosas obvias, tan obvio que da vergüenza tener que recordarlo a estas alturas de la vida. Sin embargo, parece que lo obvio es lo primero que se olvida, así que ya sabéis niños, respeto ante todo, recordémoslo de vez en cuando para que se nos quede bien grabado y yo pueda dejar de escribir entradas como esta.

Sed buenos.

Danae.