Solo para nosotros

Estos días he estado reflexionando acerca de lo mucho que nos gusta compartir nuestra vida. No solo ahora, sino desde siempre. Lo que ocurre es que  los medios han cambiado y ahora nos resulta de lo más sencillo.

Antes en vez de redes sociales, teníamos nuestras carpetas en donde pegábamos fotos que nos gustaban y escribíamos las frases que leíamos por ahí. Ahora todo va para Facebook o Instagram o la red que más os guste. Las formas han cambiado pero el si nadie lo ve, no existe lo tenemos bien arraigado en nuestro inconsciente. Si nadie sabe lo que escribimos, si no muestro mis pinturas, o mi vestido nuevo, o mi colección de figuritas de porcelana… ¿Existe en realidad? ¿Para qué se tiene si no es para compartir?

Todos lo hacemos. Todos enseñamos lo que queremos, a todos nos encanta mostrar nuestro trabajo, nuestros hobbies, lo que sea. Parece que es una forma de decirnos si alguien lo ve, entonces ha merecido la pena. Y entonces yo, que también comparto lo que hago porque es bonito compartir aquello en lo que uno ha invertido tiempo y esfuerzo, voy y me pregunto ¿será tan especial para los demás como lo es para mí?

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Si yo comparto, por ejemplo, una frase que cambió mi forma de ver la realidad, si eso que a MÍ me resultó tan especial lo lanzo al frío Internet, en donde tantas frases se sienten solas e infravaloradas ¿Dejaría de ser especial? Porque me da miedo dar la razón a Elvira Lindo cuando dijo que Cualquier frase, por bella que sea, entrecomillada y colgada en un muro de Facebook siempre va a acabar pareciendo escrita por Paulo Coelho. Y como jodería eso ¿verdad? Porque resulta que ese puñado de palabras que logró emocionarte, ahora resulta que es una más que, de tanto leerse por encima, acaba perdiendo su valor.

Y esto mismo ocurre con todo lo demás. Cada texto que escribimos en la intimidad de nuestra habitación, esa ilustración con la que queremos decir tantas cosas, ese libro que nos cambió la vida, la película que nos hizo sentir bien con nosotros mismos…todo eso que para nosotros es un mundo, al ser compartido corre el riesgo de perder todo ese valor que solo nosotros le hemos dado. Porque al fin y al cabo, somos nosotros quien le proporcionamos ese “algo especial”, el objeto en sí no vale nada. Y ocurre lo que puede ocurrir en estas ocasiones, que lo que antes era único, ahora es solo una cosa más, porque nadie lo ve como tú.

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Moonrise Kingdom

Y repito: todos compartimos, porque está muy bien compartir porque así conocemos otros mundos dentro del nuestro propio, porque es maravilloso poder enseñar al mundo lo que hemos hecho o lo que nos hace sentir tan bien. Solo digo que, tal vez, y solo tal vez, deberíamos dejar algo para nosotros mismos, como cuando éramos pequeños y guardábamos todo lo que nos gustaba en una caja cuya existencia solo conocíamos nosotros. Ese era nuestro tesoro, era SOLO nuestro y eso era precisamente lo que les convertía en algo tan especial. Y eso es lo que debemos recuperar, tener algo, por pequeño que sea solo para nosotros, y mantenerlo en secreto, igual que cuando éramos niños.

Sed buenos

Danae

Sologamia

Este palabro no me lo he inventado yo, lo leí en su momento no me acuerdo dónde, y quise escribir sobre ello. Y eso estoy haciendo no sé cuantas semanas después.

Sologamia, dícese de la tendencia a estar soltero y disfrutarlo. Osease que es ser un solterón pero sin connotaciones negativas, por lo que pasa a llamarse soloísta, que mola más. Vamos el no, no tengo pareja y no pasa nada porque yo me quiero mucho a mí mismo de toda la vida. Pero claro “lo normal” de toda la vida ha sido emparejarse y al soltero siempre se le ha visto como un ser que si no quiere tener pareja es un raro y si no la encuentra “es por algo”, de ahí el surgimiento de los soloístas.

Se supone que la sologamia es disfrutar la soledad, amarte mucho, y no amargarse por la situación. Vamos, que si aparece alguien, perfecto y si no, también. Pues sí, claro que es perfecto. Lo que puede suceder es que la invención del concepto en sí pueda ser tomado por muchos como un gesto desesperado por normalizar algo que no lo es. No me miréis así, todos sabemos que muchísimas personas creen que, a cierta edad, “uno” debería haberse convertido en “nosotros”.

Sin embargo, la situación parece que ya va cambiando- que conste que solo digo parece-, pero al mismo tiempo dudo que esté tan normalizada como alguno pretende hacernos creer -sobre todo, dependiendo del lugar en el que vivas-. Es obvio que se ha avanzado mucho, pero también es obvio que la sola idea de pasar la vida con uno mismo y nadie más es algo que, no solo resulta chocante para muchos sino que también provoca pavor en muchos otros.

Hay dos cosas que deberían quedar claras:

  1. Que la soltería ni es buena ni mala, que es una situación más y que solo depende de cómo se tome dicha situación la persona implicada.
  2.  los solteros somos como los emparejados,  tenemos sentimientos y esas cosas, lo que ocurre es que ante determinada gente somos unos bichos raros.

¿Y qué ocurre cuando eres considerado un bicho raro por algo que tú ves como una situación como cualquier otra? Pues que o te es indiferente y sigues con tu vida y le enseñas la mano al susodicho para que le cuente esas opiniones que tan poco te importan, o te reafirmas en tu decisión. Y entre estos últimos, algunos hasta deciden ir un paso más allá y casarse consigo mismo, así con vestido y todo. Sí, señoritos, la situación ha llegado hasta tal punto que algunos deciden “pasar por el altar”.

Casarse con uno mismo. Vaya gilipollez, diréis algunos. Pues puede ser. Personalmente no lo haría,  llevo tantos años conviviendo conmigo misma que ya es como si me conociera de toda la vida y, precisamente por eso, sé que no me gustaría una celebración de este tipo. Pero oye, ¿los demás? ¿Por qué no? Es una excusa como otra cualquiera para montar una fiesta y oye si es para compartir tu amor eterno con quienes te rodean, a pesar de que tu abuela no entienda ni un poco lo que te traes entre manos, pues perfecto. Al fin y al cabo, cada uno puede gastarse su dinero en lo que quiera ¿no? Y siempre que haya barra libre, todos estarán contentos, así que ¿qué mas da?

A mí lo que me inquieta es qué pasará el día en que se encuentre a alguien ¿Formarán un trío? ¿Se divorciará de sí mismo? ¿Se trata de un contrato inviolable y, por tanto, la poligamia estará permitida?  Demasiados vacíos legales que rellenar.

Sed buenos

Danae

Emojis

Siempre pongo emoticonos cuando escribo por Whatsapp. Las palabras no me parecen suficientes, aunque me he dado cuenta que eso sucede porque la mitad de las veces no significan nada. Así que supongo que refuerzo mis palabras con emoticonos a ver si así caen con más peso, porque  son palabras ligeras, vacías, que no se las lleva el viento porque están encerradas en una pantalla.

Whatsapp es un invento maravilloso, los emojis también- yo, personalmente los adoro- pero, como  la mayoría de las los inventos, se nos ha ido de la manos.

He mantenido discusiones y conversaciones serias por esta vía muy a mi pesar y, muy a mi pesar, he continuado con ellas porque no he visto la forma de pararlas sin acabar mal. Tal vez por temor a herir los sentimientos del otro, por miedo a no poder hablar por otra vía…No importa, al final se crean guerras de la nada basada en gilipolleces y malentendidos, más o menos como en la vida real, solo que con caras resoplando y fantasmas sacando la lengua.

Por otro lado, lo serio parece menos serio por Whatsapp. No es lo mismo mandar a la mierda que poner el emoticono de la caca sonriente, no es lo mismo, porque nadie se puede enfadar con una caca que sonríe. Pero eso no quita para que no haya enfados.

El problema real de Whatsapp, en mi caso por lo menos, es que no sé leer. Yo no leo las conversaciones de Whatsapp, las ojeo, de ahí que no me entere de la mitad de lo que se dice, que malinterprete otro tanto y que, al final, solo me quede con un porcentaje ridículamente bajo de todo lo leído.

Me canso porque no entiendo, no digiero, me atraganto con tanta palabra y  encima tengo que dejar de hacer lo que tengo entre manos para leerlo. Mi mente no lo acepta. No acepta el móvil como prolongación de mi mano. Pues no contestes me diréis, porque para hacerlo mal…Ya, el problema real no solo es que el no responder a un mensaje se toma como algo personal sino que soy incapaz de no contestar casi al momento. Al ver esa lucecita parpadeando avisándome de que tengo un mensaje, tengo que leerlo porque no sé dejar un mensaje sin leer. Y de esta manera ocurre lo que me ocurre, que escribo lo que no quiero decir porque o no me he enterado de lo que he leído o no he pensado dos veces.

Así que tenemos un no sé leer, no sé no responder y no sé ignorar a la lucecita que reclama mi atención. Es por ello, queridos niños, por lo que termine dejando el móvil tirado en cualquier parte, porque ojos que no ven luz parpadear, corazón que no siente pena por esos mensajes sin contestar- ni mente que anticipe la cantidad de enfados por parte de aquellos a los que he ignorado-.

Pero la pregunta a todo esto es que viendo el poder de los emojis sobre nosotros -ojo que tienen película propia, cosa que ni tú ni yo tenemos- y de los Gif, y de todo aquello que supla a la palabra o que refuerce aquellas carente de significado…¿Acabaremos hablando emoji en un futuro no demasiado lejano?

Doctor Who doctor who bbc sci-fi the doctor GIF

Ahí lo dejo.

Sed buenos.

Danae

Recortes

Los primeros amores (y los últimos, y los que vendrán y los que viviste entre unos y otros), las salidas con los amigos, las borracheras, las noches en vela hablando de todo, las primeras vacaciones que recuerdas con tu familia, las tardes de cine en casa, las mezclas culinarias imposibles, las discusiones con amigos, las peleas con desconocidos, las series que no te cansas de ver, las películas que te hicieron llorar y reír y mantenerte despierta de puro terror; los libros que devoraste en dos días, los que te fueron infumables, los que te salvaron de los días grises; los fragmentos que memorizas y no compartes con nadie… todo eso es de lo que nos componemos porque, queridos niños, la vida es como la carpeta de un adolescente: está compuesta por recortes de todo lo que nos importa.

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Vik Muniz

Desde la situación más superficial hasta la más profunda, todo pasa por un filtro sentimental, si no nos emociona, no entra en el club. Es así de sencillo. Lo que tienen en común esa pérdida tan dolorosa con aquel maratón de series con tus colegas es el valor que nosotros le damos. No tiene nada que ver lo uno con lo otro, lo uno duele y lo otro nos dibuja una sonrisa y, sin embargo, forman parte del mismo collage.

Recortas, guardas y te emocionas por momentos que otro no entiende, porque ahí está la gracia, son tus recortes de la historia, es TU propio collage, nadie más ha de entenderlo, al fin y al cabo  es tu selección de imágenes.

Vik Muniz (detalle New Car, 2014)

¿Qué me ha llevado a hablar de todo esto? No sabría qué contestaros. Siempre me ha gustado recortar imágenes, mis revistas parecen un queso gruyere, no lo puedo remediar, miro demasiado al pasado aunque no sea el mío y a otra realidad que seguramente nunca viviré. Puede que, simplemente al sentarme frente al ordenador haya visto mi cuaderno con recortes de todo lo que me inspira y me haya dado cuenta de lo importante que es para mí trocear la historia (la propia o la ajena) y quedarme con un trocito solo para mí.

Sed buenos

Danae

 

 

Fantasía como bálsamo

Queridos niños, seré directa: ha sido una semana de mierda. Malas noticias y malos momentos. No os voy a hablar de porqué lo ha sido, porque sinceramente ni creo que os interese ni me apetece contarlo. Pero tampoco soy de esa clase de personas que cambian el chip con facilidad y pasan página sin problemas. No, yo no soy así. Yo pienso y reflexiono lo que pienso y pienso en lo que ha pasado y en lo delicadas que se vuelven ciertas situaciones. Rumio posibles soluciones hasta quedarme dormida, me frustro por no entender, me canso cuando me encuentro con personas con las que no se puede razonar y vuelvo a pensar en cómo puedo conseguir abrir ojos que parecen pegados con pegamento.

Me encuentro en situaciones que provocan que me sienta como cuando era niña. De pequeña no entendía por qué había pobres, no entendía las guerras, no entendía cómo el ser humano podía dejar que las personas lo pasaran mal -sigo sin hacerlo-. Simple y llanamente no entraba en mi cabeza que las personas fuéramos responsables del sufrimiento de otras. Por eso, la sensación de injusticia e impotencia me recorría todo el cuerpo sin que yo pudiera hacer otra cosa que llorar y ver cómo mi madre se desvivía por reducir esa desolación que me invadía. Aún lo hace. Porque hoy, con mis treinta años, sigo sin entender ciertas situaciones “solucionables” si fuéramos capaces de escuchar. Hay muchísimos momentos que pueden solucionarse si uno se parara  a hablar y el otro a escuchar y viceversa; si no nos aferráramos a tener la razón por encima de todo y todos. RAZONAR, me decía mi madre. Desde niña he oído ese verbo y lo he intentado llevar a la práctica a pesar de mi impulsividad, porque no puedo hacer otra cosa, salvo eso. Pero queremos tener la razón,

y preferimos mentir a darla, preferimos dañar a dar nuestro brazo a torcer, preferimos seguir encerrados en nuestra propia realidad, creernos nuestras propias mentiras antes que dialogar con quien tenemos frente a nosotros.

Y todo eso me carcome por dentro porque veo cómo una simple situación podría solucionarse con un puñado de palabras  y no lo hacemos.  Pero eso no hace que desista en mi empeño. Masoquista que es una, qué le vamos a hacer.

Resumiendo: Malas noticias. Malos momentos. Mala semana. Sin embargo, siempre me fascinará los medios de escape que nuestro cerebro utiliza para anestesiar nuestro malestar. Todos tenemos un límite y al final nuestro cerebro necesita calma.

El mío optó por lo fácil. Se zambulló en la soledad buscada, en poner un cartel Cerebro descansando. Disculpen las molestias

Mi cerebro se cansó de pensar. Acerqué el sillón a la tele, más cerca de lo que cualquier padre/madre permitiría a sus hijos, me preparé algo para picar y me puse los cascos para aislarme de cualquier ruido que pudiera crispar mis nervios. Le di al play y me “tragué” todos los capítulos nuevos de Doctor Who, incluido el especial de Navidad. A eso dediqué mi tarde del sábado. Solo a eso. Me dediqué a mí, a ver una serie que, sin saber porqué tiene propiedades calmantes. Una serie de ciencia ficción, de viajes en el tiempo y en el espacio, de alienígenas, de fantasía… Puede que sea precisamente la fantasía lo que me relaje, las historias de Michael Ende también lo hacen, no sé la causa. Aunque también  lo tienen esas frases memorables que pronuncian los protagonistas y que voy apuntando en un cuaderno porque, qué queréis que os diga, me reconfortan, hacen que me sienta comprendida. Ya veis qué cosas, me siento bien escuchando frases que algún guionista lleno de esperanza escribe para una serie de televisión.

Obviamente es solo un bálsamo. La preocupación sigue ahí, pero está bien saber que cuando el adjetivo malo se convierte en animal de compañía por una temporada, una puede contar con un plan de escape que, como un sueño reparador, puede que ser breve pero repone fuerzas.

Sed buenos.

Danae

Tres años

Misma historia de siempre: vengo a escribir una cosa, y termino hablando de otra. Hoy el culpable ha sido WordPress, que me ha notificado que  hace tres años me convertí en Sintintaenelboli, todo seguido para ahorrar espacio.

Mi primera entrada la escribí el 27 de abril de 2014 con la intención de tener algo propio, algo que fuera mío y en lo que pudiera ejercer algo de control porque mi vida era un auténtico desastre, algo que, por fortuna, ha cambiado.

En el blog escribo sobre temas que soy incapaz de expresar de forma verbal y, además, aporto mi granito de arena en la lucha por romper con los juicios y valores que nos rodean (a todos, sin excepción) y que nos impide ver más allá.

Sintintaenelboli ha evolucionado porque yo lo he hecho. Si leyera algunos de mis textos no estaría del todo de acuerdo, lo cual está bien. Eso es que estoy haciendo un buen trabajo conmigo misma, que no me he quedado atrás. No pienso igual que hace tres años y eso es bueno, porque significa que todo lo que he vivido ha servido para algo. Los días de mierda,  las hostias como panes,  las caídas que te dejan el culo dolorido no han sido en balde, conocer a todo tipo de gente y vivir situaciones que antes no hubiera elegido vivir, me han hecho ver las cosas de otra forma, lo cual me da esperanza.

Don't fall in now.:
Winona Ryder by Ash Kingston

Obviamente, no todo es perfecto, hay cosas que han cambiado y otras que no, pero por lo menos no siguen igual, una situación que me aterra: ver pasar los días y darte cuenta que prácticamente el uno es un calco del anterior.

Tengo que ser franca, aunque nunca tuve la ambición de convertirme en uno de los blog más leídos,  a veces me ha desmotivado el hecho de la poca gente que lo lee. Sí, lo importante es que haya alguien que lo lea, pero si abres un blog no es precisamente para mantenerlo en secreto; por eso cuando las visitas son escasas, desmotiva. Si te topas con alguien que no le importa que le lean porque mientras exista una sola persona que lo haga es suficiente, asiente con la cabeza porque es muy bonito, pero que nadie te engañe:  jode y desmotiva.

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Fotograma: Inocencia Interrumpida

Realizas un “trabajo” con gusto, inviertes tiempo y al final te leen cinco personas, las cosas como son: es un jarro de agua fría. En mi caso, es posible que no ponga mucho de mi parte: no soy nada disciplinada, ni sigo una rutina de publicaciones, puede que el diseño de la página sea un poco pobre, y que los temas de los que hablo a veces sean repetitivos y nunca sigan un hilo conductor coherente. Hablo de todo, a veces a la vez, de forma caótica, con muchas comas -a veces sin ellas- porque no quiero dejarme nada en el tintero, porque todo es importante aunque sea lo más banal del mundo. Pero también porque así soy yo:

una loca que pone muchas comas y pocos puntos y finales, porque los temas pueden durar eternamente.

Soy más de palabra que de imagen, que no actualizo como debiera las redes sociales, que no me mantengo al día, que me limito a publicar y poco más, a veces ni eso. Me limito a contar y es bien cierto que, contar, contamos todos a nuestra manera, pero contamos, aunque sea hasta diez, por eso el cómo es tan importante y tal vez en eso cojee. Prometo trabajar en ello.

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Fotograma: Inocencia Interrumpida

No quiero que esto se convierta en una queja de los pocos seguidores que tengo o, más bien, de la poca gente que me lee -hace tiempo me di cuenta que son cosas diferentes-. Vine aquí para escribir, y es lo que llevo haciendo desde hace tres años, con mis altos y mis bajos, con mis gambazos ortográficos en los que caigo cuando tengo la cabeza en otra parte; con mis atascos mentales, mis emociones a flor de piel, con la sensación de querer escribir pero no sacar nada bueno, con falta de inspiración y con exceso de imaginación, con entradas que apenas fueron leídas, con otras que fueron aplaudidas, con me gusta y sin ellos, con palabras escritas con pena, con sudor por estar en agosto, con tropiezos debido a la manta que me envuelve durante los inviernos, con mis neuras, mis frustraciones, mis imperfecciones, mi caos habitual que ya nada tiene de caótico, con mis cervezas frías en las terrazas en busca de algo más que inspiración, con mis cuadernos y papelajos para escribir posibles ideas que no llegan a nada.

Resumiendo: vine a escribir  de todo y a pesar de todo. 

Vine aquí sin saber cuánto tiempo duraría y ya son tres años, durante los cuales las palabras han supuesto mi apoyo más valioso. No sé cuanto tiempo seguiré ni si mis textos continuarán pasando desapercibidos para la gran mayoría, pero son tres años en los que gracias al blog he podido ver mi evolución como persona, me he dado cuenta de muchas cosas que no veía y he visto cómo un solo comentario de un desconocido puede hacer merecer la pena el esfuerzo. Así de simple y complicado, todo a la vez.

Queridos niños que me leéis, gracias. Para qué deciros más.

Sed buenos.

Danae

*Sí, me ha vuelto a dar por Winona Ryder.

Lo que me queda por leer

No tenía pensado escribir nada para el Día del Libro, ya sabéis que yo amo a los libros por encima de todas las cosas así que no veía porqué hacerlo. Sin embargo, -siempre hay uno- y a pesar de que todos esos textos que tengo a medio terminar me miren con mala cara por no ponerles de una vez el maldito punto final -sé que me odian por tanta espera-, he decidido homenajear a ese preciado objeto, porque hoy es su día y creo que se lo merece.

No voy a recomendar ningún libro, porque si seguís mi Instagram sabrán que solo menciono aquellos que, desde mi punto de vista, merecen la pena leer como Croma, Jane Eyre  o cualquiera de los de mi amada Elvira Lindo -entre otros tantos-. Por eso he decidido compartir con vosotros  los que me gustaría leer, no me refiero a aquellos que he ido comprando por diferentes motivos y que se han convertido en los veteranos de lista de pendientes en donde los pobres van cogiendo polvo porque no encuentro el tiempo para leerlos. No, hablo de aquellos en los que realmente pienso y digo Tú serás el siguiente. Es por ellos por los que me animo a leer más de lo que hago y saco huecos en donde antes solo había un Voy a mirar el móvil.  Es por ellos por los que leo mientras espero al autobús, en las salas de espera, mientras espero que venga un amigo…esas esperas las convierto en palabras porque por la noche la (des)concentración y el cansancio me lo impide.

No me quiero liar más, así que allá voy:

M Train

Es Patti Smith, no me hace falta más. Amo a esta mujer, sus canciones, sus poemas, sus libros, la sencillez con la que expresa los sentimientos más profundos. Sí, soy subjetiva, pero es que ella es Patti Smith.

La historia interminable

Algunos os echaréis las manos a la cabeza al leer esto. ¿Cómo? ¿No has leído “La historia interminable”? ¡A la hoguera!  Tenéis toda la razón. Sin embargo tengo una historia que recuerdo con mucho cariño relacionada con este libro. Cuando era pequeña, solía ponerme enferma bastante a menudo y mi falta de sueño -ya apuntaba maneras con el insomnio-  provocaba que me picaran los ojos de forma habitual. Así que con este cóctel explosivo yo, que leía bastante, lo pasaba realmente mal. Vi un libro que tenía una parte escrita con las letras de color granate y la otra mitad del libro en verde y le dije a mi madre que quería leerlo. Ese libro era La historia interminable. Como andaba bastante jodida y no podía leer ni una sola página sin que mis ojos lloraran a mares, me tumbaba con mi madre en su cama y me leía el libro. Poco a poco. Hasta no hace mucho mi recuerdo me hizocreer que me lo leyó al completo, pero el sentido común me advirtió de que eso era bastante improbable. Si lo “leí” o no, lo ignoro solo sé que por las circunstancias, cogí bastante cariño a ese libro. La cuestión es que hace unos días comencé a leer La prisión de la libertad del gran Michael Ende, cuyos cuentos me han acompañado toda mi vida, y he recordado lo mucho que me gustaba el autor. Por todo esto, lo incluyo a la lista a incluirlo en esta lista.

Cómo ser Bill Murray

No está escrito por Bill Murray porque él no necesita escribir nada de eso, fascina tanto que ya lo escriben por él. Así que, al igual que Patti, él es Bill y todo lo que tenga que ver con él me parece bien.

Alicia en el País de las maravillas

Vas leyendo frases por Internet y te dices necesito meterlas en contexto porque dice cosas más que interesantes. Y ya está. Por eso, lo incluyo aquí.

Aquí tengo que añadir Algún día no es un día de la semana y  Tercero sin ascensorLibros pertenecientes a quienes fueron mis compañeras en Weloversize y que sin duda leeré porque, conociendo su estilo y su forma de ver la vida, merece ser leído.

Me dejo muchos libros y autores en el tintero -Virginia Wolf, Agatha Christie ¡No me olvido de vosotras!-, pero voy a dejarlo así, porque si no me agobio y leer no debe producir agobio. Pero tampoco os voy  a mentir, son muchos los libros que me quedan por leer, demasiados diría yo, sumando aquellos que nunca serán leídos por falta de tiempo, ganas o lo que se os ocurra. Ante esto, queridos libros que nunca leeré, quiero decirlos que, aunque no sepa de vuestra existencia, aunque nunca llegue a conoceros, estoy segura de que tendréis un lugar especial en la librería de una de esas millones de personas que tampoco conozco.

Hoy es, sin duda, un día idóneo para brindar por todos esas historias que nos quedan por leer y recordar a aquellos que nos dejaron huella.

Sed buenos.

Danae