A quien corresponda

A veces encuentro frases solitarias que escribo donde puedo y, en esas veces, surgen otras veces en las que intento darle sentido y formar un texto coherente, por lo menos para mí. No siempre lo consigo. Hoy no sé si lo he conseguido.

Guardo mis sentimientos en frascos de cristal para que se conserven mejor, guardo  sonrisas tímidas que no me atrevo a esbozar y miradas cómplices que no sé lanzar, porque parece que miro mal.

Conservo esos silencios que lo dicen todo,  gritos de enfado, de desesperación, de alegría, de placer… gritos en general. Guardo caricias y abrazos que aún no te he dado,  también esas noches de insomnio que espero pasar contigo, y sus consecuentes ojeras y esos gestos de quien te quiere decir que todo va salir bien.

james stewart y Wendy Barrie

Escribo en mi cuaderno palabras que nunca he usado, expresiones que no he pronunciado y que dudo llegue a hacerlo. Y lo meto en otro frascos. Escribo, pienso, siento y guardo, y lleno mi cabeza de situaciones vividas por otros que ni siquiera conozco. Situaciones que me gustaría experimentar y que meto en otro bote donde poder conservarlas en esa despensa emocional que está a punto de rebosar.

Y si vienes, podrás abrir uno de esos frascos y observar el futuro, el que yo, a base de imaginación, he construido. Y si te da la gana, podrás coger un poco de esa alegría a granel, de esos gritos, de esas sonrisas y de todas miradas cómplices que no he compartido con nadie.

Y si no hay nadie, si finalmente no vienes. Si, por el contrario, decido continuar como estoy porque resulta que no eres digno de abrir todos esos secretos, de conocer todas esas emociones inventadas, seguiré completando mi despensa, para mí, para las vacas flacas y para que quien venga tenga donde elegir.

A veces me pongo así de sentimental, y hablo a un alguien  a ver si se da por aludido. No es a propósito. Solo intento unir frases que se sienten solas y darles sentido a su vida. Eso tampoco sé si lo he conseguido.

Sed buenos

Danae

Anuncios

Un suspiro sin adiós

Solo un suspiro, eso duró.

Tan solo fue un segundo, dos como  mucho, como el soplo de aire fresco que se siente al salir de un sitio repleto de gente.

Solo un suspiro, como el que  yo expiré al ver marchar todo lo que tenía guardado en una caja de zapatos.

Abrí la caja de mis sueños y los dejé marchar. Sabía que nunca los iba a cumplir, ya era tarde para eso, o por lo menos yo lo sentía así. Era hora de dejarlos ir en libertad, no tenía sentido continuar con su encierro,  tal vez fueran de utilidad para otros, aquellos carentes de sueños, de esperanzas. A mí me sobran, porque sueño mucho y hago poco, no lo sé; solo sé  que los echaré de menos, eran mis sueños infantiles, los verdaderos, los que más daño me producían sabiendo que estaban ahí sufriendo mi indiferencia.

Abrí la caja de cartón y se fueron sin mirar atrás, sin rencores, sin tristeza. Solo tardaron un segundo en irse, normal. Está claro que no los quise demasiado para cumplirlos, pero sí lo suficiente como para dejarlos marchar.

Serán otros los que los cumplan por mí, más valientes y decididos que yo. Ellos, los valientes, alcanzarán mis objetivos y yo, como buen ser humano incoherente, les odiaré por lograr lo que yo no fui capaz.

Y al final todo quedó en un suspiro y ningún adiós. 

Sed buenos.

Danae

Déjame…

Déjame un poquito más, sólo un poco más.

Déjame enredarme en estas sábanas, tan blancas que la luz es más brillante cuando las traspasa. Déjame mirar a través de esa ventana que no es mía, que me lleva a un mundo que no me pertenece.

Déjame sentirme bien, ver la vida de todos los colores, con tanta variedad que me es imposible escoger uno solo. Déjame descansar escuchando nada, si acaso un murmullo que creo que proviene de mi mente y no de la calle.

Dime que me quede y lo haré, porque quiero hacerlo. Tú, si quieres, puedes irte. Lo sabes pero no lo admites, este mundo tampoco es el tuyo y, sabes también como yo, que la pureza de estas sábanas no es un reflejo de ti. Pero no me importa.

Déjame sonreír y decirte que un segundo más será suficiente. Y te lo diré cada segundo para hacerme la remolona y no irme nunca. Porque, entre nosotros, esto me gusta. Me gusta esta seguridad que hace que me sienta fuerte y protegida, me gusta este olor a madera, me gusta este silencio que, raro en mí, no me incomoda. Y sí, también me gustas tú, pero nunca te lo confesaré porque sé, que en el fondo, tampoco importa.

¿No me dejas seguir aquí soñando? ¿No me dejas acomodarme para evitar preocuparme por el futuro? ¿Puedo? ¿Puedo ser una soñadora que sólo se dedique a eso, a soñar?

No, no me dejas. Lo sé. El tiempo ha llegado a su fin y la realidad, como siempre, ya está aquí aguando la fiesta, alejándome de estas sábanas que utilizo como escudo protector.

Y todo esto te lo digo con el pensamiento, mirando cómo duermes ajeno a la luz del día que entra con fuerza.  Te lo digo sabiendo que no preguntarás por mí porque anoche lo dejamos todo claro, consciente de ya es hora de irse, porque estás a punto de despertar.

El fin ha llegado y otro principio vendrá con él. Pero…¡qué principio! ¡Y cuándo! ¡Y cómo !¿Cómo volverá todo a empezar si ni siquiera tengo la conclusión de mi propia historia?

Sí… lo sé. Adiós.

Sed buenos

Danae

Un perdón…y mañana más

Termino abril con un relato que escribí hace algún tiempo. Un relato algo triste y puede que hasta inacabado. Tampoco sé muy bien lo que significa porque simplemente lo escribí, como escribo muchos textos, ignorando lo que realmente quiero decir y sin saber lo que esconden mis propias palabras.

Te pido perdón. A veces lo siento…otras no, pero te lo pido por si acaso…y de paso me lo pido a mí misma, que es con quien realmente creo tengo que disculparme.

Me pides perdón, pero no lo acepto. No lo necesito. No lo hagas. Guárdalo para la próxima vez. Sabes tan bien como yo que habrá una próxima vez, siempre la hay. Muchas las provocamos, como si nos aburriéramos de tanta monotonía, como si lo necesitáramos.

Nos disculpamos por inercia, porque hay que hacerlo, porque nos han educado para ello o porque simplemente somos personas de palabras y preferimos enterrar los hechos bajo sílabas y letras que se repiten una vez sí y otra también, en vez de dejar de hacer lo que nos provoca dolor.

Mismas historias, mismas palabras, reacciones similares. Para qué cambiar. ¿Para qué? es mucho mejor disculparnos, ya nos lo sabemos de memoria, sólo hay que interpretar un guión que hace tiempo seguimos sin necesidad de estudiarlo. Antes de llegar a la verdad nos pedimos perdón, un abrazo para zanjar el trato y todo como antes. Exactamente igual que antes.

Y aquí estoy con sensación de derrota por no (querer) llegar a nada,  pensando en si el perdón significa algo o si, como dijo Erich Segal en su Love Story,  “Amar significa no tener que decir nunca lo siento” y  estamos aquí haciendo el tonto porque nos queremos muy poco.

Pienso todo esto mientras me escrutas con esa mirada fija y ausente tan tuya, tan lejana y tan penetrante…todo a la vez. Y pienso todo esto dejando que me observes, esforzándome por evitar que averigües lo que pasa por mi cabeza; preguntándome si realmente ha sido la rutina “quien” nos ha forzado a conformarnos con situaciones que son calcos de la anterior o si, simplemente, nos hemos vuelto tan indiferentes el uno con el otro que ya no nos tomamos en serio.

Al final así pasamos las horas: dejando que todo siga igual que siempre. Igual que ayer y  que mañana, tal vez por miedo a perdernos o quién sabe, puede que por temor a que distanciándonos no seamos nada el uno sin el otro.

Sed buenos.

Danae

Un montón de palabras

Hoy por variar…un pequeño relato, una reflexión o un montón de palabras:

Nunca más volviste a mí. Sí, te lo digo a ti. A ti que no te conozco, que no sé de ti, que no sé si existes, que pienso en ti, que sueño contigo, que te noto lejos, que apenas te siento, que sé que no estás ahí ¿o sí? ¿Estás? No lo creo. Nunca estuviste, aunque me convenciera de lo contrario. Pero te pido que vuelvas a ti, que no sé si eres amigo, amante o pareja de (des)hecho ¿Y qué hay que deshacer? Pues este embrollo en el que me he metido yo solita y no tengo ni idea de cómo salir. Y tengo la sensación de que sólo tú puedes solucionarlo, seas quien seas, vengas de donde vengas. ¡Qué más dará  todo eso! Qué más me dará a mí ¡Si sólo sé que me faltas y no sé ni quién eres!. Eres ese hueco, ese lugar incompleto de mí misma…eres… pero no estás.

Pero qué lío, y sigo hablando, porque no puedo parar. Y ya no sé qué digo, qué escribo, qué pienso, qué miro y qué leo; ni si lo que digo, escribo, pienso, miro o leo es algo nuevo o es más de lo mismo, porque juraría que todo esto ya lo he dicho antes.

Y maldita sea esta tontería que no sé de dónde proviene ni si tiene fecha de caducidad. También ignoro si me llevará a alguna parte que no sea el mismo de siempre, éste en el que estoy y del que soy incapaz de moverme por miedo, por el viento o porque sencillamente me duelen los pies. Sea como fuere aquí estoy: como ayer, como hace dos años y como mañana. Y qué gracia me hace estar siempre en el mismo lugar y ser tan cambiante pero nunca verte, ni conocerte, ni saber de ti…

Un montón de palabras que si las leéis bajo la luz de una vela, además de quedaros cegatos, lo “veréis” con ese halo romántico que parece que aportan las velas; si preferís leerlo por la tarde con una copa de vino podéis creer que se trata de una reflexión profunda de uno mismo o de un grito de auxilio -porque todo queda más elegante e intelectual con una copa de vino ¿verdad?-  y si estáis fumados o borrachos…mejor id a dormirla… al fin y al cabo, son sólo un montón de palabras que seguirán ahí cuando despertéis.

Sed buenos.

Danae

… y una mano que te lleve

Miras por la ventana y ves un sol radiante y piensas “No puedo estar triste”. La lluvia se asocia con  la melancolía y la nostalgia. El sol con la alegría. No hay más que hablar.

Como ya sabéis y os he comentado en más de una ocasión, existen momentos en los que uno se levanta por inercia, sin pizca de ganas de sonreír al vecino cuyo perro se mea en el portal.  Sin embargo, no queda otra que salir y hacer como si nada, porque quedarse en pijama sólo es aceptable en domingo y eso si no se tiene comida familiar. Y no queda otra porque el mundo no se detiene por nadie y menos por ti…y si no te lo crees, echa un vistazo a Facebook y juzga tú mismo. Pero a pesar de eso, a pesar de que el mundo sigue girando, a pesar de que no quieres sumarte a su movimiento porque por algún motivo estás enfadado con él,te quedas aparte viéndole dar vueltas, con sensación de mareo y siguiéndole el ritmo con el pie. Y como un idiota miras embobado ese espectáculo ya sea a través de los transeúntes que te cruzas, de la televisión, de los libros o de una simple canción porque en el fondo te da envidia tanta energía. Pero no estás para nadie y prefieres ser un mero espectador, alguien que pase desapercibido pero que mantiene la esperanza de que algún alma caritativa le ofrezca su mano y le invite a bailar al compás del resto del mundo, a pesar de estar dentro de él aunque no te des cuenta.

IMG_9585

Observas y esperas…y sigues esperando, porque aunque es posible que nadie te invite al baile, también lo es que exista una mano que intente coger la tuya y que la rechaces con forzada amabilidad, porque sólo querías quedarte en casa y hacer lo que te viniera en gana como “televisear”, leer, cocinar, pintar o dormir…  algo que pudiera reconfortarte, algo que te aislara del mundo que no quieres ver y permanecer invisible para todos los demás; porque por mucho que te envidie ese ritmo…no estás para nadie y mucho menos para fingir que estás para algo.

Con suerte consigues estar sólo y cubrirte con la capa de invisibilidad. Sí, como la de Harry Potter. Pero paradojas de la vida, como sabes que el mundo continúa moviéndose, necesitas saber que está haciendo sin ti y hojeas los periódicos y te empapas de la mediocridad humana en forma de violencias e injusticias y con suerte de alguna que otra noticia agradable, y te echas en cara ¡Cómo es posible que estando el mundo como está, tú, que lo tienes todo, te sientas mal “porque sí”! y decides levantarte por inercia del sofá porque hace sol y ¡Cómo te vas a quedar en casa!, y sonreír al vecino cuyo perro se mea en el portal y desear en secreto que  una mano amiga te lleve en ese baile porque siempre fuiste un pésimo bailarín.

Sed buenos.

Danae

A veces, sin más…

Escribo por escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar. Escribo en post- it, esos amarillos cuyo pegamento no pega y provoca que el pequeño papel inicie una caída libre inevitable hacia el suelo. Escribo en ellos y los leo y los veo repletos de recordatorios sólo para averiguar si soy capaz de lograr alcanzar hasta el último rincón.

Escribo pensamientos y sueños y sarcasmos que esconden miedos o no… o tan sólo se trata de comentarios ácidos que harían escandalizar a papá limón.

Escribo palabras huecas que no son más que silencios perdidos, silencios que intento cubrir con el sonido de las teclas de la máquina de escribir. Otras veces hablo y no digo nada que merezca la pena ser escrito, pero también callo y eso me lo apunto por si acaso, por si lo necesito para momentos en los que no tengo nada que aportar.

Escribir puede ser como esa fotografía en blanco y negro que nos vuelve nostálgicos y nos evoca un pasado diferente, que no mejor; o aquella que nos descubre una explosión de colores y nos incita a correr y reír y vivir como si realmente nos fuera la vida en ello.

Escribir como una liberación o como un regodeo en los propios pensamientos que se relatan, se inventan, se tergiversan, se sienten aunque sean mentira…o no. O son tan ciertos que parece que movamos el bolígrafo por inercia, deslizándolo rápido para no perder ritmo, dibujando letras ilegibles como el de un niño que aprende a formar las primeras palabras o un borracho que quiere escribir algo que no quiere olvidar. Pero sí, es cierto que libera y que nos encierra más en nosotros mismos y que hace que nos expresemos sin tapujos, sin miedo al qué dirán porque nadie lo leerá si nosotros no queremos.

Escribir engancha porque no hace falta tener un don sino ganas, un bolígrafo con mucha tinta y un cuaderno de esos que tenemos por ahí. Da igual que sólo uno mismo sea capaz de entenderlo, porque aunque los papeles se pierdan y los documentos vuelen o no, o se queden en el ordenador y no se vayan a ninguna parte y nunca se borren o sí, porque son dolorosos y no queremos tenerlos cerca o porque el ordenador nos ha jugado una mala pasada o porque nos hacen soñar en exceso, tanto que nos duele y nos lleva a posar los pies en el suelo como si fueran de plomo… nos hace sentir nosotros mismos y eso libera y asusta también, sentirnos sin máscaras ni disfraces, que Carnaval ya ha pasado.

Y muchos “y” estoy poniendo yo… y a una le da por preguntarse si las palabras, palabras son y ya está, pero prefiero pensar que no, que ilusa de mí, significan algo a no ser que se diga algo inconveniente y optemos por son sólo palabras, no significan nada, no lo tengas en cuenta ¿verdad?

Y entre claros y oscuros escribo estas líneas sólo porque quiero hacerlo, sin objetivos ni intenciones definidos. Escribo por liberarme un poquito y porque me gusta recordar los motivos que me llevan a teclear en mi portátil y a sacar mi libreta de rayas y mi bolígrafo en miniatura que siempre pierdo…y los motivos no son más que escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar, hasta en los post-it, esos amarillos cuyo pegamento no pega….

Sed buenos.

Danae