Un suspiro sin adiós

Solo un suspiro, eso duró.

Tan solo fue un segundo, dos como  mucho, como el soplo de aire fresco que se siente al salir de un sitio repleto de gente.

Solo un suspiro, como el que  yo expiré al ver marchar todo lo que tenía guardado en una caja de zapatos.

Abrí la caja de mis sueños y los dejé marchar. Sabía que nunca los iba a cumplir, ya era tarde para eso, o por lo menos yo lo sentía así. Era hora de dejarlos ir en libertad, no tenía sentido continuar con su encierro,  tal vez fueran de utilidad para otros, aquellos carentes de sueños, de esperanzas. A mí me sobran, porque sueño mucho y hago poco, no lo sé; solo sé  que los echaré de menos, eran mis sueños infantiles, los verdaderos, los que más daño me producían sabiendo que estaban ahí sufriendo mi indiferencia.

Abrí la caja de cartón y se fueron sin mirar atrás, sin rencores, sin tristeza. Solo tardaron un segundo en irse, normal. Está claro que no los quise demasiado para cumplirlos, pero sí lo suficiente como para dejarlos marchar.

Serán otros los que los cumplan por mí, más valientes y decididos que yo. Ellos, los valientes, alcanzarán mis objetivos y yo, como buen ser humano incoherente, les odiaré por lograr lo que yo no fui capaz.

Y al final todo quedó en un suspiro y ningún adiós. 

Sed buenos.

Danae

Déjame…

Déjame un poquito más, sólo un poco más.

Déjame enredarme en estas sábanas, tan blancas que la luz es más brillante cuando las traspasa. Déjame mirar a través de esa ventana que no es mía, que me lleva a un mundo que no me pertenece.

Déjame sentirme bien, ver la vida de todos los colores, con tanta variedad que me es imposible escoger uno solo. Déjame descansar escuchando nada, si acaso un murmullo que creo que proviene de mi mente y no de la calle.

Dime que me quede y lo haré, porque quiero hacerlo. Tú, si quieres, puedes irte. Lo sabes pero no lo admites, este mundo tampoco es el tuyo y, sabes también como yo, que la pureza de estas sábanas no es un reflejo de ti. Pero no me importa.

Déjame sonreír y decirte que un segundo más será suficiente. Y te lo diré cada segundo para hacerme la remolona y no irme nunca. Porque, entre nosotros, esto me gusta. Me gusta esta seguridad que hace que me sienta fuerte y protegida, me gusta este olor a madera, me gusta este silencio que, raro en mí, no me incomoda. Y sí, también me gustas tú, pero nunca te lo confesaré porque sé, que en el fondo, tampoco importa.

¿No me dejas seguir aquí soñando? ¿No me dejas acomodarme para evitar preocuparme por el futuro? ¿Puedo? ¿Puedo ser una soñadora que sólo se dedique a eso, a soñar?

No, no me dejas. Lo sé. El tiempo ha llegado a su fin y la realidad, como siempre, ya está aquí aguando la fiesta, alejándome de estas sábanas que utilizo como escudo protector.

Y todo esto te lo digo con el pensamiento, mirando cómo duermes ajeno a la luz del día que entra con fuerza.  Te lo digo sabiendo que no preguntarás por mí porque anoche lo dejamos todo claro, consciente de ya es hora de irse, porque estás a punto de despertar.

El fin ha llegado y otro principio vendrá con él. Pero…¡qué principio! ¡Y cuándo! ¡Y cómo !¿Cómo volverá todo a empezar si ni siquiera tengo la conclusión de mi propia historia?

Sí… lo sé. Adiós.

Sed buenos

Danae

Un perdón…y mañana más

Termino abril con un relato que escribí hace algún tiempo. Un relato algo triste y puede que hasta inacabado. Tampoco sé muy bien lo que significa porque simplemente lo escribí, como escribo muchos textos, ignorando lo que realmente quiero decir y sin saber lo que esconden mis propias palabras.

Te pido perdón. A veces lo siento…otras no, pero te lo pido por si acaso…y de paso me lo pido a mí misma, que es con quien realmente creo tengo que disculparme.

Me pides perdón, pero no lo acepto. No lo necesito. No lo hagas. Guárdalo para la próxima vez. Sabes tan bien como yo que habrá una próxima vez, siempre la hay. Muchas las provocamos, como si nos aburriéramos de tanta monotonía, como si lo necesitáramos.

Nos disculpamos por inercia, porque hay que hacerlo, porque nos han educado para ello o porque simplemente somos personas de palabras y preferimos enterrar los hechos bajo sílabas y letras que se repiten una vez sí y otra también, en vez de dejar de hacer lo que nos provoca dolor.

Mismas historias, mismas palabras, reacciones similares. Para qué cambiar. ¿Para qué? es mucho mejor disculparnos, ya nos lo sabemos de memoria, sólo hay que interpretar un guión que hace tiempo seguimos sin necesidad de estudiarlo. Antes de llegar a la verdad nos pedimos perdón, un abrazo para zanjar el trato y todo como antes. Exactamente igual que antes.

Y aquí estoy con sensación de derrota por no (querer) llegar a nada,  pensando en si el perdón significa algo o si, como dijo Erich Segal en su Love Story,  “Amar significa no tener que decir nunca lo siento” y  estamos aquí haciendo el tonto porque nos queremos muy poco.

Pienso todo esto mientras me escrutas con esa mirada fija y ausente tan tuya, tan lejana y tan penetrante…todo a la vez. Y pienso todo esto dejando que me observes, esforzándome por evitar que averigües lo que pasa por mi cabeza; preguntándome si realmente ha sido la rutina “quien” nos ha forzado a conformarnos con situaciones que son calcos de la anterior o si, simplemente, nos hemos vuelto tan indiferentes el uno con el otro que ya no nos tomamos en serio.

Al final así pasamos las horas: dejando que todo siga igual que siempre. Igual que ayer y  que mañana, tal vez por miedo a perdernos o quién sabe, puede que por temor a que distanciándonos no seamos nada el uno sin el otro.

Sed buenos.

Danae

Un montón de palabras

Hoy por variar…un pequeño relato, una reflexión o un montón de palabras:

Nunca más volviste a mí. Sí, te lo digo a ti. A ti que no te conozco, que no sé de ti, que no sé si existes, que pienso en ti, que sueño contigo, que te noto lejos, que apenas te siento, que sé que no estás ahí ¿o sí? ¿Estás? No lo creo. Nunca estuviste, aunque me convenciera de lo contrario. Pero te pido que vuelvas a ti, que no sé si eres amigo, amante o pareja de (des)hecho ¿Y qué hay que deshacer? Pues este embrollo en el que me he metido yo solita y no tengo ni idea de cómo salir. Y tengo la sensación de que sólo tú puedes solucionarlo, seas quien seas, vengas de donde vengas. ¡Qué más dará  todo eso! Qué más me dará a mí ¡Si sólo sé que me faltas y no sé ni quién eres!. Eres ese hueco, ese lugar incompleto de mí misma…eres… pero no estás.

Pero qué lío, y sigo hablando, porque no puedo parar. Y ya no sé qué digo, qué escribo, qué pienso, qué miro y qué leo; ni si lo que digo, escribo, pienso, miro o leo es algo nuevo o es más de lo mismo, porque juraría que todo esto ya lo he dicho antes.

Y maldita sea esta tontería que no sé de dónde proviene ni si tiene fecha de caducidad. También ignoro si me llevará a alguna parte que no sea el mismo de siempre, éste en el que estoy y del que soy incapaz de moverme por miedo, por el viento o porque sencillamente me duelen los pies. Sea como fuere aquí estoy: como ayer, como hace dos años y como mañana. Y qué gracia me hace estar siempre en el mismo lugar y ser tan cambiante pero nunca verte, ni conocerte, ni saber de ti…

Un montón de palabras que si las leéis bajo la luz de una vela, además de quedaros cegatos, lo “veréis” con ese halo romántico que parece que aportan las velas; si preferís leerlo por la tarde con una copa de vino podéis creer que se trata de una reflexión profunda de uno mismo o de un grito de auxilio -porque todo queda más elegante e intelectual con una copa de vino ¿verdad?-  y si estáis fumados o borrachos…mejor id a dormirla… al fin y al cabo, son sólo un montón de palabras que seguirán ahí cuando despertéis.

Sed buenos.

Danae

… y una mano que te lleve

Miras por la ventana y ves un sol radiante y piensas “No puedo estar triste”. La lluvia se asocia con  la melancolía y la nostalgia. El sol con la alegría. No hay más que hablar.

Como ya sabéis y os he comentado en más de una ocasión, existen momentos en los que uno se levanta por inercia, sin pizca de ganas de sonreír al vecino cuyo perro se mea en el portal.  Sin embargo, no queda otra que salir y hacer como si nada, porque quedarse en pijama sólo es aceptable en domingo y eso si no se tiene comida familiar. Y no queda otra porque el mundo no se detiene por nadie y menos por ti…y si no te lo crees, echa un vistazo a Facebook y juzga tú mismo. Pero a pesar de eso, a pesar de que el mundo sigue girando, a pesar de que no quieres sumarte a su movimiento porque por algún motivo estás enfadado con él,te quedas aparte viéndole dar vueltas, con sensación de mareo y siguiéndole el ritmo con el pie. Y como un idiota miras embobado ese espectáculo ya sea a través de los transeúntes que te cruzas, de la televisión, de los libros o de una simple canción porque en el fondo te da envidia tanta energía. Pero no estás para nadie y prefieres ser un mero espectador, alguien que pase desapercibido pero que mantiene la esperanza de que algún alma caritativa le ofrezca su mano y le invite a bailar al compás del resto del mundo, a pesar de estar dentro de él aunque no te des cuenta.

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Observas y esperas…y sigues esperando, porque aunque es posible que nadie te invite al baile, también lo es que exista una mano que intente coger la tuya y que la rechaces con forzada amabilidad, porque sólo querías quedarte en casa y hacer lo que te viniera en gana como “televisear”, leer, cocinar, pintar o dormir…  algo que pudiera reconfortarte, algo que te aislara del mundo que no quieres ver y permanecer invisible para todos los demás; porque por mucho que te envidie ese ritmo…no estás para nadie y mucho menos para fingir que estás para algo.

Con suerte consigues estar sólo y cubrirte con la capa de invisibilidad. Sí, como la de Harry Potter. Pero paradojas de la vida, como sabes que el mundo continúa moviéndose, necesitas saber que está haciendo sin ti y hojeas los periódicos y te empapas de la mediocridad humana en forma de violencias e injusticias y con suerte de alguna que otra noticia agradable, y te echas en cara ¡Cómo es posible que estando el mundo como está, tú, que lo tienes todo, te sientas mal “porque sí”! y decides levantarte por inercia del sofá porque hace sol y ¡Cómo te vas a quedar en casa!, y sonreír al vecino cuyo perro se mea en el portal y desear en secreto que  una mano amiga te lleve en ese baile porque siempre fuiste un pésimo bailarín.

Sed buenos.

Danae

A veces, sin más…

Escribo por escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar. Escribo en post- it, esos amarillos cuyo pegamento no pega y provoca que el pequeño papel inicie una caída libre inevitable hacia el suelo. Escribo en ellos y los leo y los veo repletos de recordatorios sólo para averiguar si soy capaz de lograr alcanzar hasta el último rincón.

Escribo pensamientos y sueños y sarcasmos que esconden miedos o no… o tan sólo se trata de comentarios ácidos que harían escandalizar a papá limón.

Escribo palabras huecas que no son más que silencios perdidos, silencios que intento cubrir con el sonido de las teclas de la máquina de escribir. Otras veces hablo y no digo nada que merezca la pena ser escrito, pero también callo y eso me lo apunto por si acaso, por si lo necesito para momentos en los que no tengo nada que aportar.

Escribir puede ser como esa fotografía en blanco y negro que nos vuelve nostálgicos y nos evoca un pasado diferente, que no mejor; o aquella que nos descubre una explosión de colores y nos incita a correr y reír y vivir como si realmente nos fuera la vida en ello.

Escribir como una liberación o como un regodeo en los propios pensamientos que se relatan, se inventan, se tergiversan, se sienten aunque sean mentira…o no. O son tan ciertos que parece que movamos el bolígrafo por inercia, deslizándolo rápido para no perder ritmo, dibujando letras ilegibles como el de un niño que aprende a formar las primeras palabras o un borracho que quiere escribir algo que no quiere olvidar. Pero sí, es cierto que libera y que nos encierra más en nosotros mismos y que hace que nos expresemos sin tapujos, sin miedo al qué dirán porque nadie lo leerá si nosotros no queremos.

Escribir engancha porque no hace falta tener un don sino ganas, un bolígrafo con mucha tinta y un cuaderno de esos que tenemos por ahí. Da igual que sólo uno mismo sea capaz de entenderlo, porque aunque los papeles se pierdan y los documentos vuelen o no, o se queden en el ordenador y no se vayan a ninguna parte y nunca se borren o sí, porque son dolorosos y no queremos tenerlos cerca o porque el ordenador nos ha jugado una mala pasada o porque nos hacen soñar en exceso, tanto que nos duele y nos lleva a posar los pies en el suelo como si fueran de plomo… nos hace sentir nosotros mismos y eso libera y asusta también, sentirnos sin máscaras ni disfraces, que Carnaval ya ha pasado.

Y muchos “y” estoy poniendo yo… y a una le da por preguntarse si las palabras, palabras son y ya está, pero prefiero pensar que no, que ilusa de mí, significan algo a no ser que se diga algo inconveniente y optemos por son sólo palabras, no significan nada, no lo tengas en cuenta ¿verdad?

Y entre claros y oscuros escribo estas líneas sólo porque quiero hacerlo, sin objetivos ni intenciones definidos. Escribo por liberarme un poquito y porque me gusta recordar los motivos que me llevan a teclear en mi portátil y a sacar mi libreta de rayas y mi bolígrafo en miniatura que siempre pierdo…y los motivos no son más que escribir para ver hasta dónde soy capaz de llegar, hasta en los post-it, esos amarillos cuyo pegamento no pega….

Sed buenos.

Danae

Rápido, aquí, ¡YA!

Con tanta política, feminismo, anti-feminismo, machismo, terrorismo, consumismo…me he olvidado de a qué venía.

Marginación,exaltación de la diferencia, del diferente que se convierte en moda, hasta el siguiente. Hipster, hamster, lumbersexual…qué vueltas da la vida, pero no es ella la que gira, sino nosotros quienes la mareamos. Éxito, fracaso, ¿lo dejamos en tablas? No, mejor corramos que ahora está de moda, a ver quien gana. Pero no, parece que no llegamos a ningún sitio; o peor, volvemos al mismo de antes.

Elecciones, las de Grecia, pero sobre todo las nuestras propias, siempre eligiendo… mal, bien, da igual. Selecciones, las de fútbol y balonmano, las naturales, esas que hace que los bichitos débiles mueran, pobrecicos…y me siento confusa, porque venía a hablaros y no recuerdo acerca de qué.

Bablablá y qué más decir que sólo sé que no sé nada y qué tranquilo debe de estar Descartes en su tumba sin saber que tiene el mismo nombre que la Zellweger, aunque bueno ella tiene una “e” más, para evitar confusiones. Y qué locura ¿verdad? Que todo vaya tan deprisa, sin pausa y con prisa, que todo se solape, ¡ay cuidado que nos perdemos un comentario en Twitter! No…espera, ese no me interesa.  Y claro, ahora nos ofrecen curas detox tecnológicas, porque estamos saturados, pero es que…  ¿ Y si hay algo importante? ¿Y si hay un correo de trabajo tan urgente que sin mí la empresa se hunde y se va al carajo? Preocupaciones normales y lógicas, porque somos los más importantes. Pero por supuesto lo único detox que hay en la vida es tomar batidos verdes, que es más fácil y podemos subir su foto en Instagram, para que sepan que estamos en “Plan Detox”. Pero seguro que alguno quiere “quitarse” de tanta conexión  y caerá a lo grande: pagando un pastón para que le guarden el móvil bajo llave y le den una reprimenda cada vez que diga Porfa dame mi móvil, porfa porfa, venga va porfa…

Necesitamos saber, lo que sea, aunque solo sea para retwitearlo. Miramos el móvil, buscamos noticias, contestamos gilipolleces pero más, necesitamos MÁS. Y leemos de TODO, superficial y no superficial. Qué se lleva, qué se come, qué se dice y hace. Y nosotros miramos como pasmarotes, quietos, sin digerir nada más que nuestro batido verde. Miramos con fingida afectación las noticias porque, reconozcámoslo, tanto Walking Dead nos ha insensibilizado, pero hay que leerlas y decir bien alto Qué inhumanos ¿Y los gobiernos no pueden hacer nada? Y nosotros ¿No podemos hacer nada?  Y no lo hacen, nosotros tampoco; y saltamos a la siguiente noticia, más muertos, más política, más reivindicaciones feministas, ¡anda un partido antifeminista! porque ellos lo valen y nos indignamos, ¡serán cabrones! No, sólo tienen miedo, ¡pobrecicos! si es que nunca les dieron un abrazo de verdad, no se lo tengáis en cuenta, son sólo adultos asustados, de esos que si te acercas, te muerden, sólo por miedo, sólo por ignorancia a lo distinto.

Somos adictos  a todo en general y a nada en concreto ¿o sí? Esa luz se enciende, me llaman, me wasapean, me dicen, me comentan… –¿Quedamos en el bar de siempre?- Claro. Y en el bar nos llaman, nos wasapean, decimos y comentamos cómo fue el partido, las elecciones o la comida con los amigos, todos en círculo, móvil en mano, hablando, atentos y ajenos al mismo tiempo, porque todo tiene que ser YA y TODO se convierte en material susceptible de ser wasapeado, comentado, criticado.

He venido a hablar, rápido, con ganas, sabiendo que tengo que preparar la comida de mañana, la cena de hoy, difundir mi nueva entrada, cenar, relajarme, ¿no me notáis tranquila? No os preocupéis luego subiré una foto en pijama, para que veáis lo relajada que estoy.

Y sólo deseo que mis dedos dejen de teclear tan rápido, pero no puedo, he de terminar, he de decir lo que no me acuerdo, pero me es imposible, la cena en el fuego, el móvil parpadeando, las redes sociales llamándome a que las lea…

Seamos buenos, normales, diferentes, respetuosos, sensibles, empáticos, SEAMOS y no porque necesitemos beber, sino para que nuestro móvil no nos sustituya, no hable por nosotros.

Sed buenos.

Danae