Rendirse

A veces cuesta no rendirse ¿verdad? Es muy duro ver cómo todas las palabras pronunciadas en realidad no han servido para nada, que los razonamientos caen en saco roto o que el esfuerzo por conseguir algo no da ningún fruto.

Resultado de imagen de doctor who temporada 9x11Es muy frustrante ver que no se avanza que, como en esa pesadilla recurrente, por mucho que corras, no te mueves ni un milímetro mientras ves cómo tu objetivo cada vez está más y más lejos.

Y te dicen que no te rindas, y tú también te lo dices porque es algo obvio, pero a veces uno lo hace. Solo un poco. Lo suficiente para regodearse en la autocompasión y la tristeza. Solo un poco, hasta que el orgullo venga a rescatarte y te saque de ese ensimismamiento penoso y vuelvas a decir aquello de “por mis santos cojones que lo hago” Sí, así de bestia porque el tirar p’alante es así  y no hay otra forma de hacerlo. Y hay que ponerse esa canción que tanto nos motiva a tope y levantar la cabeza lo más alto posible y lanzarse de nuevo a pegarse golpes contra las paredes hasta conseguir abrirse paso.

Pero a veces, cuando las manos te duelen tanto de golpear ese muro de piedra, te rindes. Porque la fuerza falla, como fallan las ilusiones y los sueños que, con el cansancio se ven tan irreales e imposibles de conseguir. A veces te rindes y no pasa nada. Y serás tan valiente como el que no lo hizo, porque todos somos diferentes y no podemos medirnos por el mismo baremo. Y uno se rinde y se vuelve pequeño, hasta que deja de serlo. Y no pasa nada.

Sed buenos

Danae

Un poco más no es suficiente

Solo un poco más. Unos minutos más en la cama aunque eso suponga llegar tarde a trabajar, una cucharada más de café que ayude a despejarte, un poco más de maquillaje que te cubra las ojeras, un poco más de gomina que controle el pelo aún enmarañado consecuencia de una noche de vueltas y más vueltas. Pero no es suficiente.

Llega el descanso y te tomas otro café cargado, por favor pero no es suficiente. El maquillaje se derrite por el calor y las ojeras que habías conseguido ocultar malamente, salen de su escondite y esos pelos que quisiste domar campan a sus anchas, porque no fue suficiente.

Quieres acabar el trabajo que tienes entre manos pero pasan los minutos y no consigues terminarlo. Un poco más, dices. Pero no es suficiente. No estás concentrado y te vas con la sensación de no haber hecho nada.

Te vas a casa, pero tienes que hacer la compra, quieres leer ese libro que tanto te gusta pero no tienes tiempo para leer y, por supuesto, ver la serie que te gusta. Todo antes de cenar. Pero el tiempo no se para cuando tú quieres y, ahora que necesitas que todo vaya más despacio,  el minutero se mueve a toda velocidad y del super vas a casa, colocas la compra y preparas la cena. Así todo seguido, porque se ha hecho tarde. Te la comes mientras ves un capítulo de tu serie favorita. Y ves otro más, solo uno más hasta que me entre el sueño piensas,  pero el sueño no entra y lo único que te lleva a la cama es tu sentido común. Te lavas los dientes, te pones el pijama y pones el libro que llevas días sin leer sobre tu regazo, porque quieres leer pero no estás concentrado. Y comienzas a pensar en nada en concreto. Quieres apagar la luz porque te pican los ojos, pero sabes que no te vas a dormir por mucho que lo desees. No tienes sueño, además sueñas mejor despierto, puedes crear tus propias historias, tener control sobre ellas. Y al final te duermes con la luz encendida, el libro sobre tu regazo y sin saber que ya es de madrugada y que, dentro de unas horas, al despertarte, vas a querer quedarte un poco más en la cama pero no será suficiente.

Y vuelta a empezar.

Sed buenos

Danae

Solo para nosotros

Estos días he estado reflexionando acerca de lo mucho que nos gusta compartir nuestra vida. No solo ahora, sino desde siempre. Lo que ocurre es que  los medios han cambiado y ahora nos resulta de lo más sencillo.

Antes en vez de redes sociales, teníamos nuestras carpetas en donde pegábamos fotos que nos gustaban y escribíamos las frases que leíamos por ahí. Ahora todo va para Facebook o Instagram o la red que más os guste. Las formas han cambiado pero el si nadie lo ve, no existe lo tenemos bien arraigado en nuestro inconsciente. Si nadie sabe lo que escribimos, si no muestro mis pinturas, o mi vestido nuevo, o mi colección de figuritas de porcelana… ¿Existe en realidad? ¿Para qué se tiene si no es para compartir?

Todos lo hacemos. Todos enseñamos lo que queremos, a todos nos encanta mostrar nuestro trabajo, nuestros hobbies, lo que sea. Parece que es una forma de decirnos si alguien lo ve, entonces ha merecido la pena. Y entonces yo, que también comparto lo que hago porque es bonito compartir aquello en lo que uno ha invertido tiempo y esfuerzo, voy y me pregunto ¿será tan especial para los demás como lo es para mí?

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Si yo comparto, por ejemplo, una frase que cambió mi forma de ver la realidad, si eso que a MÍ me resultó tan especial lo lanzo al frío Internet, en donde tantas frases se sienten solas e infravaloradas ¿Dejaría de ser especial? Porque me da miedo dar la razón a Elvira Lindo cuando dijo que Cualquier frase, por bella que sea, entrecomillada y colgada en un muro de Facebook siempre va a acabar pareciendo escrita por Paulo Coelho. Y como jodería eso ¿verdad? Porque resulta que ese puñado de palabras que logró emocionarte, ahora resulta que es una más que, de tanto leerse por encima, acaba perdiendo su valor.

Y esto mismo ocurre con todo lo demás. Cada texto que escribimos en la intimidad de nuestra habitación, esa ilustración con la que queremos decir tantas cosas, ese libro que nos cambió la vida, la película que nos hizo sentir bien con nosotros mismos…todo eso que para nosotros es un mundo, al ser compartido corre el riesgo de perder todo ese valor que solo nosotros le hemos dado. Porque al fin y al cabo, somos nosotros quien le proporcionamos ese “algo especial”, el objeto en sí no vale nada. Y ocurre lo que puede ocurrir en estas ocasiones, que lo que antes era único, ahora es solo una cosa más, porque nadie lo ve como tú.

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Y repito: todos compartimos, porque está muy bien compartir porque así conocemos otros mundos dentro del nuestro propio, porque es maravilloso poder enseñar al mundo lo que hemos hecho o lo que nos hace sentir tan bien. Solo digo que, tal vez, y solo tal vez, deberíamos dejar algo para nosotros mismos, como cuando éramos pequeños y guardábamos todo lo que nos gustaba en una caja cuya existencia solo conocíamos nosotros. Ese era nuestro tesoro, era SOLO nuestro y eso era precisamente lo que les convertía en algo tan especial. Y eso es lo que debemos recuperar, tener algo, por pequeño que sea solo para nosotros, y mantenerlo en secreto, igual que cuando éramos niños.

Sed buenos

Danae

Prohibido despatarrarse

Ha vuelto a pasar, ya tengo otro palabro de los que tanto me gustan y no puedo decir más que ME EN-CAN-TA. Así de clarito.

La palabra en cuestión es Manspreading, en inglés, como no podía ser de otra manera, que no significa otra cosa que esa tendencia (sobre todo en los hombres) que sentarse despatarrado -muy molesto cuando vas en transporte público- y que les lleva a ocupar dos sitios en vez de uno.

Pero, empecemos por el principio. Me encontré un artículo de la revista ICON que hablaba acerca de la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid de publicar una serie de normas para viajar en transporte público. No poner los pies en los asientos, no fumar, ceder el asiento cuando proceda y esas cosas taaaaaan de sentido común y educación que nos tienen que recordar solo por si acaso porque todo el mundo las cumple ¿verdad? Bien, pues entre esas reglas está la de NO al despatarre masculino y, como era de esperar, muchos se han tirado de los pelos.

Sí, es cierto que los hombres tienden más a abrir las piernas y ocupar más espacio que las mujeres. Ignoro si es porque no quieren dar calor a sus huevecillos, si es que les molestan o si simplemente es porque están más cómodos. No tengo ni idea, ya ha salido alguno desmintiendo eso de que “es para no apretarlos”, sea como fuere la polémica ya está montada. Y yo, que no tengo nada que hacer en estos momento, quiero opinar sobre ello.

Como siempre, tengo que decir que, además de humillante, me parece muy triste que nos tengan que decir lo básico. Pero como ya está demostrado que somos un poco tontos, lo voy a pasar por alto. Entiendo que si uno está en la soledad del par de asientos del autobús, nadie le moleste un tío con las piernas más abiertas de lo normal, ni un tío y ni una tía, porque por si alguien no lo sabe, las mujeres, de vez en cuando, también somos muy de despatarrarnos. ¿Qué ocurre con todo esto? Pues lo de siempre que sale el que se defiende atacando y suelta un Pues las mujeres también ocupan dos asientos dejando el bolso en el que está libre. Totalmente de acuerdo. Yo misma, cuando llevo un bolso grande lo hago si no hay gente y, como creo que cualquiera mujer, lo quito cuando viene alguien para que se siente, como creo- o me gustaría creer- que cualquier despatarrado cierre las piernas – y las mantenga bien cerraditas- si ve que alguien se va a sentar.

Pero bueno, el caso es que además de mala educación, hay quienes tachan el gesto de machismo. Yo no sabría que deciros. Yo he visto una fila de tíos con las piernas abiertas sentados en un banco y, oye, si a ellos no les molesta…pero si en vez de hombres, fuera solo uno y el resto mujeres y él tuviera las piernas abiertas, dudo que lo haga porque se crea más que la mujer, sino simplemente porque está acostumbrado a ello. Claro, entraríamos en el debate de a las mujeres siempre se nos ha dicho que hay que cerrar las piernas y a los chicos no, porque nosotras teníamos que sentarnos como señoritas. Yo, sinceramente, no voy a entrar en esta guerra porque para mí esto es MALA EDUCACIÓN, con mayúsculas y en negrita.

Es mala educación estar sentado con las piernas abiertas, es mala educación ocupar dos asientos con el bolso, las bolsas de la compra o lo que se os ocurra y no dejar sentarse y lo es no ceder el asiento  a una persona con muletas o a una persona mayor que sabes que al primer frenazo del señor autobusero va a terminar en el suelo. Simple y llanamente mala educación.

Podríamos decir que debido a siglos y siglos de machismo, el hombre lo tiene arraigado en su cabecita y ve su gesto de despatarre como algo normal. Pero como ya he dicho,  he visto a hombres despatarrados ocupando el espacio de otro hombre sin despatarrar, he visto muchos despatarrados juntos y también mujeres despatarradas. Por eso mismo, me parece un poco simple recurrir al “eso lo hace porque es machista”, cuando en realidad es mala educación o incluso, si es de forma puntual, un simple despiste ¿Qué alguno se despatarrará porque se crea mejor que la mujer? Pues seguro. Ya sabemos que gilipollas hay en todas partes.

Como digo, no sé si el gesto es machista o no, yo solo veo la tristeza en que nos tengan que decir que los asientos del trasporte público no es el sofá de tu casa y que hay ciertas normas cívicas que hay que cumplir. Y es triste, porque la mayoría somos mayorcitos y aún así, nos tienen que dibujar monigotes que escenifiquen lo que NO debemos hacer como si fuéramos de párvulo.

Lo de siempre niños, que nos falta sentido común y todo parece indicar que la cosa va a peor.

Sed buenos.

Danae

 

Sologamia

Este palabro no me lo he inventado yo, lo leí en su momento no me acuerdo dónde, y quise escribir sobre ello. Y eso estoy haciendo no sé cuantas semanas después.

Sologamia, dícese de la tendencia a estar soltero y disfrutarlo. Osease que es ser un solterón pero sin connotaciones negativas, por lo que pasa a llamarse soloísta, que mola más. Vamos el no, no tengo pareja y no pasa nada porque yo me quiero mucho a mí mismo de toda la vida. Pero claro “lo normal” de toda la vida ha sido emparejarse y al soltero siempre se le ha visto como un ser que si no quiere tener pareja es un raro y si no la encuentra “es por algo”, de ahí el surgimiento de los soloístas.

Se supone que la sologamia es disfrutar la soledad, amarte mucho, y no amargarse por la situación. Vamos, que si aparece alguien, perfecto y si no, también. Pues sí, claro que es perfecto. Lo que puede suceder es que la invención del concepto en sí pueda ser tomado por muchos como un gesto desesperado por normalizar algo que no lo es. No me miréis así, todos sabemos que muchísimas personas creen que, a cierta edad, “uno” debería haberse convertido en “nosotros”.

Sin embargo, la situación parece que ya va cambiando- que conste que solo digo parece-, pero al mismo tiempo dudo que esté tan normalizada como alguno pretende hacernos creer -sobre todo, dependiendo del lugar en el que vivas-. Es obvio que se ha avanzado mucho, pero también es obvio que la sola idea de pasar la vida con uno mismo y nadie más es algo que, no solo resulta chocante para muchos sino que también provoca pavor en muchos otros.

Hay dos cosas que deberían quedar claras:

  1. Que la soltería ni es buena ni mala, que es una situación más y que solo depende de cómo se tome dicha situación la persona implicada.
  2.  los solteros somos como los emparejados,  tenemos sentimientos y esas cosas, lo que ocurre es que ante determinada gente somos unos bichos raros.

¿Y qué ocurre cuando eres considerado un bicho raro por algo que tú ves como una situación como cualquier otra? Pues que o te es indiferente y sigues con tu vida y le enseñas la mano al susodicho para que le cuente esas opiniones que tan poco te importan, o te reafirmas en tu decisión. Y entre estos últimos, algunos hasta deciden ir un paso más allá y casarse consigo mismo, así con vestido y todo. Sí, señoritos, la situación ha llegado hasta tal punto que algunos deciden “pasar por el altar”.

Casarse con uno mismo. Vaya gilipollez, diréis algunos. Pues puede ser. Personalmente no lo haría,  llevo tantos años conviviendo conmigo misma que ya es como si me conociera de toda la vida y, precisamente por eso, sé que no me gustaría una celebración de este tipo. Pero oye, ¿los demás? ¿Por qué no? Es una excusa como otra cualquiera para montar una fiesta y oye si es para compartir tu amor eterno con quienes te rodean, a pesar de que tu abuela no entienda ni un poco lo que te traes entre manos, pues perfecto. Al fin y al cabo, cada uno puede gastarse su dinero en lo que quiera ¿no? Y siempre que haya barra libre, todos estarán contentos, así que ¿qué mas da?

A mí lo que me inquieta es qué pasará el día en que se encuentre a alguien ¿Formarán un trío? ¿Se divorciará de sí mismo? ¿Se trata de un contrato inviolable y, por tanto, la poligamia estará permitida?  Demasiados vacíos legales que rellenar.

Sed buenos

Danae

Emojis

Siempre pongo emoticonos cuando escribo por Whatsapp. Las palabras no me parecen suficientes, aunque me he dado cuenta que eso sucede porque la mitad de las veces no significan nada. Así que supongo que refuerzo mis palabras con emoticonos a ver si así caen con más peso, porque  son palabras ligeras, vacías, que no se las lleva el viento porque están encerradas en una pantalla.

Whatsapp es un invento maravilloso, los emojis también- yo, personalmente los adoro- pero, como  la mayoría de las los inventos, se nos ha ido de la manos.

He mantenido discusiones y conversaciones serias por esta vía muy a mi pesar y, muy a mi pesar, he continuado con ellas porque no he visto la forma de pararlas sin acabar mal. Tal vez por temor a herir los sentimientos del otro, por miedo a no poder hablar por otra vía…No importa, al final se crean guerras de la nada basada en gilipolleces y malentendidos, más o menos como en la vida real, solo que con caras resoplando y fantasmas sacando la lengua.

Por otro lado, lo serio parece menos serio por Whatsapp. No es lo mismo mandar a la mierda que poner el emoticono de la caca sonriente, no es lo mismo, porque nadie se puede enfadar con una caca que sonríe. Pero eso no quita para que no haya enfados.

El problema real de Whatsapp, en mi caso por lo menos, es que no sé leer. Yo no leo las conversaciones de Whatsapp, las ojeo, de ahí que no me entere de la mitad de lo que se dice, que malinterprete otro tanto y que, al final, solo me quede con un porcentaje ridículamente bajo de todo lo leído.

Me canso porque no entiendo, no digiero, me atraganto con tanta palabra y  encima tengo que dejar de hacer lo que tengo entre manos para leerlo. Mi mente no lo acepta. No acepta el móvil como prolongación de mi mano. Pues no contestes me diréis, porque para hacerlo mal…Ya, el problema real no solo es que el no responder a un mensaje se toma como algo personal sino que soy incapaz de no contestar casi al momento. Al ver esa lucecita parpadeando avisándome de que tengo un mensaje, tengo que leerlo porque no sé dejar un mensaje sin leer. Y de esta manera ocurre lo que me ocurre, que escribo lo que no quiero decir porque o no me he enterado de lo que he leído o no he pensado dos veces.

Así que tenemos un no sé leer, no sé no responder y no sé ignorar a la lucecita que reclama mi atención. Es por ello, queridos niños, por lo que termine dejando el móvil tirado en cualquier parte, porque ojos que no ven luz parpadear, corazón que no siente pena por esos mensajes sin contestar- ni mente que anticipe la cantidad de enfados por parte de aquellos a los que he ignorado-.

Pero la pregunta a todo esto es que viendo el poder de los emojis sobre nosotros -ojo que tienen película propia, cosa que ni tú ni yo tenemos- y de los Gif, y de todo aquello que supla a la palabra o que refuerce aquellas carente de significado…¿Acabaremos hablando emoji en un futuro no demasiado lejano?

Doctor Who doctor who bbc sci-fi the doctor GIF

Ahí lo dejo.

Sed buenos.

Danae

Recortes

Los primeros amores (y los últimos, y los que vendrán y los que viviste entre unos y otros), las salidas con los amigos, las borracheras, las noches en vela hablando de todo, las primeras vacaciones que recuerdas con tu familia, las tardes de cine en casa, las mezclas culinarias imposibles, las discusiones con amigos, las peleas con desconocidos, las series que no te cansas de ver, las películas que te hicieron llorar y reír y mantenerte despierta de puro terror; los libros que devoraste en dos días, los que te fueron infumables, los que te salvaron de los días grises; los fragmentos que memorizas y no compartes con nadie… todo eso es de lo que nos componemos porque, queridos niños, la vida es como la carpeta de un adolescente: está compuesta por recortes de todo lo que nos importa.

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Vik Muniz

Desde la situación más superficial hasta la más profunda, todo pasa por un filtro sentimental, si no nos emociona, no entra en el club. Es así de sencillo. Lo que tienen en común esa pérdida tan dolorosa con aquel maratón de series con tus colegas es el valor que nosotros le damos. No tiene nada que ver lo uno con lo otro, lo uno duele y lo otro nos dibuja una sonrisa y, sin embargo, forman parte del mismo collage.

Recortas, guardas y te emocionas por momentos que otro no entiende, porque ahí está la gracia, son tus recortes de la historia, es TU propio collage, nadie más ha de entenderlo, al fin y al cabo  es tu selección de imágenes.

Vik Muniz (detalle New Car, 2014)

¿Qué me ha llevado a hablar de todo esto? No sabría qué contestaros. Siempre me ha gustado recortar imágenes, mis revistas parecen un queso gruyere, no lo puedo remediar, miro demasiado al pasado aunque no sea el mío y a otra realidad que seguramente nunca viviré. Puede que, simplemente al sentarme frente al ordenador haya visto mi cuaderno con recortes de todo lo que me inspira y me haya dado cuenta de lo importante que es para mí trocear la historia (la propia o la ajena) y quedarme con un trocito solo para mí.

Sed buenos

Danae