Tres años

Misma historia de siempre: vengo a escribir una cosa, y termino hablando de otra. Hoy el culpable ha sido WordPress, que me ha notificado que  hace tres años me convertí en Sintintaenelboli, todo seguido para ahorrar espacio.

Mi primera entrada la escribí el 27 de abril de 2014 con la intención de tener algo propio, algo que fuera mío y en lo que pudiera ejercer algo de control porque mi vida era un auténtico desastre, algo que, por fortuna, ha cambiado.

En el blog escribo sobre temas que soy incapaz de expresar de forma verbal y, además, aporto mi granito de arena en la lucha por romper con los juicios y valores que nos rodean (a todos, sin excepción) y que nos impide ver más allá.

Sintintaenelboli ha evolucionado porque yo lo he hecho. Si leyera algunos de mis textos no estaría del todo de acuerdo, lo cual está bien. Eso es que estoy haciendo un buen trabajo conmigo misma, que no me he quedado atrás. No pienso igual que hace tres años y eso es bueno, porque significa que todo lo que he vivido ha servido para algo. Los días de mierda,  las hostias como panes,  las caídas que te dejan el culo dolorido no han sido en balde, conocer a todo tipo de gente y vivir situaciones que antes no hubiera elegido vivir, me han hecho ver las cosas de otra forma, lo cual me da esperanza.

Don't fall in now.:
Winona Ryder by Ash Kingston

Obviamente, no todo es perfecto, hay cosas que han cambiado y otras que no, pero por lo menos no siguen igual, una situación que me aterra: ver pasar los días y darte cuenta que prácticamente el uno es un calco del anterior.

Tengo que ser franca, aunque nunca tuve la ambición de convertirme en uno de los blog más leídos,  a veces me ha desmotivado el hecho de la poca gente que lo lee. Sí, lo importante es que haya alguien que lo lea, pero si abres un blog no es precisamente para mantenerlo en secreto; por eso cuando las visitas son escasas, desmotiva. Si te topas con alguien que no le importa que le lean porque mientras exista una sola persona que lo haga es suficiente, asiente con la cabeza porque es muy bonito, pero que nadie te engañe:  jode y desmotiva.

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Fotograma: Inocencia Interrumpida

Realizas un “trabajo” con gusto, inviertes tiempo y al final te leen cinco personas, las cosas como son: es un jarro de agua fría. En mi caso, es posible que no ponga mucho de mi parte: no soy nada disciplinada, ni sigo una rutina de publicaciones, puede que el diseño de la página sea un poco pobre, y que los temas de los que hablo a veces sean repetitivos y nunca sigan un hilo conductor coherente. Hablo de todo, a veces a la vez, de forma caótica, con muchas comas -a veces sin ellas- porque no quiero dejarme nada en el tintero, porque todo es importante aunque sea lo más banal del mundo. Pero también porque así soy yo:

una loca que pone muchas comas y pocos puntos y finales, porque los temas pueden durar eternamente.

Soy más de palabra que de imagen, que no actualizo como debiera las redes sociales, que no me mantengo al día, que me limito a publicar y poco más, a veces ni eso. Me limito a contar y es bien cierto que, contar, contamos todos a nuestra manera, pero contamos, aunque sea hasta diez, por eso el cómo es tan importante y tal vez en eso cojee. Prometo trabajar en ello.

Imagen relacionada
Fotograma: Inocencia Interrumpida

No quiero que esto se convierta en una queja de los pocos seguidores que tengo o, más bien, de la poca gente que me lee -hace tiempo me di cuenta que son cosas diferentes-. Vine aquí para escribir, y es lo que llevo haciendo desde hace tres años, con mis altos y mis bajos, con mis gambazos ortográficos en los que caigo cuando tengo la cabeza en otra parte; con mis atascos mentales, mis emociones a flor de piel, con la sensación de querer escribir pero no sacar nada bueno, con falta de inspiración y con exceso de imaginación, con entradas que apenas fueron leídas, con otras que fueron aplaudidas, con me gusta y sin ellos, con palabras escritas con pena, con sudor por estar en agosto, con tropiezos debido a la manta que me envuelve durante los inviernos, con mis neuras, mis frustraciones, mis imperfecciones, mi caos habitual que ya nada tiene de caótico, con mis cervezas frías en las terrazas en busca de algo más que inspiración, con mis cuadernos y papelajos para escribir posibles ideas que no llegan a nada.

Resumiendo: vine a escribir  de todo y a pesar de todo. 

Vine aquí sin saber cuánto tiempo duraría y ya son tres años, durante los cuales las palabras han supuesto mi apoyo más valioso. No sé cuanto tiempo seguiré ni si mis textos continuarán pasando desapercibidos para la gran mayoría, pero son tres años en los que gracias al blog he podido ver mi evolución como persona, me he dado cuenta de muchas cosas que no veía y he visto cómo un solo comentario de un desconocido puede hacer merecer la pena el esfuerzo. Así de simple y complicado, todo a la vez.

Queridos niños que me leéis, gracias. Para qué deciros más.

Sed buenos.

Danae

*Sí, me ha vuelto a dar por Winona Ryder.

Lo que me queda por leer

No tenía pensado escribir nada para el Día del Libro, ya sabéis que yo amo a los libros por encima de todas las cosas así que no veía porqué hacerlo. Sin embargo, -siempre hay uno- y a pesar de que todos esos textos que tengo a medio terminar me miren con mala cara por no ponerles de una vez el maldito punto final -sé que me odian por tanta espera-, he decidido homenajear a ese preciado objeto, porque hoy es su día y creo que se lo merece.

No voy a recomendar ningún libro, porque si seguís mi Instagram sabrán que solo menciono aquellos que, desde mi punto de vista, merecen la pena leer como Croma, Jane Eyre  o cualquiera de los de mi amada Elvira Lindo -entre otros tantos-. Por eso he decidido compartir con vosotros  los que me gustaría leer, no me refiero a aquellos que he ido comprando por diferentes motivos y que se han convertido en los veteranos de lista de pendientes en donde los pobres van cogiendo polvo porque no encuentro el tiempo para leerlos. No, hablo de aquellos en los que realmente pienso y digo Tú serás el siguiente. Es por ellos por los que me animo a leer más de lo que hago y saco huecos en donde antes solo había un Voy a mirar el móvil.  Es por ellos por los que leo mientras espero al autobús, en las salas de espera, mientras espero que venga un amigo…esas esperas las convierto en palabras porque por la noche la (des)concentración y el cansancio me lo impide.

No me quiero liar más, así que allá voy:

M Train

Es Patti Smith, no me hace falta más. Amo a esta mujer, sus canciones, sus poemas, sus libros, la sencillez con la que expresa los sentimientos más profundos. Sí, soy subjetiva, pero es que ella es Patti Smith.

La historia interminable

Algunos os echaréis las manos a la cabeza al leer esto. ¿Cómo? ¿No has leído “La historia interminable”? ¡A la hoguera!  Tenéis toda la razón. Sin embargo tengo una historia que recuerdo con mucho cariño relacionada con este libro. Cuando era pequeña, solía ponerme enferma bastante a menudo y mi falta de sueño -ya apuntaba maneras con el insomnio-  provocaba que me picaran los ojos de forma habitual. Así que con este cóctel explosivo yo, que leía bastante, lo pasaba realmente mal. Vi un libro que tenía una parte escrita con las letras de color granate y la otra mitad del libro en verde y le dije a mi madre que quería leerlo. Ese libro era La historia interminable. Como andaba bastante jodida y no podía leer ni una sola página sin que mis ojos lloraran a mares, me tumbaba con mi madre en su cama y me leía el libro. Poco a poco. Hasta no hace mucho mi recuerdo me hizocreer que me lo leyó al completo, pero el sentido común me advirtió de que eso era bastante improbable. Si lo “leí” o no, lo ignoro solo sé que por las circunstancias, cogí bastante cariño a ese libro. La cuestión es que hace unos días comencé a leer La prisión de la libertad del gran Michael Ende, cuyos cuentos me han acompañado toda mi vida, y he recordado lo mucho que me gustaba el autor. Por todo esto, lo incluyo a la lista a incluirlo en esta lista.

Cómo ser Bill Murray

No está escrito por Bill Murray porque él no necesita escribir nada de eso, fascina tanto que ya lo escriben por él. Así que, al igual que Patti, él es Bill y todo lo que tenga que ver con él me parece bien.

Alicia en el País de las maravillas

Vas leyendo frases por Internet y te dices necesito meterlas en contexto porque dice cosas más que interesantes. Y ya está. Por eso, lo incluyo aquí.

Aquí tengo que añadir Algún día no es un día de la semana y  Tercero sin ascensorLibros pertenecientes a quienes fueron mis compañeras en Weloversize y que sin duda leeré porque, conociendo su estilo y su forma de ver la vida, merece ser leído.

Me dejo muchos libros y autores en el tintero -Virginia Wolf, Agatha Christie ¡No me olvido de vosotras!-, pero voy a dejarlo así, porque si no me agobio y leer no debe producir agobio. Pero tampoco os voy  a mentir, son muchos los libros que me quedan por leer, demasiados diría yo, sumando aquellos que nunca serán leídos por falta de tiempo, ganas o lo que se os ocurra. Ante esto, queridos libros que nunca leeré, quiero decirlos que, aunque no sepa de vuestra existencia, aunque nunca llegue a conoceros, estoy segura de que tendréis un lugar especial en la librería de una de esas millones de personas que tampoco conozco.

Hoy es, sin duda, un día idóneo para brindar por todos esas historias que nos quedan por leer y recordar a aquellos que nos dejaron huella.

Sed buenos.

Danae

 

Una sonrisa

Si sois personas decentes que os mantenéis actualizados de lo que ocurre en el mundo -y no esperáis a que llegue el fin de semana para meteros el atracón informativo- seguro que os suena esta foto.

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La foto ya lleva más o menos una semana pululando por las redes*, cosa lógica y normal teniendo en cuenta que no es habitual ver a una joven sonreír mientras solo hay gritos a su alrededor. Ella es Saffiyah Kahn, una chicuela de 24 años que, hasta donde yo sé, hasta hace nada era, como tú y como yo, una don nadie para los medios de comunicación. Al parecer se metió en el meollo de la manifestación del EDL (partido que viene siendo ultraconservador que te cagas  y racista que tira p’atrás) en Birmingham al ver a una mujer con velo rodeada por más de veinte hombres tras haberles llamado islamófobos.

Os seré sincera, suelo coger con pinzas estas imágenes porque no se sabe lo que hay detrás. Una instantánea dice muchas cosas pero a veces la historia que se refleja en ella no se corresponde con la real. Estas cosas pasan, nos quedamos con la imagen, es normal. Es un recurso potente, es un golpe en toda la cara y refleja una realidad, aunque no siempre sepamos cual es.

Sin embargo, os diré que quiero creer que esta fotografía refleja lo que fue. Admiro a esas personas que consiguen mantener la calma en situaciones como estas. Envuelta en gritos y con la tensión del momento, rodeada de tíos que están como cabras y va ella y sonríe con la misma parsimonia con la que yo espero a que hierva el agua para hacerme un té.

Una sonrisa, niños. Se enfrentó al racismo, a los gritos, a la falta de neuronas  que convierte a los necios en peligrosos con una sonrisa tranquila, de esas que solo me salen a mí cuando me embuto en el pijama y me paso la tarde viendo pelis. Sonriendo y, para mayor admiración, con las manos en los bolsillos.

Como ya digo, hay que tener cuidado con lo que vemos, pero yo me inclino por creer que realmente fue así, sin historias secundarias ni segundas lecturas. Me inclino a hacerlo porque quiero ¡qué narices! Porque vivimos en un mundo tan raro que no hay por donde cogerlo y por eso, cuando aparecen imágenes como estas, las agarramos con fuerza porque en realidad las necesitamos, nos da esperanza ver cómo hay un pedazo de humanidad que merece la pena salvar y vemos a este tipo de personas como héroes porque no todos tenemos las agallas para hacer lo mismo -porque aunque no os lo creáis no es cosa fácil-, ni la calma necesaria para no responder a la violencia con más violencia, porque las injusticias nos pone enfermos y nos sale la vena macarra.

Es admirable y punto. Y hay que creer que no hay nada más que pueda contaminar ese soplo de esperanza.

Hay que creer que una chica con las manos en los bolsillos  y una sonrisa ha hecho jaque mate a la violencia. Una persona normal, vestida normal, con ese moño deshecho, la camiseta de su grupo favorito que, a lo mejor también por eso me atrae tanto, porque esa chica puede ser cualquiera, cualquiera que se moleste en sonreírle a la violencia.

Sed buenos

Danae

 

*http://www.huffingtonpost.es/2017/04/10/la-foto-de-esta-joven-plantando-cara-a-la-extrema-derecha-esta-d_a_22033955/

http://verne.elpais.com/verne/2017/04/10/articulo/1491817023_803533.html

Así de sencillo

Será la primavera, el sol que entra por mi ventana, que ando carente de cariño o que, desde que escribiera la entrada sobre el día de la poesía, ronda por mi cabeza unos versos incompletos -porque siempre fui incapaz de aprenderme ningún poema al completo-.

Versos sencillos, de esos que me gustan a mí. Palabras que forman oraciones sin artificios. Palabras escritas por las que siento envidia porque no las he escrito yo y es que, lo malo que tiene esa sencillez, es que parece fácil de conseguir pero no, no lo es, a ti no se te ha ocurrido juntar las palabras de esa manera así, con tan aparente facilidad, una maravilla para nuestros sentidos pero una patada en el estómago para nuestro ego. No vamos a mentir: nos jode un poquito no haber sido los papás de ese texto (canción, pintura, escultura hecha con cerillas…lo que se os ocurra). Pero no pasa nada, porque nos guste o no,  somos humanos y eso es lo que nos pasa por humanos.

Los versos los recitaba por lo bajo y que mezclaba con otros y con canciones de Patti Smith, así todo muy caótico y sin sentido pero sencillo, muy sencillo. Un caos que envuelve la sensibilidad con cariño. Y en ese caos, recuperé a Benedetti y esa poesía de amor, tan sencilla que parece que la hubiera escrito en la servilleta de un bar y yo, que soy incapaz de escribir poesías y mucho menos de amor, quiero sacarla de mi cabeza para que se airee y podáis leer lo que, para mí, es una declaración de amor sin artificios ni zarandajas, una declaración de esas que alguien deja escrita en una mesa para que la persona a la que se dirige la lea.

Mi táctica es mirarte

aprender cómo sos

quererte como sos

Mi táctica es

hablarte y escucharte

construir con palabras un puente indestructible

Mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo ni sé con qué pretexto

pero quedarme en vos

Mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos

Mi estrategia es

en cambio

más profunda y más simple

Mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni con qué pretexto por fin      me necesites*

Y así de sencillo, Benedetti explica su táctica y estrategia, y nos hace creer que escribió algo complejo con la misma facilidad que tú escribes la lista de la compra y expresó algo tan caótico como es el amor en un sencillo poema, de esos que siempre tienes a mano y que te hace suspirar, porque de lo simple que es te llega a lo más profundo. Y al final sin saber cómo ni con qué pretexto, necesitas tenerlo cerca y leerlo más a menudo. Así de sencillo.

Sed buenos

Danae

*Obviamente los versos no están  colocados como deben, pero espero que no se pierda la esencia.

Artículos, buzones y nostalgia

Escribo hoy, domingo, arropada por mi taza de proporciones exageradas llena de café y mi tostada de aguacate. Escribo un poco a última hora -como siempre- con el objetivo de publicar lo que tenía entre manos antes de la hora de comer pero, como siempre también, se ha cruzado por el camino un artículo que aún no he terminado de leer pero del que quiero hablar a pesar de no haber alcanzado el punto y final.

Abro la revista Jotdown Smart y me encuentro con un Querido buzón y yo voy y lo leo, porque siempre me gustaron las cartas que comenzaron de esta forma.  Y ya en la tercera línea me dice su autora que

…entre todos  los hemos ido matando  de la forma más lenta y, por tanto, cruel: por indiferencia.

Y yo me pongo triste, pero también me enfado. Cómo me jode que la gente tenga razón en cosas de este estilo. Los buzones siempre han estado ahí, forman parte del paisaje urbano, son pegotes amarillos que destacan entre el gris de las aceras y las carreteras. Y me jode leer cosas así, primero porque me da pena que ya no escribamos cartas, que todo se reduzca a emails que son más sencillos, que no tienes que salir de casa cuando hace frío ni custodiar el sobre bajo el abrigo para que no se moje porque sí, siempre echabas la carta en el peor día. Y segundo, porque me da miedo pensar que puedan desaparecer y, aunque no soy de esas personas que piensan que cualquier pasado fue mejor, sí que pienso que no deberíamos dejar que se perdiera todo aquello que formó parte de nuestra vida.

Y es que no solo de cartas viven los buzones ¿Qué pasa con las postales? Tardabas siglos en escoger una y tenías que pensar muy bien qué escribirías porque, queridos niños, las postales eran el Twitter del siglo XX cuando aún no sabíamos que era eso de las redes sociales ¡qué esfuerzo nos suponía resumir nuestras vacaciones en cuatro líneas!

No os voy a mentir, yo soy de nostalgia fácil y un artículo de este tipo me entristece porque es como si me recordaran que nos estamos deshumanizando. ¿Por qué? ¿Por qué ignoramos a los buzones? ¿Por qué preferimos escuchar música en el móvil o en el iPod que en el walkman o Discman? ¿Por qué es mejor el ordenador que la máquina de escribir o el combo boli y folio? ¿Por qué hemos permitido que el móvil margine a las cabinas teléfonicas? Así podría estar ad eternum. No pretendo parar el progreso tecnológico -aunque lo cojo con pinzas que yo soy muy de pensar en que, tarde o temprano, la revolución de las máquinas ocurrirá- ni creo que sea algo negativo, todo lo contrario,  apoyo todo lo que sirva para mejorar la calidad de vida, pero la tristeza que me envuelve cuando veo que todo con lo que he crecido se está yendo al mundo de los juguetes rotos, es mayor que cualquier avance.

Asimismo, si me jode este tipo de artículos es porque yo estoy dentro de eso que tan poco me gusta, yo ya no envío cartas y hace siglos que no mando ni una postal, tampoco utilizo las cabinas telefónicas y, por mucho que les haga ojitos al pasar, eso no las salvarán del destierro. Pero no quiero que desaparezcan, tal vez debería empezar de nuevo a escribir cartas para alegrar nuestros buzones, tan tristes y deprimidos y tan llenos de facturas y publicidad de locales de comida rápida. No me gusta la idea de “lo que no se usa, muere”, sé que “solo” son cosas pero son cosas que han formado parte de nuestro estilo de vida.

Ya os he advertido que soy de nostalgia fácil y estas cosas me hacen pensar mucho y también me ponen de un tontorrón difícil de entender, pero siempre he creído en esa idea utópica de una convivencia en el que hay sitio para todo (y todos), que para que algo (alguien) entre no hace falta que nada ni nadie se marche.

Sed buenos.

Danae

 

Poesía eres tú

El 21 de marzo fue el Día Internacional de la Poesía -sí, otra vez llego tarde-, así que dediqué un rato libre a echar un vistazo  rápido a las alusiones que se hicieron sobre ello en redes sociales y, a pesar de que, por norma general, me muestro bastante indiferente hacia los “días de…”, en esta ocasión me ha servido para replantearme mi relación más que intermitente con la poesía.

A mí me pasa una cosa bastante curiosa con ella: me atrae bastante (según cuál, claro está, que no toda es igual), pero apenas la leo. En la estantería puedo ver a Pablo Neruda y Benedetti, o a esa generación del 29 que nos hicieron leer en el colegio con la amenaza de si no lo leéis, no aprobaréis –ya sabéis lo que opino sobre esto-, al igual que observo con ojitos a ese ejemplar antiguo con todas las obras de Bécquer pero, exceptuando algunos poemas que han caído en mis manos a lo largo de los últimos años, mi repertorio no ha variado mucho. Esto ha hecho que piense en el mal merecido segundo plano en el que suele situarse este género, entre otros motivos, por culpa de gente como yo, que se ciñe a lo que sabe y le cuesta investigar nuevos horizontes. Sea el motivo que sea, solo puedo decir ¡Danae Mala!

A pesar de no haber sido mi acompañante habitual, la tengo en alta estima. Es como ese amigo que ves muy poco pero con el que conectas cada vez que le ves. Te cae bien, le caes bien y habláis de nada y todo. No se necesita más.

La poesía es especial y ese detalle lo descubrí siendo bien cría y no,  no me refiero a esos versos simplones que escribía de niña y que gozaban de la misma intensidad que una patata cocida o de aquellas rimas fáciles sacadas del “muro” de la Super Pop -sabéis de lo que hablo ¿verdad?- que te llenaban el alma de pura melodía con sus Naranjas, naranjas, limones, limones, yo tengo un amigo que vale millones; o esas palabras llenas de cariño que te escribían tus compañeras en tu carpeta forrada con fotos de los BackStreet Boys Con cariño y pitorreo esta esquina te estropeo. No,no me refiero a eso.

No me costó averiguar la importancia de la poesía porque está en todas partes. Todo inspira, está ahí, solo tienes que verlo. Y es que la poesía, como decía Bécquer, eres tú (y todo lo que te rodea).

Poesía son esas líneas de expresión que se forman cuando sonríes, ese entrecejo marcado, esas canas que se vuelven aún más claras con la luz del sol, esos andares desacompasados, esa seriedad permanente en el rostro, ese coraje del que no se rinde, esa sonrisa tímida, ese pelo alborotado, esas marcas de la almohada que hacen intuir que te has despertado hace poco, esa lágrima que quiere salir pero que es demasiado tímida para dar el paso…todo eso es poesía y toda esa poesía, ERES TÚ.

Cada cosa que nos rodea son poemas sin letras que vagan por el aire esperando a que alguien les dé forma, poemas que no todo el mundo ve por estar absortos en su móvil o porque tienen prisa y no tienen tiempo de fijarse en nada o simplemente, porque resulta tan normal, tan cotidiano que no lo considera importante.

Tal vez porque estoy obsesionada con que lo realmente importante se encuentra en lo más sencillo, -¡anda que nuestro café de la mañana no merece un soneto!- es por lo que creo que la poesía merece siempre estar presentes en nuestras vidas, porque siempre hay una que convierte lo normal en extraordinario y eso no podemos perderlo.

No hay que esperar amores que tal vez nunca lleguen, ni entonar sonetos imposibles que no entendemos, ni siquiera hemos de leer a esos clásicos solo porque hay que leerlos, si no lo sentimos, no veremos la poesía por ninguna parte.  Y es que en cualquier arte siempre hay un libro (canción, película, poema, cuadro…lo que se os ocurra) que nos estará esperando -mis disculpas si parezco un poco Paulo Coelho-, que lleve nuestro nombre, solo hay que buscar un poco. No sirve de nada leer poesía sin comprender, es como ver una película en coreano solo porque nos han dicho que es la leche, eso es perder el tiempo.

Solo un libro, solo un puñado de versos, no hace falta más, pero agárralos con fuerza para que no se te escapen.

Es muy posible que si no hubiera sido porque de niña leí una y otra vez ese pequeño tomo con las obras de Bécquer, yo no estaría escribiendo estas palabras cariñosas a la poesía. Y, del mismo modo,tampoco estaría escribiendo esta entrada si hubiera leído todos esos poemas que no entendía y que seguramente hubieran conseguido que la detestara.

Yo leo poca poesía, demasiado poca y eso no me enorgullece, pero también os digo que la poca que cae en mis manos no se me escapa: me emociona cada vez que la leo, me erizan los pelos de los brazos y me hacen suspirar. No perdáis la oportunidad de experimentar todo eso.

Sed buenos

Danae

La gente es un problema

A veces me preguntan si creo en vida extraterrestre. La respuesta siempre es un rotundo SÍ. Me niego a creer que somos lo más inteligente que ha parido el Universo.  Ya sabéis que mi opinión acerca de la humanidad no es muy buena, aún hay esperanza, claro, pero porque la esperanza es lo último que se pierde.

El caso es que yo, que tengo una imaginación portentosa, me he preguntado qué pensarían los que andan por ahí arriba al ver cómo estamos matando al mundo poco a poco y de paso, a todo lo que vive en él. Porque yo no creo en bichos verdes, ni con tentáculos ni en platillos volantes, de hecho, como en los sueños, no suelo ponerles cara. No lo sé, tampoco es algo que me preocupe, la verdad.

El caso es que me importa muy poco la apariencia de esas criaturas, porque mirad que somos superficiales que hasta nos fijamos en el físico de seres que no conocemos. Lo que realmente deberíamos hacer es dejar de ponernos en evidencia, que se van a creer que somos tontos si es que no lo piensan ya. Que vale que no nos importe las opiniones ajenas, pero es que esto ya es mala imagen. Que ellos, los extranjeros, observan cómo investigadores estudian el Universo porque dicen que la Tierra se terminará yendo al carajo dentro de no sé cuantos cientos de miles de años y tenemos que ir buscando otro hogar; cuando todos sabemos que se están dando prisa porque tenemos el don de joderlo todo lo más rápido posible y el tiempo se acaba. Resumiendo, que como nuestra casa está hecha un asco, antes que limpiarla y organizarla, preferimos comprarnos otra que es más fácil.

No tengo ni idea de qué tengo yo en la cabeza para ponerme a pensar en extraterrestres, puede que con todo lo que pasa en el mundo a una se le vaya la pinza y empiece a pensar en la reputación de la humanidad que, a estas alturas, ya debe de estar a la altura del betún. Aunque supongo que el detonante de todo este pensamiento haya sido toparme con un fragmento que tenía por ahí apuntado del libro El restaurante del fin del mundo-la segunda parte de La guía del autoestopista galáctico- y me haya quedado atontada al ver cómo un solo fragmento resume de una forma sencilla lo que lleva pasando desde hace siglos.

Es un hecho bien conocido que las personas que más deseos tienen de gobernar a la gente son, ipso facto, las menos adecuadas para ello. Abreviemos el resumen: a cualquiera que sea capaz de nombrarse presidente a sí mismo, no debería permitírsele en modo alguno realizar dicha tarea.

Abreviemos el resumen del resumen: la gente es un problema

La gente, o sea nosotros, es un problema y tampoco veo que la cosa vaya a mejorar pero, como ya he dicho, la esperanza es lo último que se pierde y yo de eso tengo mucho.

Sed buenos.

Danae